BIENVENIDOS A YUMYS GALAXY, EL RINCÓN DE MARCO ATILIO.

jueves, 7 de febrero de 2019

Desenlace lógico...

La vida es extraña, misteriosa, con un punto de injusticia que no es que sea consecuencia de la propia vida, porque lo injusta o no de ella depende de las personas que viven hoy, que vivieron ayer o que vivirán mañana… pero en fin, ese es otro asunto que en nada tiene que ver con esta reflexión.

La vida tiene un desenlace lógico aplastante… ¡la muerte!

Todo aquello que vive hoy morirá mañana, es así de triste o así de natural. Otra vez ese desenlace lógico aplastante.

Todas las personas que han vivido, que viven y que vivirán tienen un enemigo común, un enemigo inflexible, inexorable, déspota y cruel: ¡EL TIEMPO!

El tiempo pasa y con él las personas también pasan, pero los espacios permanecen. Esos espacios que durante un tiempo llenaron personas que ya no están, ahora los ocupan otras y cuando éstas no estén otras vendrán a ocuparlos y así, en una eterna cadena, la cadena de la existencia.

Los lugares no tienen memoria, las personas sí la tienen y llenan con ella los espacios de aquellas que un día los llenaron. Pero, al final, los lugares que vieron tantas vidas pasar por ellos se quedarán sin memoria, no quedará ni el más mínimo rescoldo ya que todas las personas que una vez convivieron juntas se habrán marchado. Poco a poco, una a una, pero el tiempo es implacable. Al fin, se habrán marchado todas y ya no quedará memoria que valga, solo si has sido alguien célebre, para bien o para mal, te recordará la historia. Pero la inmensa mayoría de las personas que han vivido y que vivirán sobre La Tierra son personas anónimas, a esas se las recordará mientras vivan los que las conocieron, sus amigos, sus familiares… quizá durante un par de generaciones o tres, luego… el olvido, el olvido eterno. Nadie sabrá después nada de ellas. Si eran felices o no, altos o bajos, gordos o delgados, negros o blancos, buenos o malos. NADA.

Y los lugares donde habitaron, los paisajes que vieron, las piedras que pisaron, los espacios donde vivieron…, seguirán existiendo. Puede que con otra apariencia pero estarán en el mismo sitio en donde ayer, hoy y mañana han existido personas; personas con sus problemas, con sus alegrías y penas… con sus emociones.

¡INCREÍBLE!

Ese desenlace lógico aplastante de la vida que es la muerte es enigmático y misterioso y algo en lo que pensar aunque sin muchas probabilidades de entender.

En fin…

Marco Atilio

jueves, 10 de enero de 2019

Paseo con mi Julita

Autor de la foto: Antonio Urrutia Hidalgo

El sol había caído lo suficiente como para alargar las sombras hasta el infinito. En el marco incomparable del Paseo de las Murallas de Baeza, cuando la tarde se escapaba casi con prisa, caminaba la “Julita”. Asida a mi brazo derecho  y con torpe paso llevaba sus  múltiples dolores, no solo los del cuerpo sino también los del alma, con la resignación que dan sus 87 años y pico.

Sé que estos días invernarles te ponen triste, te llenan de melancolía, de añoranza, de recuerdos... de soledad.

Por eso quería que disfrutaras junto a tus hijos de la especial calidez de esta tarde de enero y del impresionante paisaje del Valle alto del Guadalquivir. Porque el entorno y la tibia temperatura hacían muy agradable el paseo… aunque tú no lo disfrutaras como nosotros.

Y entiendo perfectamente a mi madre. Entiendo que cuando se han vivido tantos años el interés y los anhelos se vayan perdiendo. Porque  lleva sobre sus espaldas la pesada carga de sus muchos años de vida, de unas alforjas demasiado llenas, llenas de vivencias, de recuerdos de personas amadas que partieron hacia donde intuye que partirá ella en no demasiado tiempo.

¡Ay Julita! ¡Qué efímera es la vida! ¡Qué rápido se pasó el tiempo!

Llevas ya demasiada experiencia acumulada. En tu largo camino por la vida se fueron perdiendo las ilusiones y las esperanzas fueron menguando con el transcurrir del inexorable paso del tiempo…

Con paso lento y cansado aunque impaciente por llegar, cogida de mi brazo, nos adentramos en las calles que rodean el Paseo de las Murallas en busca del coche que la llevaría a la cálida paz de su hogar. Porque en su hogar se sentiría bien, sola con sus soledades descansaría su cuerpo… y su alma.

Querida madre: Disfrutaré todo lo que pueda de tu compañía en los años, que no han de ser muchos, que todavía te queden por vivir. Porque me has dado mucho sin pedir nunca nada a cambio, por todo el amor que me has dado y que sigues dándome te digo…

¡Gracias!

Gracias por sufrir conmigo y por alegrarte conmigo...

Gracias por ser mi madre…

Gracias por... por tantas cosas..., mi querida y adorada Julita.

Marco Atilio

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