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BIENVENIDOS A YUMYS GALAXY

martes, 30 de septiembre de 2025

Hadas de los sueños

 

Este poema lo dedico a mi compañera y amiga Puri y a sus nietas. Ella compartió una foto de sus dos nietas en un grupo de WhatsApp del que los dos somos miembros. La foto era una maravillosa instantánea de unas niñas de entre tres y cuatro años, ataviadas, una con un vestido recreando la figura de Mickey Mouse y la otra con un vestido azul cielo, como el de un hada. Una niña daba un beso en la mejilla a la otra y, a sus espaldas, un jazmín con bellas flores de color azul. Una preciosa imagen que evocaba un cuento de hadas.

Por razones de privacidad no he ilustrado el poema con la fotografía original de las nietas de mi compañera. La imagen que aparece sobre estas líneas está generada por IA y según mi opinión, tiene una aceptable semejanza con la fotografía original. Para ilustrar el poema creo que resulta bastante acertada.

HADAS DE LOS SUEÑOS

Entre flores despierta la mañana,
brotan luces danzando entre sonetos;
una sonrisa, un beso en la mejilla,
y el jardín se ilumina de secretos.

 Sus vestidos son brisa y fantasía,
sus cabellos, destellos de la aurora;
en sus ojos palpita la inocencia,
que hace eterna la magia de esta hora.

Bajo un manto de luces y de flores,
donde el sol está danzando con la bruma,
dos almas pequeñas rompen el silencio,
custodias de la paz y la ternura.

No son niñas, son hadas de los sueños,
con alas tejidas de rocío y lila,
donde la edad no deja ya ni huella,
en estampa tan eterna y tan sencilla.

sábado, 6 de septiembre de 2025

A Valeria, mi pequeña golondrina

 

Duerme Valeria, mi estrella,
cierra tus ojos de flor,
que tu abuelo te contempla
y te canta con amor.

 Golondrina pequeñita,
de plumitas de algodón,
en mis brazos tú descansas
como un rayo de ilusión.

 Sueña haditas y duendes,
campos verdes y azul mar,
ositos blancos que juegan
y conejitos de azahar.

 Duerme tranquila, mi niña,
golondrina en mi balcón,
que en tu vuelo siempre encuentres
refugio en mi corazón.

 Cuando se encienda la aurora
y el sol vuelva a despertar,
el susurro de mi nana
te seguirá donde vas.

viernes, 22 de agosto de 2025

Nana para Adrián

 

Duerme mi niño
duerme Adrián,
con tu abuelito
te dormirás.

 Duerme mi cielo,
duérmete ya,
«señora vaca»
te cantará.

Y si sonríes,
me alumbrarás,
como un lucero
que brilla más.

En tus ojitos
yo soñaré,
tus dulces sueños
yo velaré.

 Duerme mi niño
duerme Adrián,
con tu abuelito
te dormirás.


Desde la noche hasta el alba

 

Yo contigo y tú conmigo
desde la noche hasta el alba.
Tus pasos que van naciendo,
mi amor que siempre los guarda. 

En mis brazos soñarás
un mundo de fantasía,
de peluches, de muñecos
y juguetitos que silban. 

A lomos de nubes blancas,
de algodón y de magia,
soñarás con mundos nuevos
y hermosos cuentos de hadas. 

Vendrán volando los «pipis»
a velar tu lindo sueño,
pajarillos de colores
te cantarán un te quiero. 

Y Adrián despertará,
y el abuelito le canta,
susurrando despacito,
le canta «señora vaca». 

Y me mirarás atento,
con esa sonrisa clara,
con esos ojitos vivos
que me iluminan el alma. 

Jugaremos a la pelota,
y le darás de patadas,
irás corriendo a por ella
cuando traviesa se escapa. 

Y llenarás mi mundo
de ilusiones y de magia,
y me sentiré feliz
desde la noche hasta el alba. 

Siempre a tu lado, tesoro,
mi mano te guiará
por veredas y caminos,
por senderos en el mar.

sábado, 16 de agosto de 2025

Silencio

 

a la memoria de Pilar Suárez

Se apagan las risas de los niños
y el canto de los pájaros.
El sol de la primavera
ya no calienta.

Silencio…
poco a poco.

 Quiero gritar
y no puedo.
Me siento extraña,
flotando sobre mí,
 y sola,
terriblemente sola.
De repente…

 No hay lluvia.
No hay viento.
No hay árboles,
ni montañas,
ni siquiera aire.

 Nada.

 ¿Dónde están mis hijos?
¿Dónde mi marido?
¿Por qué lloran?
¿Por qué lloran todos?

Poco a poco… el silencio.

 ¡Y la soledad!

 Frío.
Un frío hondo.
Oscuridad que envuelve
por fuera y por dentro.

 Miedo.

¿Por qué no puedo moverme?
¿Por qué este vacío,
como un mar sin orillas?

 Quiero ver a mis hijos.
A mi marido.
A mi familia.
Quiero tocarlos.
Quiero decirles
que estoy aquí…

 Pero no me oyen.

 Silencio.
Oscuridad.
Penumbra y silencio.

 De pronto,
una luz suave
atraviesa la negrura
y me susurra sin palabras:

 –Tu vida ha terminado.

 ¡Dios mío!
Solo tengo 54 años.
¡Quedaban tantas cosas!
¡Tantos abrazos!
¡Tantos caminos!

 No quería irme así.
No tan pronto.
No por mis hijos.
No por mi marido.

 Luché con todas mis fuerzas,
pero la muerte
ha ganado.

 Y, sin embargo…
ya no hay dolor.
Solo calma.
Sosiego.
Paz.

 No estoy triste.
Sé que algún día
volveremos a encontrarnos,
y esa certeza me sostiene.

 Me llevo el amor de todos,
como un manto invisible
que me arropa.

 Quisiera decirles
que no sufran,
porque nos volveremos a ver…

 Pero no me oyen.

 Lástima.

 Todo se disuelve.
 Se desvanece.

 Solo queda el silencio…
el silencio…
solo el silencio…

y la esperanza
de un mañana juntos.


miércoles, 8 de febrero de 2023

Glotón

 

¿¡Cómo vas a perder peso
si te gusta el buen yantar,
las cervecitas, las tapas,
en la terraza de un bar!? 

El cocido con morcilla,
con tocino y su pringá.
Dos huevos fritos con ajos
y el aceite pa mojar. 

Chorizo a la barbacoa
en las ascuas del hogar.
Unas migas con torreznos,
con buen vino acompañás. 

La típica pipirrana
con tomates del lugar,
mojando en el aceitico
tu media barra de pan. 

Las uvas y las cerezas,
en aguardiente empapás,
y unas ciruelitas pasas
que nunca te vienen mal. 

En las fiestas, los cubatas,
golosinas pa picar.
Mantecados, alfajores,
turrones en Navidad… 

Las dietas las abandonas
porque te entra ansiedad.
¿¡Cómo vas a perder peso
si solo sabes zampar?!

jueves, 28 de julio de 2016

Amargura

De los muchísimos poemas que tengo escritos, aquí uno dedicado a mi amada Isabel compuesto hace ya la pila de años. Como me parece bonito quiero compartirlo con todos vosotros. Se titula "Amargura". Este es:

¿Cómo conciliar el sueño
eterna noche taimada?

¿Cómo descansar pensando
que la perderé mañana?

¡Oh la noche!

Esta noche desquiciada,

¡pasa pronto!

¡Aleja tu manto negro
de amarguras desveladas!

¡Que venga pronto a mi hastío
ese sol de la esperanza!

¿Hasta cuándo esta amargura?

¿Cuándo podré abrazarla
y tenerla entre mis brazos
bajo sus sábanas blancas?

Marco Atilio


lunes, 9 de noviembre de 2015

Melancolías


La lluvia cae con fuerza.
 
Desde el oscuro umbral
de la vieja casa, mustia y fría,
miro la lluvia,
la incesante,
la pertinaz lluvia de otoño.
 
Miro como las gotas
empapan todas las cosas.
 
El viento sopla fuerte.
Todo es negruzco ahora.
 
Las gotas se estrellan en el suelo
y saltan en pedazos por doquier.

De pronto…

Los recuerdos se apoderan
de mi alma…
Mi mente vuela lejos
en el tiempo...

Oigo las risas de mi madre...
siempre llena de alegría…
siempre regalando una sonrisa.

Veo a mi padre joven y fuerte,
labrar campos de olivares,
bajo el sofocante sol de agosto,
fundido en cuerpo y alma
con una tierra…
que nunca ha sido suya…

Aquellos inocentes juegos infantiles
junto a mi hermana Ana Mari,
en el corralón de la vieja casona
que tan felices nos hacían…

Los amigos de mi infancia,
con sus alegrías y miserias a cuestas…
algunos han muerto ya.

Y es que el tiempo pasa deprisa…
muy deprisa.

Aquellos días en que conocí a Isabel
de romanticismo y fantasía
pasan ahora ante mí.

¡Es extraño todo esto!

Mi mente salta veloz,
entre una amalgama de recuerdos
que se confunden unos con otros.

El viento azota mi cara...

¡Vuelvo a la realidad!

El tiempo pasa…,
las cosas pasan…,
las personas pasan...,
como en un suspiro...

Y yo...

desde el umbral de la vieja casa,
contemplo la lluvia,
la pertinaz, incesante
lluvia de otoño.
Marco Atilio





















































miércoles, 6 de mayo de 2015

David

 a (5)

Hace mucho tiempo de aquello, más de veinte años. Mi hijo pequeño tenía poco más de dos. Era una maravillosa mañana de primavera; el sol lucía espléndido. Serían las diez cuando decidí disfrutar de mi pequeño David jugando con él a la pelota en el patio trasero de mi casa.

Recuerdo que, al salir al patio y levantar la vista al cielo, reparé en dos jilgueros posados sobre la antena de televisión. Me agaché, intentando hacer el menor ruido posible y, cogiendo a David, le indiqué la presencia de los pajarillos al tiempo que me llevaba el dedo a los labios, animándole a que guardara silencio. Él levantó la mano y señaló con su dedo índice hacia los dos gorriones, que casi de inmediato levantaron el vuelo, dejando en mi hijo una cara de sorpresa difícilmente imaginable.

Su expresión de asombro ante la súbita espantada de los pajarillos fue todo un poema y, aunque ha pasado mucho tiempo, todavía recuerdo aquella escena y las emociones que me produjo, antes y ahora, cuando evoco la expresividad de aquellos ojazos negros: emociones que fueron —y van— desde el amor a la ternura, desde la inocencia a la hilaridad.

Con ocasión de aquel suceso escribí un poema dedicado a mi hijo David. Aquel poema ha estado perdido durante mucho tiempo, pero he aquí que, haciendo limpieza, lo he vuelto a encontrar, escrito sobre una hoja de papel escondida entre las páginas de uno de mis numerosos libros. El poema en cuestión lo titulé «David». Es este:

La pureza,
el aire fresco
de las mañanas de otoño,
el rocío de la primavera;
el color del arco iris,
 mariposas de colores…,
nubes blancas...,

el color de la inocencia.

 Como tu cara,

como tus ojos,

como tu alma de niño.

 Dos grandes ojos me miran,
señalan con su dedo de cristal...

 ¡dos pajarillos verdes...!

 Presuroso batir de alas...,

 ¡sorpresa en tu cara infantil!

 Los pajarillos se han ido...,
se han asustado...,

 ¡mira cómo vuelan...!

 ¡mira, cómo se van!

lunes, 2 de marzo de 2015

Mi camino

 p (101)
Con todo el amor que puedo dar dedico este pequeño poema a mi querida madre, mi querida Julita, uno de mis más preciados tesoros.

 En las largas soledades,
cuando la noche se cierne
sobre mi cuerpo, mi alma
y la tristeza me envuelve;
llegan hasta mí recuerdos
de una señora valiente,
que ha luchado por la vida
y por mantenerme a flote.

Esta señora es mi madre
que yo nací de su vientre,
dar mucho a cambio de nada
su virtud ha sido siempre.

En los momentos más tristes,
cuando la vida me hiere,
cuando el camino se torna
lleno de espinas crueles,
busco refugio en mi madre
que ella si sabe entenderme
y sabe curar las heridas
que a veces tanto me duelen.

Eres para mí el camino
que me lleva y que me envuelve,
que me hace afrontar la vida
por senderos diferentes.

Sé que te tengo a mi lado,
que mi alegría es tu suerte,
que haces tuyos mis triunfos
y mis fracasos te duelen.

Cuando ya no estés conmigo,
cuando la muerte te lleve,
yo sé, que desde allá arriba,
vendrás para protegerme.

 Por suerte, aunque ya muy viejita, mi madre todavía vive… por muchos años.


domingo, 15 de febrero de 2015

Asomada a la ventana

 Ventana
Habréis comprobado que hace tiempo que no escribo en el blog. Las razones son muchas y diversas pero la principal es que estoy un poco depre desde hace algunas semanas. La melancolía que siento me impide concentrarme como yo desearía y me es muy difícil sentarme enfrente del ordenador para escribir. Casi siempre termino mirando periódicos y visitando páginas intrascendentes, todo lo más curiosas que me ayudan un poco a vencer mi atonía.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Depresión

Solo en la niebla

La estancia sola…, en silencio,
solo el susurro de una melodía,
una melodía que me pone triste,
que me llena de recuerdos, de añoranzas
y de preguntas sin respuesta.

La melodía sigue sonando y sonando,
los pensamientos se agolpan…

El tiempo pasa inflexible.
De todos nosotros,
algún día,
solo quedará un vago recuerdo...
y lejano.

Una de esas preguntas
sin respuesta
ronda mi cabeza:

¿Todo esto tiene algún sentido?

Nacer… para morir.
Vivir… una vida de miseria,
de desesperanza… en muchos casos.

La melodía sigue sonando,
una enorme melancolía
me envuelve,
me atenaza,
me acongoja.

La melodía se apaga,
solo un tenue sonido,
un leve susurro.

Yo también me apago.

La melodía, la triste melodía,
y yo...,
yo…
 y mis pensamientos,
yo…
 y mi depresión.

Marco Atilio

martes, 11 de junio de 2013

Vacío

Soledad

A esa persona que sufre, yo sé quién es y él también lo sabe. El tiempo es una pesada losa que todo lo hace olvidar y ahora es su mejor aliado. Si gestiona estos malos momentos sabiamente saldrá con bien de ellos y seguro encontrará un mañana lleno de esperanza.
 
VACÍO

Envuelta tengo el alma

con un manto de bruma,

con una eterna noche

que sigue al despertar;

mi anhelo es olvidarte,

mi paz hallar por fin,

dar luz a mis tinieblas

y ver la claridad.

En mi existencia etérea

mi vida es una sombra

que vaga por el mundo

y pasa por pasar;

añoro tu recuerdo,

lo único que dura;

lo único que queda

son ganas de llorar.

A veces me sorprende

con qué facilidad

por mil confusos hechos

se rompe el corazón;

lo cierto y verdadero

es que te supliqué

y no encontré ninguna

palabra de perdón.

Marco Atilio


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