BIENVENIDOS A YUMYS GALAXY, EL RINCÓN DE MARCO ATILIO.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Feliz 2012


Feliz año nuevo a todos


Os deseo de corazón que el año 2012 venga cargado de bondades para que se cumplan todas vuestras ilusiones y esperanzas. Ojalá el nuevo año os proporcione la paz y la sabiduría necesarias para afrontar con éxito las difíciles batallas de la vida en este feo mundo que nos ha tocado vivir. Salud y trabajo para todos.

Marco Atilio

sábado, 24 de diciembre de 2011

No todo lo que brilla son estrellas


Cuando miramos el cielo en una noche despejada podemos ver infinidad de puntitos luminosos, la inmensa mayoría son estrellas como nuestro Sol pero mucho más grandes, es por eso que las vemos, a pesar de que la distancia hasta ellas es inconcebible.

En los núcleos de esas estrellas, de esos puntitos titilantes, se está desatando un infierno, allí se generan reacciones nucleares debido a sus altísimas temperaturas de muchos millones de grados, lo cual hace que esos puntitos que vemos en el cielo nocturno transformen en cada segundo millones de toneladas de materia. Son verdaderos hornos nucleares que hacen que esas estrellas (al igual que nuestro propio Sol) brillen y emitan energía. Son astros autoluminosos.

Siempre que las condiciones sean favorables, es decir, en una noche clara, sin luna y lejos del resplandor de las luces de la ciudad y teniendo buena vista, podemos ver a ojo desnudo unas dos mil estrellas en un momento dado. Las podremos ver de muchos colores, blancas, azuladas, rojizas, amarillentas, anaranjadas… brillantes unas y apenas visibles otras.

Pero no todos esos puntos luminosos que vemos en la noche son estrellas, a simple vista, aparte de las estrellas propiamente dichas y de la Luna, se pueden ver seis planetas. También podemos ver galaxias, nebulosas, cúmulos estelares… que pasaré por alto en este artículo.


Los planetas Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno y Urano se pueden ver en el cielo nocturno como puntos luminosos, se asemejan a las estrellas pero existen diferencias que los distinguen de éstas.


La primera característica diferenciadora radica en su forma de “lucir”. Los planetas tienen un brillo estable, sin parpadeos, a no ser que estén muy bajos en el horizonte y puedan hacerlo ocasionalmente. El brillo de las estrellas es centelleante, sobre todo si están a poca altura sobre el horizonte en cuyo caso parecen chisporrotear, crepitar, como diminutos focos multicolores. Además los planetas los hallaremos siempre dentro de alguna de las constelaciones zodiacales, en las inmediaciones de la eclíptica o el camino que recorren el Sol y la Luna en su trayectoria anual a través de esas constelaciones zodiacales.


Otra diferencia es que los planetas (excepto Urano y a veces Mercurio y Marte) brillan demasiado como para confundirlos con estrellas. Serán por lo general, los astros más brillantes de la constelación en la que se encuentren y “descompondrán” el dibujo habitual de la misma.


Un tercer matiz distintivo sería que los planetas se mueven en relación al fondo de las estrellas fijas. No es que las estrellas permanezcan inmóviles lo que ocurre es que su inmensa lejanía hace que su movimiento sea imperceptible para que nosotros lo apreciemos a simple vista. Observaremos que la posición de los planetas más próximos a la Tierra cambia de un día para otro, sin embargo, la posición de los más alejados cambia a intervalos más largos (una o varias semanas).


Además de todo esto, cada planeta por sí mismo tiene unas características específicas que lo diferencian, no sólo respecto de las estrellas, si no del resto de los demás planetas.

-Venus es el planeta más fácil de identificar. Después del Sol y la Luna, es el astro más brillante de todo el cielo. Podremos observar a Venus durante poco más de 3 horas siempre en el horizonte oeste tras la puesta de sol, o bien sobre el horizonte este antes de que el astro rey haga su aparición. A Venus se le conoce como el “lucero del alba o el lucero del atardecer”. Su luz fija, de un blanco inigualable, hace de la observación de este planeta una maravillosa  experiencia para los sentidos.


-Júpiter es el segundo planeta más brillante y tiene un delicado resplandor blanquecino. Un níveo y refulgente brillo, inconfundible en el cielo nocturno. Si no se tiene demasiada experiencia se puede confundir a Júpiter con Venus si el planeta merodea los territorios donde sólo puede encontrase este último. Por supuesto si los dos astros están sobre el horizonte no habrá lugar a la confusión.

-Marte tampoco es difícil de reconocer ya que tiene una fuerte coloración rojizo-anaranjada. Su luminosidad presenta notables variaciones dependiendo de la distancia a la que el planeta se halle de la Tierra en un momento dado. A veces, si no fuera por su color, Marte pasaría casi desapercibido del resto de las estrellas circundantes, y otras veces, brillaría más que ninguna. Como se ha dicho, todo depende de la distancia a la que en ese momento se encuentre de la Tierra.


-Saturno tiene una luminosidad que, aun siendo alta, es igualada por bastantes estrellas, por consiguiente, este único dato no será de gran ayuda para su identificación. Tampoco nos dirá gran cosa su movimiento sobre el fondo estrellado, ya que tendríamos que esperar al menos un mes para apreciar algún cambio en su posición. Así pues, para la localización rápida de Saturno debemos tener en cuenta la estable fijeza de su luz, el color amarillento-rosado de la misma y que la constelación que lo alberga es una de las del zodíaco.

-Urano es visible sin ayuda de ningún instrumento óptico únicamente cuando alcanza la 6ª magnitud, y aún así, teniendo muy buena vista y sabiendo su ubicación exacta en la bóveda celeste. Sólo de esta manera podremos reconocerlo como un débil punto azul-verdoso.


-Mercurio es, posiblemente, el planeta más difícil de ver. Dado que se haya muy cerca del Sol, las condiciones para su observación son extremadamente limitadas. Sólo podremos encontrarlo poco antes de la salida del Sol en el horizonte este, o en el ocaso poco después de que nuestra estrella se haya hundido por el oeste. Siempre estará a muy poca altura sobre el horizonte occidental u oriental, sobre un cielo que aún no se ha llegado a oscurecer del todo y con un brillo muy mermado por la luz solar. Esto hace que debamos buscarlo en un horizonte sin obstáculos y totalmente limpio de neblina. Además, se mantiene sobre el horizonte apenas dos horas como máximo, lo que dificulta sobremanera su observación. Si conseguimos verlo al fin, veremos que su luz es de un pálido amarillento y nos encontraremos entre los pocos afortunados que lo habrán visto alguna vez.

A lo largo de mi vida he podido ver la suave brillantez de Mercurio en dos ocasiones y tengo que decir que fue una gozada su contemplación. Para muchos aficionados, la observación de Mercurio se ha convertido en su asignatura pendiente. Durante toda su vida, ni el mismísimo Galileo consiguió poder divisar este pequeño y esquivo planeta.

Marco Atilio


sábado, 17 de diciembre de 2011

Por siempre Isabel


Me estoy dando cuenta que mantener un blog actualizado y escribir en él con cierta periodicidad resulta a veces bastante complicado. Hacerlo de esta manera necesita tiempo, un tiempo del que muchas veces se carece.

Por otra parte, escribir sobre algo y que las ideas fluyan no siempre es posible en el momento en que nosotros queremos. Las musas a veces nos son favorables y, por el contrario, otras veces no están en absoluto de nuestro lado.

Aunque si existe en el mundo una persona que me inspire con sólo mirarla, esa persona es mi esposa, una mujer de la que llevo enamorado más de 35 años.


Mi querida Isabel es una persona inteligente y sensible, desinteresada y altruista; una madre ejemplar y una esposa admirable. Una mujer cautivadora y fascinante, dulce y bondadosa y a la que doy gracias por la presencia de ánimo que me proporciona. Una mujer de la que me enamoro todos los días.

Pasear junto a ella por la vida es lo mejor que me ha proporcionado la existencia. A su lado he aprendido a vivir y ella ha sido mi constante salvavidas, la persona que con su serenidad y sosiego ha devuelto la paz a mi espíritu en no pocas ocasiones.

Me siento dichoso porque sé que ella comparte mis amaneceres y mis atardeceres. Porque con ella a mi lado es más sencillo recorrer el difícil camino de la vida. Porque junto a ella es más bonita una flor y una puesta de sol. Porque a su lado todo parece más fácil y nuestros hijos sienten esa mano dulce y apaciguadora que les guía y les conduce por los intrincados vericuetos de la existencia y porque sin ella, mi vida tendría menos sentido.


Ella llena mi vacío,
ella es todas mis cosas,
es la gota de rocío
en el tallo de las rosas.

Ella es bella y delicada,
es frágil y tan sutil,
como la lluvia pasada
en una tarde de abril.

Ella conforta mi alma,
en ella encuentro calor,
es mi bonanza…, mi calma…,
es mi ilusión…, es mi amor.


…Y sus labios de rosa se hicieron agua,
cuando yo los besaba de madrugada.


Marco Atilio

lunes, 5 de diciembre de 2011

Evocaciones


Cuando detrás de los cristales de mi ventana, contemplo ensimismado la fina lluvia de los días grises de finales del otoño…

Cuando paseo por el campo algunas mañanas de primavera, aquellas en que el rocío de la aurora cubre de un hermoso velo cristalino las hojas de los olivos y la hierba verde y fresca de los campos de labranza…

Cuando desde el “Paseo de La Muralla”, miro el horizonte en los calurosos atardeceres del mes de agosto, justo cuando el sol se va poniendo y su luz púrpura cubre de sangre las siluetas, agrandadas por las sombras, de los olivos centenarios…

Cuando en el recogimiento del hogar, en las frías noches del invierno, a solas con mis soledades y el extraño silencio que rompe de vez en cuando el ulular del viento del norte…

Cuando en fin, me envuelve esa extraña melancolía que quizá todos sintamos a veces, sobre todo cuando la nostalgia y los recuerdos se apoderan de nosotros.

Es en esos momentos cuando mi mente se llena de imágenes de otra época y escarbo en lo más recóndito de mis pensamientos para sacar las historias que pasaron por mi vida y que me fueron moldeando como persona. Recuerdos lejanos que vienen y van en un “batiburrillo” extraño y que saltan a mi memoria conformando una especie de retratos del pasado.

Es entonces cuando soy consciente del paso del tiempo, que la fortaleza de la juventud ya pasó y que con la madurez y la experiencia sobrevenida también se han quedado conmigo los dolores  y los achaques y que aquel accidente de tráfico de hace tantos años, hace ya algún tiempo que me está pasando factura. Incluso pienso en mi vejez (si es que llego) y en que mi calidad de vida será muy precaria al paso que voy… ¡Madre mía, pero si así pensaba mi abuelo! Algo similar  le oí decir muchas veces, pero cuando decía eso tenía bastantes más años que yo. Entonces… ¿qué pasa?, ¿es que estoy perdiendo el positivismo que siempre he tenido…? Aunque tampoco quiero engañarme a mí mismo. En fin, espero que la vida me depare mejores augurios en este sentido…

Si existe algo en mi pasado que me gustaría cambiar si pudiera, no sería otra cosa que la de haber podido seguir estudiando. Las circunstancias (sobre todo económicas) hicieron que mis padres me quitaran del colegio apenas con trece años. Una cosa que nunca les he reprochado porque supongo tuvieron sus buenas razones para hacerlo pero que, sin quererlo, me privaron de uno de mis mayores sueños: el de haber podido dar clase en un Instituto o en una Universidad como Licenciado en Filosofía y Letras. ¡Cuánto me hubiera gustado estudiar esa Carrera! En lugar de eso aún recuerdo las vejigas que me salieron en las manos cuando, con un cuchillo, quitaba las rebabas a los moldes de los “alpargates” (una especie de bizcochos) en la pastelería en la que me pusieron a trabajar con tan sólo trece años como ya he mencionado antes.

En alguna ocasión alguien me ha dicho que podría haber retomado los estudios en la edad adulta. Y yo digo que prácticamente casi nunca los empleos que he tenido (algunos muy físicos) me han dejado tiempo para hacerlo. Luego se van cumpliendo años, te acomodas de alguna manera, pierdes muchas de las ilusiones que tenías, te preguntas que… ¿para qué ahora? y no te entran ganas de empezar a estudiar de nuevo. En fin, a veces la vida es así y así tenemos que aceptarla. “Agua pasada no mueve molino” y no seré yo quien le dé más vueltas.


Sea como fuere, desde muy pequeño he tenido un libro en la mesilla de noche. Con apenas 10 años ya había leído “Viaje al centro de La Tierra de Julio Verne” y “la biografía de Miguel de Cervantes”. Esos dos libros fueron los primeros que me dejaron “los reyes magos” y no veas la ilusión que me hicieron esos regalos. Y es que desde muy temprana edad me ha interesado mucho el mundo de la cultura y mi afán por aprender no ha tenido límites. A lo largo de mi vida he ido cultivando todas las ciencias y las artes, de manera muy especial la astronomía y la literatura.


Rebusco en mi  pasado buscando aquellos momentos que se fueron y que ahora están tan lejanos pero que a mí no me parece que haya pasado tanto tiempo… ¡Dios Santo! ¡Cómo pasa todo y a qué velocidad!

Recuerdo el desconsolado llanto que me causaron los conejos que criábamos en casa cuando en un “alevoso y nocturno ataque” royeron los muñecos con los que jugaba. Un montón de indios Sioux, Arapahoes, Apaches y Comanches, que enfrentaba al Séptimo de Caballería del General Custer en el corralón de la casa de la calle Veredilla fueron pasto de los roedores quedando mutilados en su inmensa mayoría. Aquellos momentos fueron difíciles para mí, un niño de seis años al que su madre consolaba con dulzura y a la que, precisamente, acompañaba al campo a por hierba (cuando la hierba aún se podía coger sin temor a que estuviera contaminada por los pesticidas) en las tibias tardes del mes de mayo para dar de comer a aquellos que habían diezmado mi ejército de muñecos.

De aquellos recuerdos nacieron estos versos que dediqué a mi madre:


En tus ojos cansados madre
me estoy mirando,
quisiera recordar contigo
tiempos pasados.
Recuerdo con qué dulce esmero
con qué cuidado,
cuando era pequeño enjugabas
mi llanto amargo.
Recuerdo días de primavera,
tardes de mayo,
para recoger hierba fresca
fuimos al campo.
Luego volvíamos con el tibio
sol del ocaso,
por entre amapolas y juncos
fuimos pasando.
Y recuerdo tu cara alegre,
tus rojos labios,
el amor que en mi alma de niño
ibas dejando.
¡Cuánto me habrás querido!, ¿cómo
podré pagarlo?
Quizá con estos versos madre...,
con este abrazo.

Siguen las imágenes del pasado yendo y viniendo a mi memoria en un trasiego sin fin, unas más lejanas, otras menos, en una mezcolanza peculiar.
 

Con unos nueve o diez años, en las mañanas de la primavera tardía, acompañaba a mi padre y mis tíos a las afueras de la ciudad (unos tres o cuatro kilómetros) al chalé que estaban construyendo en no recuerdo muy bien dónde.

Íbamos andando, al alba, cuando el sol todavía no había salido. A lo largo del estrecho camino y a ambos lados nos flanqueaban un mar de olivos y algún que otro erial cubierto de flores silvestres… jaramagos, amapolas, lirios cárdenos… mientras con sus trinos y gorjeos los jilgueros, gorriones y alguna cogujada saludaban el amanecer.

El chalé estaba situado en un claro rodeado de árboles, la verdad es que me gustaba estar allí, se respiraba paz y tranquilidad. Luego, justo cuando el sol alargaba las sombras casi hasta el infinito impregnándolo todo de un rojo sangre volvíamos a casa, realmente disfrutaba de aquellos “paseos” durante los cuales dejaba volar la imaginación y fabricaba quiméricos castillos en el aire, todos cuantos mi imaginación infantil era capaz de crear…
 
 

Una mariposa nocturna se me ha posado en el brazo… Efímera… Ha levantado el vuelo… El silencio lo envuelve todo… Morfeo me llama y no le hago esperar. Hasta otro día.
Marco Atilio



domingo, 27 de noviembre de 2011

...y te sacarán los ojos


A nadie se le escapa que en estos tiempos que corren, la labor de ser padres es una tarea a veces demasiado complicada. Personalmente he tenido la suerte de tener dos hijos maravillosos, responsables y honestos. 
 
Tanto mi esposa como yo nos hemos esforzado siempre por inculcarles las más elementales normas de convivencia, hemos tratado de educarlos con unos valores que les hicieran personas dignas, decentes y justas y que el respeto por los demás fuera el leitmotiv de su proceder y, en todo momento, hemos procurado alejarlos de vicios no deseados. 
 
Todos nuestros esfuerzos en la adecuada educación de mis hijos han tenido su recompensa pero me consta que a veces, a pesar de los desvelos que los padres tienen con sus hijos, las cosas no salen como ellos han pretendido que salgan.
 
Hace unos días, hice un comentario en una entrada que publicó en su blog (del que yo soy partícipe) un amigo a propósito del comportamiento irracional de algunos hijos con respecto a sus padres. El contenido de esa reflexión que hice entonces es el tema del post que os propongo hoy. 
 
 


Mi amigo tituló su artículo “Cría cuervos…” así que yo he titulado el mío “…Y te sacarán los ojos”. Ahí van mis reflexiones a ver qué os parecen:
La labor de ser padres es difícil, luchamos con ahínco por su bienestar e intentamos que sean honestos inculcándoles unos valores que les hagan crecer como personas y los preparamos para enfrentarse al mundo con posibilidades de vencer.
 
A nosotros como padres, lo único que se nos puede exigir es el de criar a nuestros hijos de la mejor manera posible, dándoles el sustento necesario y la educación adecuada para convertirlos en personas adultas, responsables y capaces. Si luego, cuando crecen, se convierten en algo que no les hemos enseñado, si por causas del entorno o por no sé qué rayos, la falta de juicio, la irresponsabilidad, la crueldad…, se apodera de ellos y por desgracia para nosotros se convierten en unos descerebrados; de ninguna manera debemos claudicar ante sus chantajes, despotismo y falta de respeto. Tenemos que mantenernos firmes y dejarles muy claro que mientras estén bajo nuestro mismo techo las normas las pondremos nosotros y deberán acatarlas con todas sus consecuencias.
 
 

En este punto me vienen a la memoria unas palabras de una eminente psicóloga a propósito de la relación entre padres e hijos: “En muchos casos, la convivencia se hace tan insoportable que es mejor señalarles la salida de nuestro hogar y que se busquen la vida como adultos que son, que someterse a sus chantajes, insensibilidad y egoísmo. De otro modo se apoderarán de tal forma de nuestras vidas que seremos esclavos de sus designios en nuestra propia casa y convertirán nuestras vidas en un infierno”.
 
Palabras que las suscribo enteramente. Aunque se nos parta el alma y parte de ella se vaya con ellos, si no nos mantenemos firmes ante los abusos de nuestros hijos y los apartamos de nuestro lado a tiempo, sus conductas ingratas y egoístas terminarán por hacer de nuestros hogares una continua batalla campal en donde pueden llegar a ocurrir cosas muy desagradables que lamentaremos durante el resto de nuestras vidas.
 

Marco Atilio











sábado, 19 de noviembre de 2011

Crisis, capacidad crítica y elecciones


Aprovechando que hemos llegado a la jornada de reflexión de la campaña electoral me gustaría reflexionar (y nunca mejor dicho) con todos vosotros.
 
A menudo uno tiene que procurarse información sobre determinados temas para poder hacerse una idea cabal de la realidad en la que vive. En este momento uno de los problemas más de moda (por desgracia) es el de la crisis económica.
 
Ahora que estamos a las puertas mismas de las elecciones, sería bueno confrontar ideas, tendencias y soluciones para salir del embrollo en que está metida la economía española. Nada mejor para ello que buscar información, sopesarla y decidir cuál de los remedios y de los argumentos que se proponen pueden ser correctos, independientemente de las corrientes políticas e ideas dogmáticas de individuos y partidos. Si se tiene capacidad crítica y no nos movemos por pasiones ni fanatismos, podemos analizar sosegadamente las diversas proposiciones, programas, ideas y medidas que nos plantean cada uno de los partidos políticos que se presentan a las elecciones y votar aquellas tendencias que más se ajusten a nuestra idea de justicia, de igualdad, de valores y, en general, todos aquellos pronunciamientos que más se acerquen a lo que nosotros pensamos y queremos. 
 
 

Pero de cualquier manera hace falta información, mucha información. Esta información debiera provenir de profesionales que no tengan ningún tipo de vinculación con partido político alguno, que nos hagan ver clara la realidad para saber en todo momento en qué verdaderos terrenos andamos; eminentes economistas que sean sensibles a luchar por un estado justo en donde a las personas se les permita vivir con dignidad. Que aporten ideas sensatas y viables para que sus razonamientos sean una especie de líneas maestras a seguir por políticos que de verdad quieran salir de la crisis sin masacrar a la gran mayoría de sus conciudadanos. Hay grandes economistas como Paul Krugman, premio Nobel de economía en 2008 que reflexiona sobre las medidas anticrisis de los gobiernos:
 
“Las recetas que los distintos gobiernos europeos han dado a la crisis es a todas luces equivocada, la consecuencia de su medicina es que el sufrimiento al que se enfrentan tantos de nuestros ciudadanos es innecesario. Si esta es una época de increíble dolor y de una sociedad mucho más dura, ha sido por elección. No tenía, ni tiene, por qué ser de esta manera.”
 
Algunos, como otro premio Nobel de economía, Joseph Stiglitz, opinan que:

“Los banqueros centrales terminan por ser incapaces de resolver los problemas que tienen que resolver, como ahora, antes y durante la crisis, como consecuencia de su ceguera ideológica. Leyendo continuamente solo aquello que ratifica sus ideas preconcebidas y sus esquemas ideológicos no pueden sino tomar una y otra vez medidas en el mismo sentido y que por ello es imposible que reaccionen con flexibilidad y modifiquen sus posiciones cuando la realidad está mostrando que lo que piensan y hacen es completamente inefectivo para conseguir los objetivos que dicen que quieren conseguir”.
 
Debemos alejarnos de aquellos políticos cuyo fanatismo y afán de poder lo único que harán será confundirnos y mentirnos con su verborrea hipnotizadora y demagógica pues el único fin que persiguen es el de apoltronarse durante los cuatro años que dure su mandato.
 
Nadie nace con unas determinadas ideas políticas, éstas se van adquiriendo a través de los años, como tampoco tiene uno que estar ligado a ninguna en concreto por el resto de su vida. Hay que ser crítico y tener capacidad crítica, y cambiar el sentido de nuestro voto cuando lo creamos oportuno, porque esa es una de las bondades que nos proporciona la democracia.

Marco Atilio













viernes, 18 de noviembre de 2011

El lado amargo de mi trabajo


Hace unos días, en el vestuario, cuando me disponía a comenzar mi jornada laboral, me encontré con el traumatólogo saliente de guardia. Le pregunté qué tal había ido la noche y me respondió que fatal. La verdad es que debió ser así a tenor del cansancio que se reflejaba en su rostro. Luego me dijo que tuvo que atender a un chico joven (21 años) que había sufrido un accidente de tráfico mientras conducía una moto. Que, entre otras lesiones mucho más graves, tenía luxada la cadera pero que tras ímprobos esfuerzos no consiguió reducirla.
 
Las otras lesiones de las que hablaba eran un fortísimo golpe en el pecho y que después de una larga intervención quirúrgica, los cirujanos tuvieron que extirparle el bazo, parte del páncreas, un riñón y una glándula suprarrenal.
 
A media mañana, lo trajeron de la UCI al quirófano para intentar reducirle la luxación de cadera. Lo consiguieron al fin.
 
Cuando lo trasladábamos de nuevo a la UCI, en el pasillo nos encontramos con su familia que esperaba con impaciencia. Su padre, llorando, lo tocó suavemente en el pecho mientras avanzábamos con la cama.
 
Hace dos días, nos enteramos que Mariano (así se llamaba el muchacho) había muerto. Por lo visto de una insuficiencia respiratoria consecuencia del golpe en el pecho. No voy a negar que la noticia me sorprendió, creía que, pese a su gravedad, acabaría superando el trance. Evidentemente me equivoqué.
 
Mis compañeros y yo nos acercamos a la UCI para interesarnos por el muchacho y en ese momento estaban adecentándolo para su traslado al mortuorio. Mientras tanto, fuera en el pasillo se vivían escenas de un dolor indescriptible. Su padre y su madre, abrazados, lloraban desconsoladamente entre gritos y suspiros desgarradores. Un auténtico drama que te helaba la sangre de las venas.
 
Estamos preparados para enterrar a nuestros padres, pero nunca para enterrar a nuestros hijos. Sobre todo, como en este caso, cuando la muerte los arranca de nuestro lado apenas han empezado a vivir.
 
La traidora parca, siempre acechante e imprevisible, se cruzó en el camino de un joven fuerte y robusto arrebatándole la vida y de paso, dejando en el alma de sus padres una profundísima herida que por muchos años que pasen jamás cicatrizará.
 
Descansa en paz Mariano. 

Marco Atilio









domingo, 13 de noviembre de 2011

La mejor recompensa


En el intricado maremágnum de pasillos, consultas, salas, dependencias, servicios y recovecos varios de un hospital, puede resultar una tarea ardua llegar a donde uno quiere ir, muy especialmente si no se conoce el edificio. 

Hace unos días, mientras esperaba el ascensor, me fijé en un matrimonio de edad que me pareció andaban un poco perdidos y que daba la impresión de no saber muy bien a dónde tenían que dirigirse, eran dos abuelillos entrañables de un pueblecito pequeño y serrano (lo sé porque luego me lo dirían). Me acerqué a ellos y les pregunté si podía ayudarles en algo, la mujer me entregó un papel en donde ponía que su marido estaba citado para realizarle un TAC. 



Les indiqué por dónde tenían que ir para llegar al lugar donde se le realizaría la prueba diagnóstica y, aunque escuchaban con atención mis explicaciones, enseguida me di cuenta que no se estaban enterando muy bien, por tanto decidí acompañarles yo mismo. 

-Vengan conmigo, yo les llevaré (les dije). 

Una mirada de alivio y de agradecimiento se reflejó en la cara de los dos ancianos. 

Cuando llegamos, los acompañé a la sala de espera y les dije que se sentaran mientras yo le entregaba la hoja de citación a la enfermera. Cuando volví, les indiqué que esperaran y que pronto los llamarían. 

La mujer me cogió la mano y con una mirada dulce y agradecida me dijo: 

-¡Que Dios te bendiga, hijo mío! ¡Muchísimas gracias! 

-No hay de qué abuelita, ha sido un placer (contesté). 

Mientras me alejaba pensé en la mirada bondadosa de la ancianita y en sus tiernas palabras, una recompensa que no tenía precio. Pensé en lo gratificante que resultaba a veces mi trabajo y rogué porque el resultado del TAC que le hicieran al abuelillo fuera completamente normal. 
 

Marco Atilio












sábado, 5 de noviembre de 2011

Mi sobrino y su Virgen de Gracia


Hace dos años y cuatro meses, un ser muy querido para mí, el hijo de una de mis hermanas, sufrió un derrame cerebral que estuvo a punto de arrancarle la vida con apenas 25 años. Estuvo rozando la muerte de la que se libró por puro milagro.
 
Este sobrino mío es un gran devoto de la Virgen de Gracia de Úbeda (Jaén). De hecho era costalero de dicha Virgen portándola y procesionándola todos los Lunes Santos hasta que le sobrevino la hemorragia cerebral a que me he referido anteriormente. 


Para él no existe la más mínima duda que su curación se debió a la intercesión de su amada Virgen de Gracia. La verdad es que estuvo tan cerca de la muerte y su recuperación ha sido tan extraordinaria que incluso yo he pensado a veces si no estuvo la mano de su Virgen detrás de todo ello.

 

Sea como fuere, lo cierto es que en más de una ocasión, mi sobrino me ha pedido que escriba alguna entrada sobre la Virgen de Gracia, yo, que tanto lo quiero, no puedo desoír su petición y a modo de homenaje le voy a dedicar estos dos poemas que escribí hace tiempo. 


El primero trata sobre las sensaciones, un tanto subjetivas, que se perciben la noche del Lunes Santo al ver procesionar la cofradía por las calles de Úbeda. El segundo es la historia de un milagro, que bien podría extrapolarse a lo acaecido a mi sobrino.
 
Sin más dilación, aquí os dejo estos dos poemas que, si no os importa, son un regalo para mi querido sobrino:
 

VIRGEN DE GRACIA

La noche del Lunes Santo,
al tronar de una llamada,
las puertas del templo se abren,
sale la Virgen de Gracia.
 
Al compás de costaleros,
entre vítores y palmas,
traspasada ya la puerta,
¡hasta el cielo la levantan!
 
Dos hileras de cofrades
por las calles la acompañan,
tambores y timbalinas
rompen el silencio y la calma.
 
La negra noche se llena
de suspiros y plegarias,
de luces y de misterio,
de perfumes y fragancias.
 
De músicas melancólicas,
de soledad y esperanza,
de olor a cera y a incienso,
de aroma de flores blancas.
 
De penitentes descalzos
que pidieron por su alma,
y llevan la penitencia
de las promesas lejanas.
 
Del sabor de una saeta
que resuena en la garganta,
manantial de sensaciones
que en el aire se derraman.
 
Con un aura de misterio
el trono en silencio pasa,
y arranca de lo más hondo
emociones y palabras;
 
palabras de amor que nacen
en el fondo de mi alma,
al ver pasar la Señora,
Nuestra Señora de Gracia.
 

PLEGARIA A LA VIRGEN DE GRACIA

Postrada de hinojos
Señora de Gracia,
ya estoy a tu lado
como esta mañana.

A pedirte vengo
con fe y esperanza,
remedio a un problema
que acucia mi alma,
y al que no le hallo
soluciones claras,
para que a mi vida
regrese la calma.

Mi niño pequeño
enfermo está en cama,
su infantil alegría
se fue de su cara,
sus ojos, muy tristes
me miran y hablan,
pidiéndome ayuda
y yo, destrozada,
no encuentro consuelo
que darle a su alma,
y lloro en silencio
perdida en la nada.

Al ver mi tristeza
ayer, mis hermanas,
dijeron que rece
a la Virgen de Gracia,
la que el Lunes Santo
caminan en andas,
por calles estrechas
poco iluminadas.

Por eso he venido
Señora de Gracia,
a llenar de flores
tu figura blanca
y a pedir que la dicha
regrese a mi casa.

¡Que vuelva a mi niño
su sonrisa clara!,
¡que vuelva a besarme
cuando despertaba
y diga mamá
con su voz de plata...!

Pasaron los días
y a las dos semanas,
para mi alegría
mi niño sanaba.

Volví a la Señora
y le di las gracias,
llevando a mi hijo
que ya caminaba.

¡Aquí está mi niño
Señora de Gracia,
le has dado la vida
que se le escapaba!

Miré a la Señora,
repetí las gracias,
de la alta torre
sonó la campana…

Entrando en el templo,
con alas de nácar,
una mariposa
revoloteaba.

¡Esta es la respuesta
pensé, a mis plegarias!,
alzando los ojos
a la Imagen Santa.

Y llegó hasta mí,
cual si me escuchara,
de flores hermosas,
la rica fragancia.

Marco Atilio







































































































































domingo, 30 de octubre de 2011

Lecciones Magistrales


A menudo tengo largas charlas con mi padre, un abuelillo entrañable que en breve cumplirá 86 años. De su sabiduría he bebido a través de los años y me ha enseñado a cuidar unos valores que siempre me han acompañado a lo largo de mi vida: “La tolerancia, el respeto por los demás, la honestidad…” y me ha inculcado la esencia del crecimiento personal que no es otra cosa que la autoestima.
 
Siempre han sido muy provechosas las conversaciones con mi padre y siempre he sacado alguna moraleja de sus enseñanzas.
 
Hace pocos días lo encontré, como hace siempre a las nueve de la noche, delante del televisor viendo el telediario, él está muy sordo, por lo tanto no oye lo que están hablando, sin embargo, le gusta ver las noticias aunque no se entere muy bien de lo que están diciendo. Pero lo que no se pierde por nada del mundo es el pronóstico del tiempo, lo suele ver en diferentes cadenas, y lo hace desde hace años.
 
Le pregunté cómo se las ingeniaba cuando era más joven y no había televisores ni radios (al menos no en su casa) para enterarse del pronóstico del tiempo.
 
La respuesta fue de Perogrullo, proporcional a mi estúpida pregunta:
 
-Sabíamos que llovería cuando llovía, sabíamos que haría frío cuando hacía frío.
 
De todas formas, luego dijo algo que ya no hizo tan estúpida mi pregunta, dijo:
 
-Aunque nosotros -se refería a la gente en general- teníamos nuestros métodos para saber más o menos el pronóstico del tiempo. Sabíamos por ejemplo que si la Luna tenía cercos (halos) era señal de que llovería pronto. También sabíamos que un cielo rojo al atardecer indicaba que al día siguiente haría buen tiempo, por el contrario si el cielo a la puesta de sol era de color amarillo era probable que lloviera durante la noche. Un cielo rojo al alba normalmente indicaba que llovería durante el día.
 
Yo sabía que todo lo que me decía mi padre a propósito de la contemplación del cielo para pronosticar el tiempo tenía una base sólida. Por ejemplo: La idea de que un halo es señal de lluvia se remonta a las observaciones realizadas por los antiguos chinos. Los halos se producen en los cirroestratos que suele ser síntoma de la aproximación de una depresión. Un cielo rojo al atardecer frecuentemente indica que al día siguiente hará buen tiempo. Muestra que el cielo hacia el oeste está bastante limpio de nubes. A la salida del Sol, el mismo color sugiere que las nubes altas se están esparciendo desde el oeste y que durante el día avanzará un frente de lluvias. El color amarillo a finales de la tarde normalmente significa que la atmósfera está húmeda y que la lluvia se desplazará durante la noche.
 
La conversación con mi padre siguió más o menos como sigue:


-¿A qué hora tocaba el despertador por la mañana para ir a trabajar? -Le pregunté.
 
-¿Despertador? ¡Entonces no teníamos despertador, ni siquiera teníamos relojes! Los trabajadores no nos podíamos permitir esos “lujos” -Noté en sus palabras un punto de amargura.
 
Siguió explicándome:
 
-Antes de que empezara a clarear tenías que levantarte, y estar en el tajo cuando salía el sol, en ese momento comenzaba la jornada y se prolongaba hasta que el sol se ponía.
 
-En el tiempo de la siega -prosiguió- vivíamos en cortijos en cuyos alrededores se explotaban cientos de hectáreas de trigo, yo estuve en varios, uno de los más grandes se llamaba “Mainilla”, allí segábamos alrededor de 40 segadores. Como he dicho antes, se comenzaba a segar cuando el sol despuntaba por el horizonte. A una orden del capataz, todos los segadores en hilera doblábamos el espinazo y hoz en mano comenzábamos la faena. Yo llevaba una faja para proteger los riñones ya que el cuerpo se mantenía doblado todo el día, de vez en cuando tenías que “estirarte” porque el dolor de cintura era enorme. Sólo un segundo, enseguida el capataz te apremiaba para que prosiguieras el trabajo.
 
-¡Un asco! -Exclamé.
 
-¿Asco? Eran bazofia los capataces, parece que los elegían a propósito para sacarte hasta la última gota de sudor. -Replicó mi padre que luego prosiguió su relato:
 
-Sobre las nueve y media de la mañana, el ranchero traía las migas al tajo, colocábamos la sartén sobre un haz y almorzábamos. Tras el almuerzo otra vez a segar, nos aguardaban interminables surcos que no acababan nunca, esto de alguna manera te afectaba psicológicamente y venía a unirse a los dolores físicos que padecías, al calor, a los molestos insectos.
 
Tras una breve pausa, después de hurgar en sus recuerdos continuó:
 
-El sol caía a plomo sobre los campos de trigo, el sudor nos empapaba desde la cabeza a los pies, era como si nos hubiéramos caído al río, entre tanto el capataz te azuzaba para que no aflojaras el ritmo.
 
-A las dos de la tarde -continuó mi padre- parábamos a comer, el ranchero, como había hecho antes con el almuerzo, traía la comida al tajo, si había algún árbol, un olivar cercano… comíamos a la sombra, de lo contrario la única sombra que teníamos era la que nos proporcionaba nuestro sombrero de paja. Luego descansábamos durante hora y media debajo de algún olivo (si los había, como ya he dicho) o debajo de algún haz de trigo. Pasado ese tiempo continuábamos segando hasta que el sol trasponía por el horizonte momento en que dábamos de mano y nos trasladábamos al cortijo que solía estar cerca. La verdad es que era lo más parecido a la esclavitud porque encima te pagaban “cuatro perras gordas”. Eran años malos aquellos de la dictadura franquista, los trabajadores apenas teníamos derechos y los empresarios y caciques se aprovechaban de mano de obra barata explotándonos hasta la extenuación.
 
-Como de hecho está ocurriendo ahora -dije entre dientes.
 
Dejó de hablar, clavó los ojos en un punto indeterminado de la habitación, un rictus de melancolía se reflejaba en su rostro, era como si tratara de buscar los culpables de sus penalidades… no los había, tal vez el azar, el destino, la vida… quien sabe.
 
De pronto rompió su silencio con una frase que reflejaba muy bien lo que pensaba de aquellos años y de las zozobras pasadas:
 
-¡Todo era basura, escoria pura y dura, eso es lo que era!
 
Así acabó nuestra charla, con sus palabras me recordó por enésima vez dos principios que nunca he olvidado: El espíritu de sacrificio y la lucha constante para sobrevivir en un mundo a veces demasiado cruel.
 
Por suerte, mi padre goza de una apacible y feliz jubilación (por muchos años). Acaso un justo premio a su abnegada y laboriosa lucha por su familia, a su abnegada y laboriosa lucha por vivir.
 

Marco Atilio



























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