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lunes, 31 de agosto de 2015

El tributo

El Tributo

Hoy me he acordado una vez más (lo hago con frecuencia) de mi abuelo Marcos, un hombre del campo y, sin embargo, cultísimo. Y no digo que las personas que se dedican a la agricultura no sean cultas, no, nada más lejos de mi intención, pero no es la norma, como mi experiencia me ha demostrado al tratar con muchísimos de ellos que por estas tierras jiennenses abundan mucho los agricultores.
 
Pero a mi abuelo Marcos le gustaba leer, y toda esa sabiduría, toda esa cultura que tenía la encontró en sus libros. En sus muchísimos libros. 
 
Él fue el que me inculcó mi afición por la astronomía, y lo hizo durante aquellas noches de verano cuando me quedaba a dormir con él en la pequeña “choza” que construía como refugio para guardar su campo de melones y evitar que se los robaran; y  juntos mirábamos la magnificencia del misterioso y bello cielo estrellado mientras mi abuelo me descubría los nombres de las constelaciones, de las estrellas y de los planetas.
 
De él también me viene mi afición por la lectura. Aunque yo era bastante pequeño, me acuerdo de ver a mi abuelo Marcos leerle en voz alta, con suave y cálida entonación, a mi madre, a mis tías, a alguna vecina… Guerra y Paz, Los miserables, El Conde de Montecristo… En las frías tardes del largo invierno o tal vez en las cálidas noches del verano.
 
Me hubiera gustado compartir con él muchos más secretos, pero las circunstancias hicieron que viviéramos en pueblos separados desde mi etapa infantil y no siempre era posible estar junto a él. Lo veía de cuando en cuando, pero no con la asiduidad que me hubiera gustado. 
 
Recuerdo que en una de mis charlas con él, me comentaba que por el hecho de nacer debíamos pagar un tributo y este no era otro que la muerte, ese era el tributo que nos exigía la vida… ¡La muerte! Sabias palabras, porque todos y cada uno de nosotros tendremos, tarde o temprano, que pagar ese tributo. Parece una reflexión de “Perogrullo” y sin embargo no lo es. Al menos a mí no me parece que lo sea.
 
Bueno, como homenaje a mi querido abuelo Marcos, aquí os dejo un poema que escribí hace algún tiempo y que es, en parte, alegórico a aquellas reflexiones de mi abuelo. Lo titulé “El Tributo”. Es este:
 
 
Una casa en las afueras
de un pueblecito andaluz,
estrechas calles y aceras
entre la sombra y la luz.
 
Sentado junto a la puerta
en las tardes de verano,
una mirada incierta
y su bastón en la mano.
 
Manos por los años arrugadas,
tranquilo gesto y sereno,
las mangas arremangadas
de su camisa de invierno.
 
Solo con sus soledades
pensaba pasada gloria,
en su vida de verdades
rebuscando en su memoria.
 
El abuelo en un escaño
de vez en vez se sentaba,
del viejo parque el escaño
el único que quedaba.
 
Desde allí mira la gente
con su vivencia azarosa
y pasaba por su mente…
"¡en mis tiempos era otra cosa!"
 
En los días de invernada
se arrebujaba en la lumbre,
una historia relataba
como era su costumbre.
 
Así la vida pasaba
lleno de monotonías,
su existencia se apagaba
quemando sus energías.
 
El abuelo meditaba...:
"¡nadie en el mundo es eterno!"
y una esperanza abrigaba:
"¡con suerte paso este invierno!"
 
"El tributo de nacer
todos hemos de pagar,
llegamos a la vejez
la muerte viene detrás".
 
Era frase del abuelo;
cierto día se marchó,
ahora estará en el cielo,
su tributo ya pagó.
 
Marco Atilio








































































lunes, 17 de agosto de 2015

Algunas pinceladas sobre mí

Sobre mí

Esta entrada es una sugerencia de un amigo que me preguntaba por qué no hacía un post contando algo sobre mí. Así, la gente que visitara el blog, sabría quién hay detrás de todas las historias que lo contienen.
 
Aunque en Yumys Galaxy hay una pestaña titulada “Sobre mí” y al pulsar con el ratón sobre ella tenéis algunos datos sobre el autor del blog, según mi amigo son datos muy escasos y la gente agradecería algunas explicaciones más amplias referentes a mi humilde persona.
 
Bueno, pues le voy a hacer caso a mi amigo y, con la mirada crítica de Isabel y de uno de mis hijos, voy a intentar desgranaros brevemente quién es y qué piensa el autor de Yumys Galaxy.
 
A riesgo de parecer redundante, ya que en muchas de mis entradas podréis obtener información sobre mi visión de la vida y de la sociedad en que me muevo, aquí os dejo un retrato breve sobre mí compendiado en una misma entrada:
 
**********
Me llamo Marco Atilio, ¡uy no! Perdonad el lapsus. Me llamo Francisco y soy una persona corriente, una persona nada especial, de las que hay muchas por ahí. Esto es una verdad que no puedo negar lo cual no quita para que tenga una gran autoestima como me inculcara mi padre, que una cosa no quita la otra.
 
Soy una persona rica en los tesoros más sencillos, humilde, autodidacta y muy amiga de sus amigos.
 
Me irritan profundamente el cinismo, la envidia, la injusticia y la hipocresía de algunas gentes, no soy capaz de soportar estas manifestaciones de las miserias humanas.
 
Tengo un gran sentido de la moral, no sería capaz de hacer cosas que atenten contra mi escala de valores como robar, engañar a nadie, aprovecharme del esfuerzo de otros. En este sentido creo ser una persona bastante íntegra y con un gran sentido de la justicia. Valores todos ellos que he intentado inculcar a mis hijos y educarlos para que respeten a los demás y sobre todo para que sean honestos y amantes de la justicia y las buenas formas.
 
Me esfuerzo cada día por hacer felices a todos los que me rodean, esto es algo bonito por lo que luchar y una meta que conseguir en la vida. Porque no es lo mismo que te recuerden maldiciéndote que con una sonrisa en los labios.
 
Pienso que la vida es mucho más de lo que vemos, por eso creo firmemente en la reencarnación. Y creo que en este mundo estamos solo y exclusivamente para evolucionar y hasta que no alcancemos un grado superior en nuestra evolución seguiremos reencarnándonos cuantas veces sea necesario. Y que según nuestro comportamiento terrenal, evolucionaremos hasta un estrato superior o por el contrario involucionaremos hasta un estrato inferior en nuestra próxima reencarnación.
 
La familia para mí es muy importante, por eso valoro mucho las buenísimas relaciones que imperan en la mía. Tanto con mis padres a los que adoro, como con mis hermanas, con mis sobrinos, con mis cuñados, con todos ellos me une una relación muy especial, de amor, comprensión y respeto. Ellos me hacen feliz y sé que los tengo a mi lado siempre que los necesite.
 
Tengo la gran suerte de compartir mi vida con una persona admirable, dulce, tolerante y comprensiva de la que me enamoro todos los días. Fruto del amor entre Isabel y yo, la vida nos regaló dos hijos maravillosos que hacen que mi vida tenga sentido cada vez que nace un nuevo día.
 
Siempre me ha interesado mucho el mundo de la cultura por el cual he navegado a través de diversos medios tanto audiovisuales como escritos.
 
Cultivo prácticamente todas las ciencias y las artes ya que mi curiosidad, mi afán por aprender y adquirir conocimientos no tiene límites. Es por eso que una de mis aficiones favoritas es leer, porque pienso que en los libros se encuentra la sabiduría y el crecimiento personal. A lo largo de mi vida he leído muchos libros, muchos, pero muchos muchos. Libros que me han proporcionado una aceptable cultura a la par que me han hecho disfrutar de momentos inolvidables mientras los leía.
 
Y también me gusta escribir, plasmar sobre un papel mis emociones personales, mis opiniones y mis inquietudes es algo que vengo haciendo desde que era prácticamente un niño. A lo largo de los años y con el conocimiento adquirido a través de la lectura he ido perfeccionando mi estilo de escribir. Creo que no lo hago mal del todo, y no es que yo lo diga, lo dicen muchas personas que siguen mi blog asiduamente, a lo mejor hasta tienen razón. Algún día publicaré un libro…, luego…, algún día.
 
Por último decir que una de mis mayores ilusiones y que, por diversas circunstancias no he podido conseguir, ha sido la de haber estudiado una carrera universitaria. Me hubiera gustado muchísimo ser Licenciado en Filosofía y Letras, en Derecho, en Psicología, en Historia, creo que hubiera encajado bien en cualquiera de esas profesiones. Lamentablemente el transcurrir de la vida no me lo permitió. Una pena.
 
Marco Atilio

domingo, 2 de agosto de 2015

Malo malísimo

Traidor Tsipras

En materias de política me considero un librepensador, ni estoy afiliado a ningún partido político en concreto ni tengo ninguna idea preconcebida. Miro las cosas con capacidad crítica y, por supuesto, no pertenezco a la gran masa borrega. En un post anterior podéis conocer mi pensamiento en este tipo de asuntos. Dicho esto me gustaría compartir con vosotros alguna que otra reflexión sociopolítica.
 
Parece ser que aquellos que piensan que las cosas en política y en economía se pueden hacer de otra forma, no tienen cabida en esta Unión Europea de la señora Merkel. Se ha demostrado con las durísimas condiciones (una especie de venganza ante el pulso que los dirigentes del gobierno de Syriza habían echado a la Unión Europea) que se les han impuesto a los griegos a cambio de permanecer en la moneda única. La lástima de todo ello es que el primer ministro griego Alexis Tsipras haya traicionado el ideario con el que concurrió a las elecciones griegas de enero de 2015, en donde prometía a sus electores acabar con la austeridad que tanto daño había hecho a la sociedad griega más desfavorecida, aceptando esas duras condiciones y claudicando ante la señora Merkel, verdadera dueña de los destinos de la Unión Europea.
 
El señor Tsipras, no solo ha traicionado su ideario político, sino también a más del 60 por 100 de la población que votó no a las medidas de austeridad que se les exigían desde la Unión Europea en el referéndum que el mismo Tsipras convocó, recomendando por cierto, votar NO a tales medidas.
 
Desde los círculos más conservadores, se tiende a demonizar a partidos que se rebelan contra la austeridad, contra las políticas antisociales y contra la desigualdad que esta maldita crisis ha acentuado hasta extremos insospechados, sobre todo en los países del sur de Europa como Grecia, Italia, Portugal y, por supuesto España.
 
A esos partidos los tachan de populistas, de no tener ni idea de economía ni de cómo funciona la economía y de que las medidas que proponen no pueden ponerse en práctica porque no hay dinero para llevarlas a cabo. Los medios de comunicación conservadores no pierden oportunidad para criticar tales partidos y tachan a sus dirigentes de visionarios, de ir en contra del sistema y de querer dilapidar la “recuperación económica” que las medidas de austeridad está consiguiendo… para unos pocos (añado). 
 
Para los sectores más conservadores, esos partidos y sus dirigentes son los malos malísimos y ponen en práctica el discurso del miedo, proclamando que si se vota esas tendencias esto será el caos más absoluto.
 
Ante todo eso tengo que decir que si de lo que se trata es de luchar contra la desigualdad, contra las injusticias… Si de lo que se trata es de crear un mundo más solidario, en donde las rentas sean mucho más equitativas… Si de lo que se trata es de acabar con un modelo de sociedad en donde unos pocos lo tengan todo mientras otros muchos se desangran a chorros, entonces prefiero ser malo malísimo.
 
Quien diga que no se conmueve ante el sufrimiento de los demás es que no tiene corazón. Hay que ponerse en el lugar de los que esta maldita crisis ha dejado desamparados y sin recursos, solo entonces comprenderíamos que cuando no se tiene futuro ni esperanza y te estás ahogando en un río de miseria, te agarras al brazo de quien intenta sacarte de las turbias aguas de la desesperación.
 
Lo que hay que tener es más empatía con las personas y dejar de lado tanta hipocresía.
 
La intolerancia es el veneno que no nos permite crecer. Hay que desterrarla y pensar que no siempre es malo lo distinto, sobre todo si no permitimos ninguna oportunidad a lo diferente. Hay que juzgar a hechos consumados no a hipotéticos males, la mayoría probablemente infundados.
 
Ojalá y dentro de esos partidos “populistas”, haya gente que no se deje amedrentar por los poderes económicos que rigen los destinos de la Unión Europea, y lleve sus ideas de cambio y de una Europa mejor hasta el fin, no traicionando los principios con los que esos partidos políticos nacieron.
 
Ojalá no haya muchos Alexis Tsipras, de lo contrario todo este desatino en que se ha convertido la Eurozona y su política (con Alemania a la cabeza) de beneficiar al capital en detrimento del bienestar de las personas, no tendrá arreglo posible.
 
Marco Atilio











martes, 14 de julio de 2015

¡Atención!

Atención
Queridos seguidores y visitantes de Yumys Galaxy. Habéis podido comprobar que muchas de las imágenes contenidas en el blog y que ilustraban las diversas entradas del mismo han desaparecido. La razón la desconozco por ahora, pero es muy posible que se deba a que he estado “trasteando” en mis álbumes de Picasa que es el sitio en donde se alojan dichas imágenes. He cambiado el nombre a algunos álbumes y por lo visto he cambiado la URL de muchas de ellas. Creo que esa haya sido la razón de este desaguisado. Menos mal que todas las entradas no se han visto afectadas y que por suerte guardo una copia de ellas en mi ordenador.

En los próximos días intentaré arreglar el estropicio. Probablemente me lleve algún tiempo conseguirlo, un tiempo del que algunas veces se carece. Pero en fin, con un poco de paciencia espero lograrlo pronto.
 
Os pido que seáis benevolentes con este error de principiante que, como ya os he dicho, intentaré arreglar lo antes posible.
 
Gracias y saludos para todos.
 
Marco Atilio



domingo, 21 de junio de 2015

Camino equivocado

 droga 2
Hace unos días me crucé con los padres, ya muy viejitos, de un amigo que tuve allá por mis años adolescentes. Crucé algunas palabras con ellos y recordamos juntos un terrible episodio que marcó para siempre la vida de aquellos dos ancianos.
 
Mi amigo Cabrera… ¡Dios mío!, ni siquiera recuerdo su nombre… Paco, sí, Paco Cabrera, ese era su nombre, aunque yo siempre lo llamaba por su apellido. Un querido e íntimo amigo que cayó en las redes de la cocaína. Un muchacho que lo tenía todo. Sus padres eran vaqueros y poseían algunas tierras, así que económicamente no padecían necesidades en absoluto. Mi amigo salía con una chavalita de 16 años preciosa, con la que todavía me relaciono. Él estudiaba arquitectura con muy buenas notas... en fin, un buen tío, agradable, alegre y dicharachero.
 
Todo lo perdió por culpa de su flirteo con la droga a la que no supo decirle no. Yo sí que supe porque también podía haber tomado ese camino que me ofrecieron del mismo modo y en las mismas circunstancias que a él. Y debo decir y así me consta, que sus padres eran y son personas honradas, honestas y con buenos valores que supongo trasladarían a mi amigo. ¿Por qué Cabrera eligió el camino equivocado? Quién sabe. Probablemente fuera por su poco acertado juicio a la hora de analizar el peligro, o porque quizá no tuviera una personalidad emocional lo bastante fuerte… Lo cierto es que perdí a mi amigo y lo más triste es que pude ver su progresivo deterioro físico y mental hasta su muerte acaecida a los 29 años por una sobredosis.
 
Cuando somos jóvenes somos irresponsables e irreflexivos. Los peligros en los que te puedes zambullir están tan cerca que hace falta tener las cosas muy claras y unos valores bien definidos para cruzar indemne esos mares tormentosos.
 
Las causas de por qué se toman esas equivocadas decisiones en la vida deben ser bastante complejas. Supongo que una de ellas es que no todos tenemos la misma capacidad emocional para saber lo que nos conviene en cada caso, aunque hayamos recibido la misma educación.
 
En fin, la psique humana resulta complicada y enrevesada, ahí quizá esté la respuesta.
 
De cualquier manera lo que le pasó a mi amigo Paco Cabrera es la cruda realidad de un problema que padecen muchas personas y muchas familias para su desgracia.
 
Ahora solo me queda el recuerdo de mi amigo, de su sonrisa y de su humor. Su buena estrella se apagó el día en que eligió el camino equivocado sumergiéndose en un mundo tenebroso y oscuro del que no consiguió salir.
 
Aunque me esfuerzo en recordarla, su imagen viene a mi memoria distorsionada y neblinosa por la losa que supone el paso de los muchos años. Ni siquiera tengo una fotografía de él.
 
En fin querido Cabrera, querido Paco Cabrera. Descansa en paz allá donde quiera que te encuentres.
 
Descansa en paz… querido amigo.

Marco Atilio

domingo, 14 de junio de 2015

El pescador y el pez dorado

Pescador
Hace unos días, un anestesista del hospital en donde trabajo, rauf Khaliulin, compañero y amigo a la vez que buen profesional y buena persona, me contó un cuento que yo no había oído nunca y que dijo pertenecía al folclore popular ruso, rauf es de Rusia como habréis podido adivinar por el nombre.
 
Este cuento lo tituló rauf el pescador y el barreño roto o el cubo roto, no recuerdo bien. La verdad es que me gustó el cuento, a cuya lectura y conclusión se le puede aplicar un conocido refrán español, aquel que dice: “La avaricia rompe el saco”. Pensé que podía publicarlo en el blog e indagué sobre él en Internet:
 
Resulta que el dicho cuento efectivamente, es un cuento popular ruso, típico de la tradición oral eslava y que recogieron de manera escrita diversos autores rusos como Aleksandr N. Afanásiev o Aleksandr S. Pushkin. Como también lo hicieron en Centroeuropa los famosísimos Hermanos Grimm, por ejemplo.
 
En realidad el cuento se titula “El pescador y el pez dorado” y la versión que sigue a continuación es la que hizo el poeta, novelista y dramaturgo ruso Aleksandr Serguéyevich Pushkin. El cuento es el siguiente:

miércoles, 27 de mayo de 2015

La ceremonia de la siesta



Siempre he sido una persona a la que le gusta trasnochar. Así ha sido desde siempre y así continúa siendo, incluso sabiendo que al día siguiente el despertador no perdona.

No es raro que den las dos o las dos y media de la madrugada antes de irme a la cama. ¿Y qué hago despierto hasta tan tarde? Habitualmente leo, escribo, veo una película, navego por internet… Al día siguiente, a las seis y media de la mañana, ya estoy en pie para irme a trabajar. Lógicamente, todos los días necesito dormir la siesta. Unas dos horas, por lo general.

Con el paso de los años, la siesta se ha convertido para mí en un auténtico rito. Una ceremonia que se repite de la misma forma, día tras día.

Salgo del hospital a las tres de la tarde, así que normalmente llego a casa sobre las tres y veinte, poco más o menos. Hay que tener en cuenta que el hospital en el que trabajo se encuentra en la vecina ciudad de Úbeda, a unos nueve kilómetros de Baeza.

Cuando llego a casa, Isabel me está esperando para comer. Habitualmente lo hacemos en la cocina y, mientras comemos, solemos ver el final de las noticias y el programa diario Saber y Ganar, que se emite en La 2 de TVE.

Una vez hemos terminado, me dirijo al salón. Enciendo la televisión, bajo la persiana hasta dejar la habitación sumida en una suave penumbra y me tiendo en mi sillón reclinable. Cojo el mando a distancia y comienzo a hacer zapping. No pasa mucho tiempo antes de que los párpados empiecen a pesar. Los ojos se cierran y, aunque intento mantenerlos abiertos, la batalla está perdida. De pronto me invade un dulce sopor. Me abandono a Morfeo casi sin quererlo y, en un abrir y cerrar de ojos —nunca mejor dicho—, me zambullo en el irreal y mágico mundo de los sueños.

Aunque pueda resultar sorprendente, es muy habitual que el sueño me venza con el mando a distancia aún apuntando a la televisión y, quizá, a una página del teletexto que se quedó sin leer. Súbitamente comienzo a roncar —al menos eso dicen mi mujer y mis hijos—, que, por otra parte, siempre han sido muy respetuosos con mi momento de siesta. Saben que necesito ese par de horas para recuperar energías y poder volver a ser persona.

Es increíble la facilidad que tengo para conciliar el sueño a esa hora del día. Basta con reclinarme en el sillón para que, en apenas dos minutos, ya esté dormido. Sí, resulta sorprendente… incluso para mí.

En cualquier caso, bendita siesta: una costumbre humilde, silenciosa, casi invisible, pero necesaria. Un pequeño paréntesis diario en el que uno se reconcilia consigo mismo. Porque, al fin y al cabo, no siempre necesitamos grandes sueños; a veces basta con cerrar los ojos.

lunes, 18 de mayo de 2015

Los pasteles y la muela

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Lo que sigue a continuación es un cuento recogido en el siglo XVI por Juan de Timoneda en una obra titulada “Sobremesa y alivio de caminantes”, (Cuento XXII) el cuento se llama “Los pasteles y la muela” y encierra una gran verdad: “Nunca hay que guiarse por las apariencias”. Aquí está el cuento:

Un rústico, deseoso de ver al rey, pensando que era más que hombre, despidióse de su amo pidiéndole su soldada. Yendo a la corte, con el largo camino, acabáronsele los dineros. Allegado a la corte y visto el rey, viendo que era hombre como él, dijo:

- ¡Oh, que por ver a un hombre he gastado todo lo que tenía, que no me queda sino medio real en mi poder!

Y del enojo que tomó, le empezó a doler una muela, y con la pasión del hambre que le aquejaba no sabía qué remedio se tomase, porque decía:

- Si yo me saco la muela, y doy este medio real, quedaré muerto de hambre; si me como el medio real, dolerme ha la muela.

Con esta contienda arrimóse a la tabla de un pastelero por írsele los ojos tras los pasteles que sacaba. Y acaso vinieron a pasar por allí dos estudiantes, y como le vieron tan embebecido en los pasteles, por burlarse de él, dijéronle:

- Villano, ¿qué tantos pasteles te atreverías a comer de una sentada?

- Perdiez, que me comiera quinientos.

Dijeron:

- ¡Quinientos! Líbrenos Dios, del diablo.

Replicó:

- ¡De todo se espantan vuesas mercedes!

Ellos que no, y él que sí, dijeron:

- ¿Qué apostaréis?

- ¿Qué, señores? Que si no me los comiese, que me saquéis esta primera muela –y señaló la que le dolía.

Contento, el villano empezó a comer pasteles y a saciar el hambre y ya que estuvo harto, paró  y dijo:

- Lo siento por mí señores, confieso que ya no puedo más, he perdido.

Los otros, muy regocijados y chacoteando, llamaron a un barbero (en aquella época también ejercía de sacamuelas)  y se la sacaron, aunque el villano hacía grandes aspavientos, y por más burlarse de él decían:

- ¿Habéis visto este necio villano que por hartarse de pasteles se dejó sacar una muela?

Respondió él:

- Mayor necedad es la vuestra, que me habéis quitado el hambre y sacado una muela que toda esta mañana me dolía.

En oír esto, los que estaban presentes se rieron grandemente de la burla que el villano les había hecho, y los estudiantes pagaron, y de  afrentados volvieron las espaldas y se fueron.

miércoles, 6 de mayo de 2015

David

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Hace mucho tiempo de aquello, más de veinte años. Mi hijo pequeño tenía poco más de dos. Era una maravillosa mañana de primavera; el sol lucía espléndido. Serían las diez cuando decidí disfrutar de mi pequeño David jugando con él a la pelota en el patio trasero de mi casa.

Recuerdo que, al salir al patio y levantar la vista al cielo, reparé en dos jilgueros posados sobre la antena de televisión. Me agaché, intentando hacer el menor ruido posible y, cogiendo a David, le indiqué la presencia de los pajarillos al tiempo que me llevaba el dedo a los labios, animándole a que guardara silencio. Él levantó la mano y señaló con su dedo índice hacia los dos gorriones, que casi de inmediato levantaron el vuelo, dejando en mi hijo una cara de sorpresa difícilmente imaginable.

Su expresión de asombro ante la súbita espantada de los pajarillos fue todo un poema y, aunque ha pasado mucho tiempo, todavía recuerdo aquella escena y las emociones que me produjo, antes y ahora, cuando evoco la expresividad de aquellos ojazos negros: emociones que fueron —y van— desde el amor a la ternura, desde la inocencia a la hilaridad.

Con ocasión de aquel suceso escribí un poema dedicado a mi hijo David. Aquel poema ha estado perdido durante mucho tiempo, pero he aquí que, haciendo limpieza, lo he vuelto a encontrar, escrito sobre una hoja de papel escondida entre las páginas de uno de mis numerosos libros. El poema en cuestión lo titulé «David». Es este:

La pureza,
el aire fresco
de las mañanas de otoño,
el rocío de la primavera;
el color del arco iris,
 mariposas de colores…,
nubes blancas...,

el color de la inocencia.

 Como tu cara,

como tus ojos,

como tu alma de niño.

 Dos grandes ojos me miran,
señalan con su dedo de cristal...

 ¡dos pajarillos verdes...!

 Presuroso batir de alas...,

 ¡sorpresa en tu cara infantil!

 Los pajarillos se han ido...,
se han asustado...,

 ¡mira cómo vuelan...!

 ¡mira, cómo se van!

jueves, 23 de abril de 2015

Dolor

Dolor
Dolor, dolor y dolor. No hay rumbo, solo un vaivén continuo que destroza los sentidos.
 
¡Vacío! Lo siento… aterradoramente cercano.
 
El hastío de la cotidianidad me derrota.
 
Las personas, sus actos, me decepcionan. Gigantesca hipocresía, vanidades patológicas, desmesurado egoísmo, envidias, rencores, fanatismos…

¡Desilusión a raudales!
 
Mi modelo de mundo solidario y tolerante, de respeto y generosidad… ¿Es una fantasía?; ¿una quimera?; ¿un espejismo?; ¿una ficción?; ¿acaso está obsoleto?; ¿ha existido alguna vez?
 
El camino de los sueños se torna a cada paso más áspero y accidentado. El horizonte de la esperanza está cada vez más lejos.
 
Y el dolor… siempre el dolor. Sé que pasará la noche y seguirá conmigo… y mañana… y ayer… dolor, dolor y dolor.
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