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BIENVENIDOS A YUMYS GALAXY

miércoles, 28 de octubre de 2020

Responsabilidad para frenar el desastre

 

La segunda oleada de la mal llamada gripe española causó muchas más muertes que la primera. Este coronavirus se está comportando de modo muy parecido a aquel de hace 100 años.

Si el Sistema Sanitario colapsa (y estamos muy cerca de que ocurra) el desastre podría ser de proporciones bíblicas. La responsabilidad individual en estos tiempos es crucial. De nosotros y de nuestra actitud depende no convertir esto en un infierno.


sábado, 24 de octubre de 2020

¡Sálvese quien pueda!

 

Llegados a este punto de la pandemia que nos asola, con los casos multiplicándose cada día, pienso que el final de esta pesadilla, como ya ocurrió en 1920 con la gripe española, tendrá lugar cuando consigamos la llamada inmunidad de grupo. Esto va a suceder tarde o temprano ya que la vacuna, mucho me temo, no estará disponible antes de que eso suceda. Creo que serán pocos los que no acabemos contagiados más pronto que tarde, eso dependerá de la suerte de cada cual independientemente del grado de responsabilidad personal de cada uno de nosotros. Porque a pesar de que extremes las medidas para no contagiarte, hay muchos otros factores que influyen y que no podemos controlar, de ahí el factor suerte.

Cuando todo esto acabe, será el momento de contabilizar los muertos causados por este maldito coronavirus; directos por contagio y colaterales por otras enfermedades no atendidas a su tiempo. Y mucho me temo que cuando se haga balance serán muchos, muchos millones las personas que se habrá llevado el implacable SARS-CoV-2. Mientras tanto, y a la espera de una deseada vacuna que acorte este auténtico desastre… ¡SÁLVESE QUIEN PUEDA!


martes, 20 de octubre de 2020

Tiempos de coronavirus

Que este coronavirus que nos asola se irá algún día parece obvio. ¿Cuándo será ese día? Nadie lo sabe. Lo que sí sé es que si pasan dos o tres años para que esto suceda, serán años perdidos de mi vida. No es lo mismo dejar pasar esos dos o tres años cuando tienes 25 ó 30 que cuando tienes más de 60. Está demasiado cerca el final de la vida como para perderla de forma tan infame. A estas edades cada segundo cuenta.

viernes, 9 de octubre de 2020

Carroña política

 

Los políticos son increíbles. Cuando huelen “sangre” se lanzan al cuello del adversario cual hienas hambrientas e intentan “destrozarlo”. ¿Para qué? Para ocupar el poder que acaso ocupa el oponente político y continuar fastidiándonos la vida, posiblemente de distinta forma a como lo hacían los otros, pero fastidiándonos en definitiva. No saben hacer otra cosa. ¡Puaj!


Tertulias políticas en Televisión

 

Los programas televisivos de contenido político están tan mediatizados por las líneas editoriales que siguen, que más que informar, sus respectivos presentadores/as opinan en base a esas líneas editoriales.

Sus presentadores/as y contertulios no hacen más que ceñirse al guión preestablecido intentando que su mensaje cale en el televidente.

La verdad es que muchos de esos programas se han convertido en auténtica bazofia televisiva.

Cada vez cuesta más encontrar programas que sean imparciales y ofrezcan una información no sesgada y veraz.


martes, 22 de septiembre de 2020

Nutriéndose del sufrimiento

 

Esta infame pandemia y la crisis económica asociada demuestran una cosa: de la miseria y el sufrimiento de las personas se nutren gentes sin escrúpulos, explotadores en potencia que se aprovechan, y de qué manera, de la precariedad y necesidad de las personas.

Un caso concreto y veraz ciento por ciento:

Imaginaos un supermercado, una empresa que, por razones obvias y dicho sea de paso, no tiene por qué sufrir los daños económicos emanados de la crisis sanitaria que estamos padeciendo. Los dueños de ese supermercado contratan a una persona, un profesional en el sector por experiencia y habilidad. Le ofrecen un contrato de 6 meses a razón de 40 horas semanales pero… a las primeras de cambio, esa persona contratada se da cuenta que todos los días le hacen trabajar más horas de las convenidas y que, sus 40 horas semanales en la práctica, se convierten en 50 y en muchas ocasiones en 60. Así día tras día durante 20 semanas, al cabo de las cuales se le cambia el contrato por otro de media jornada a razón de 20 horas semanales pero con una endiablada condición: Su contrato será de 20 horas semanales, se le pagará solo por esas 20 horas pero… tendrá que trabajar 30 horas a la semana. Lo toma o lo deja. Si no acepta hay una bonita carta de despido esperando y muchas otras personas dispuestas a reemplazarlo. Personas que nadan en miseria y desesperanza y de las que se nutren los explotadores. Ese trabajador se siente humillado, explotado, esclavizado pero no le queda más remedio que aceptar las injustas condiciones si no quiere verse engrosando las listas del paro.

Esta es, en demasiados casos, la cultura empresarial que prolifera en España. Empresarios sin una pizca de humanidad, explotadores que ofrecen trabajo esclavo y precario y que se enriquecen a costa del esfuerzo y el sudor de sus trabajadores. Gentes impías que no debieran existir; un cáncer de nuestra sociedad que debiera ser extirpado; una lacra que habría que esquilmar de la faz de la Tierra en beneficio de una sociedad más justa.


viernes, 28 de agosto de 2020

El increíble coronavirus

 

Esto del coronavirus es increíble. Si lo piensas fríamente, un compañero, un amigo, un hermano, un hijo… aunque sin querer te puede matar; o tú a ellos. ¡Es terrible pero no deja de ser cierto!


miércoles, 29 de julio de 2020

Echo de menos mi vida anterior

¡Cuánto echo de menos mi vida anterior!, la de antes de que el coronavirus pusiera al mundo de rodillas.

Echo de menos mis reuniones familiares, besar a mi madre, a mis hermanas, a mis sobrinos…  dar la mano a mis amigos o a los conocidos. A alguien que te presentaran.

Echo de menos las fiestas de despedida que se montaban cuando algún compañero o compañera del hospital se jubilaba.

Echo de menos viajar…. a la playa, a visitar otras ciudades.

Echo de menos ir al cine, sentarme en la terraza de un bar junto a la familia o amigos alrededor de unas cervezas fresquitas.

Echo de menos la algarabía de los chiquillos en el patio del colegio.

Echo de menos el roce de la gente en las calles abarrotadas, el pedir perdón por chocar con alguien.

Echo de menos las reuniones en mi casa, con mis hijos y sus amigos, para ver en la televisión los partidos de fútbol de nuestro equipo favorito con los estadios llenos de gente.

Echo de menos la Semana Santa que no se pudo celebrar y la feria que no se celebrará.

Echo de menos la boda de mi hijo que pudo celebrarse con un montón de personas, con mi discurso ya preparado y con el que pretendía encandilar a la concurrencia y a los propios novios.

Echo de menos el sinfín de cosas que me contaría mi Javi de su viaje a Nueva York y a la Ribera Maya.

¡Echo de menos tantas cosas!

Por el temor a contagiarnos con este virus pernicioso todo ha cambiado. Ahora estamos atados a una mascarilla. Ya nada es igual. Todo es más triste. Ya no besamos, no abrazamos, no estrechamos la mano... Y, aunque se pueda hacer, nos da mucho reparo… e incluso miedo ir al cine, visitar otras ciudades, ir a la playa, sentarse en la terraza de un bar.

Desde que está con nosotros este maldito virus se perdió la vida en los colegios ahora vacíos, silenciosos y tristes.

Se perdió la Semana Santa y las bandas se quedaron mudas. Los Cristos y Dolorosas se quedaron en sus templos y mucha gente se embargó de tristeza.

No habrá fiestas ni feria, ni corridas de toros, ni actuaciones musicales en la Caseta Municipal, ni bailes, ni verbenas, ni churros de madrugada… Solo habrá silencio.

Lo que sí habrá es paro y desesperanza. Proyectos tronchados, ilusiones perdidas. Y el mundo de las personas quebrado, destrozado… roto.

¿Volveremos a recobrar todo lo perdido? No lo sé. Lo que sí sé es que mientras dure esta maldita pandemia estaremos en una especie de limbo temporal donde la vida es asquerosamente diferente.

domingo, 19 de julio de 2020

Hoy hace tres años

Ayer estuve sentado en tu silla. En la silla de la terraza en la que te sentabas a fumar tu cigarrillo. Y estuve pensando en ti, en tus charlas sobre política, en las batallitas que me contabas de tus tiempos jóvenes, en tus chistes y ocurrencias con los que tanto me reía, en tus consejos vitales que tanto me sirvieron para manejarme por la vida.

Hoy hace tres años que ya no estás con nosotros. Aquella mañana calurosa de julio tu generoso corazón se paró para siempre. La parca te llevó calladamente, sin mucho aspaviento, sin hacer mucho ruido. Te liberó de todo tu sufrimiento y al fin, pudiste descansar en paz.

A pesar de los tres años desde tu marcha, no hay día en que no piense en ti, porque tu recuerdo sigue intacto en mi corazón.

Allá donde estés quiero darte las gracias por muchas cosas pero en especial... ¡Gracias por haber sido mi padre! Algún día nos volveremos a ver.
¡Adiós, mi queridísimo padre, mi queridísimo abuelo Kiko!

viernes, 17 de julio de 2020

El drama económico del coronavirus

Las consecuencias económicas y sociales de esta pandemia se están manifestando ya en mucha gente. Miras a tu alrededor y te das cuenta que aquellos que antes vivían con dignidad ahora ya no tienen nada. El maldito coronavirus les ha quitado su medio de subsistir. Gentes que hace muy poco eran felices, que luchaban por vivir y podían hacerlo, ahora, las consecuencias económicas del coronavirus las ha arrojado al pozo de la desesperanza más absoluta, para ellos no hay un mañana, al menos no en el corto plazo. Esta crisis ha arrancado de sus vidas todas sus ilusiones y todos sus proyectos y solo les queda la incertidumbre y el desánimo. Esperemos que la Unión Europea dé una respuesta eficaz a esta verdadera tragedia.

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