BIENVENIDOS A YUMYS GALAXY, EL RINCÓN DE MARCO ATILIO.

miércoles, 13 de abril de 2016

Las cosas pasan... las personas pasan



 
Llevo ya algún tiempo contemplando seriamente la posibilidad de dejar el blog de forma definitiva. Eliminarlo o dejar de escribir entradas en él. A lo mejor finalmente no lo haga, todo dependerá de que supere algunos problemas que me tienen bastante apático. Reflexionaré profundamente sobre ello y veremos la decisión que tomo.

Y es que mi vida ahora se encuentra en un punto en el que muchas de las ilusiones que tenía se han ido perdiendo… o mejor, enfriando. Mi salud emocional no pasa por sus mejores momentos y, sinceramente, me cuesta horrores concentrarme para hallar las palabras precisas que me permitan contar todo lo que pasa por mi cabeza. ¡Ay, mi cabeza! Ahora mismo es como un desván donde prolifera el caos y el desorden más absoluto.

A mi deterioro emocional se une un deterioro físico notable, probablemente el primero sea consecuencia del segundo.

Siento que mi vida está cambiando, un cambio que se me antoja drástico, un cambio de sentido importante… casi radical.

Soy una persona a la que no le gustan mucho los cambios, sobre todo cuando uno es feliz con lo que vive y con lo que tiene. Percibo que aquello que tenía y que disfrutaba día por día se está perdiendo poco a poco.

Por esos problemas físicos a los que me refería, llevo ya algún tiempo sin poder trabajar. Cuando estos problemas se solucionen (si es que lo hacen), volveré a mi puesto de trabajo y, probablemente, nada será igual que antes porque quizá no encuentre algunas personas con las que me une un vínculo importante y a las que aprecio sinceramente. Una de ellas es seguro que no encontraré, un anestesista con el que he compartido muchos buenos ratos y con el que siempre he tenido una especial química. Un magnífico profesional y mejor persona y al que desde estas líneas le deseo toda la suerte del mundo en su nueva etapa profesional. Él fue quien le suministró la anestesia a mi madre cuando le pusieron la prótesis de rodilla hace ya bastantes años, y también a él le propuse que se encargara de ponérmela a mí cuando me operen dentro de pocas fechas. Y se lo propuse por varios motivos, el primero es porque lo considero uno de los mejores profesionales que hay en el Servicio de Anestesia, un Servicio en donde realmente hay grandes anestesiólogos, pero sin la menor duda él está entre esos grandes profesionales. Segundo porque desde siempre me ha inspirado una especial confianza. Tercero porque llevamos muchos años compartiendo el mismo espacio, con una relación respetuosa, agradable y cordial. Y cuarto porque es una de las personas a las que más aprecio y admiro, fruto sin duda de su calidad humana y de todos esos años de buen rollo compartiendo muchas horas todos los días. Lástima que se tenga que marchar, lo siento por mí aunque comprendo que tiene grandes y poderosas razones para hacerlo. Lo único que me queda es desearle suerte en esta nueva etapa y la mejor de las venturas. Sé que nos volveremos a ver de cuando en cuando, pero ya no compartiremos ese día a día… las bromas en el vestuario a la llegada al trabajo, sus apuntes didácticos a mis preguntas sobre anestesia, sus inquietudes socio políticas que comparto plenamente, sus charlas sobre la historia de su país que tanto me interesaban… y un sinfín de situaciones más que enriquecieron mi cultura y mi crecimiento personal. En fin, “c'est la vie”, lástima.

Otra de las personas que a buen seguro no encontraré en el Servicio en donde trabajo es mi compañera, la compañera que desde hace ocho años ha compartido conmigo las alegrías y los sinsabores de una labor muchas veces agradable y otras algo ingrata. Ella no se marcha del hospital, cambia de Servicio, cambia su labor en Quirófanos para iniciar una nueva andadura en el Servicio de Urgencias. Así que, a diferencia de mi amigo el anestesista al que veré muy de tarde en tarde, a ella podré verla mucho más a menudo, aunque sospecho que ya no será lo mismo.

Mi querida compañera es una persona a la que aprecio sinceramente. A lo largo de todos estos años he podido comprobar que compartía espacio día por día con una buenísima persona, una persona trabajadora, inteligente y responsable, una persona por las que merece la pena levantarse cada mañana para ir a trabajar, una persona encantadora a la que considero, más que compañera, mi amiga y ser su amigo es para mí un honor y un privilegio.

Al igual que con mi amigo el anestesista, con mi querida compañera me sucederá tres cuartos de lo mismo, el día a día disfrutando de su presencia se habrá perdido, sus risas ante mis ocurrencias, el relax del desayuno, sus palabras de ánimo ante mis momentos de quebranto, su presencia de ánimo, su timidez a la que intenté ponerle remedio sin conseguirlo del todo, y tantos momentos, tantas situaciones, tantas circunstancias agradables, tantas emociones y sensaciones que marcaron nuestra estrecha colaboración en el trabajo durante todos estos años, todo eso se habrá perdido, esa es la realidad, una realidad para mí triste pero comprendo, aunque me duela, que mi compañera probablemente sea más feliz alejada de este Servicio que quema demasiado por su excesiva carga de trabajo.

Sé que me quedan muchos compañeros y amigos en el Servicio, pero también sé que la persona con la que más estrechamente compartía mi labor diaria ya no estará a mi lado y eso, seguro, lo echaré de menos…, lo echaré mucho de menos. Pero bueno, después de todo debo quedarme con esos magníficos años en los que he tenido el privilegio de compartir mi día a día laboral con una magnífica persona y, en definitiva, eso es lo que cuenta.

En fin, las cosas suceden y nada podemos hacer por cambiarlas. Probablemente y desde una postura un tanto egoísta, no hubiera querido que ninguno de los dos se marchara, pero también entiendo que han tenido sus buenas razones para tomar esa decisión y como no podía ser de otra manera las respeto y las comprendo.

Ni siquiera yo puedo estar seguro de que volveré a mi querido Servicio de Quirófanos en el que llevo ya 21 años. Todo depende de cómo evolucione con mis problemas físicos y el proceso de recuperación que tenga una vez que me operen. Sinceramente, no puedo decir lo que pasará, aunque todo apunta a que tenga que cambiar de Servicio si quiero que mi prótesis dure muchos años. Al menos así me lo indican los traumatólogos y si ellos lo dicen…

A lo largo de nuestra vida nos vamos encontrando todo tipo de personas, algunas de ellas simplemente las dejamos pasar y pronto las olvidamos porque no nos aportan nada positivo, más bien al contrario. Sin embargo otras nos enriquecen de muchas maneras: Por su agradable forma de ser, por su educación, por su cultura, por su saber estar por, en fin, su modo de desenvolverse en el difícil arte de vivir. Poco a poco nos van llenando de admiración y, de alguna forma, van contribuyendo a nuestro crecimiento personal. Yo he tenido la fortuna de toparme con algunas de esas personas, muchas de las cuales pasaron por mi vida (varias por suerte aún siguen en ella) y me dejaron una huella amarga con su marcha pero también una vida repleta de mágicos recuerdos de los que disfruto con frecuencia. Por supuesto estos dos compañeros y amigos que ahora se marchan forman parte de ese para mí selecto grupo de personas que han pasado por mi vida y que me han permitido ver el lado más amable del ser humano.

Estoy compartiendo mis reflexiones con todos vosotros y a lo mejor llegáis a la conclusión equivocada de que pareciera como si nunca más los volviera a ver y esto no es así en absoluto, aunque intuyo que aún teniéndoles cerca, más en el caso de mi compañera, la realidad, y no puedo engañarme, es que estarán muy lejos.

Pero la vida sigue, y las cosas pasan, y los momentos pasan, y las personas pasan… y nada, absolutamente nada, podemos hacer por cambiar eso.

Y mientras yo, a cuestas con mis problemas físicos y emocionales.

¡Dios, qué triste melancolía!

Marco Atilio
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