«Prometo,
por mi conciencia y honor, cumplir fielmente las obligaciones del cargo…».
Con estas palabras toma posesión de su puesto cualquier político electo que asuma la jefatura del gobierno o la cartera de cualquier ministerio o cargo de relevancia en España. Muy bonito y muy solemne todo, pero en esta promesa hay algo oculto. Y es que nuestros políticos no tienen ni conciencia ni honor, así que por lo que prometen, como es totalmente ficticio, les deja vía libre para hacer cuanto quieran en su propio beneficio ya que han prometido por algo que simplemente no tienen, ni en ellos existe. La historia podrá venir a corroborar mis palabras con un sinfín de ejemplos.
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