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lunes, 16 de marzo de 2015

Don Jefe

don jefecito

Ejemplares como el que sigue nos los encontraremos, seguro, en alguna ocasión a lo largo de nuestras vidas. Hay muchos que campan a sus anchas por nuestras tierras españolas, para desgracia de todos los que directamente los sufren. Aquí, una muestra:

Don Jefe pasea ufano y pomposo su jefatura. Ha tenido que intrigar, maquinar y enredar para conseguirla, y ahora es el momento de pavonearse con el ansiado trofeo. Su jefatura, su bien más preciado, la exhibe arrogante, fanfarrón y jactancioso.

Don Jefe necesita que lo consideren jefe, necesita que se lo digan, que reconozcan que él está al mando. Si no se lo dicen, ya se encargará él de recordárselo a los demás. Porque Don Jefe se siente gozoso por el mero hecho de ejercer el poder. Necesita ser jefe porque considera que es algo consustancial a su superioridad natural, a sus saberes indiscutibles, evidentes y axiomáticos.

Don Jefe se cree y se siente infalible, casi omnipotente. Si él no puede hacer una cosa, nadie podrá hacerla, porque, según su inefable criterio, él es lo máximo, la certeza absoluta, la eficacia llevada al súmmum.

Don Jefe posee un ego superlativo; su narcisismo y petulancia son prácticamente patológicos. Desde sus desequilibradas entendederas, todos los demás le parecen idiotas.

Don Jefe no sabe pedir las cosas por favor ni dar las gracias. Nunca tiene una buena palabra o un gesto amable, sobre todo con aquellos a quienes su peculiar mentalidad considera inferiores.

La sonrisa de Don Jefe es una auténtica amenaza, ya que detrás de ella intenta esconder sus aviesas intenciones. A menudo utiliza el sarcasmo y la ironía para herir a los demás, desprestigiarlos, humillarlos, dejarlos en ridículo y marcar el terreno de su supuesta «superioridad».

Don Jefe no mira a la cara a sus «inferiores». Eso sería, para él, un signo de condescendencia, una forma de aceptar la opinión de quien considera prescindible y anecdótico. Para él, las opiniones de esos insignificantes seres no merecen ser escuchadas ni, por supuesto, tenidas en cuenta.

Don Jefe carece por completo de empatía hacia las personas que considera inferiores, según su mente ilógica, irracional y absurda. Tampoco tiene conciencia, así que sus malas artes no le generan ningún tipo de remordimiento.

Don Jefe muestra algunos rasgos psicopáticos que, por otra parte, pueden encontrarse también en determinados individuos atraídos por los puestos de poder. Algunos de esos rasgos ya los he apuntado más arriba; en general, incluyen la falta de remordimiento, una amabilidad que puede aparecer y desaparecer sin previo aviso, el egocentrismo, la mentira, la capacidad de manipulación, la impulsividad y la pobreza emocional.

Don Jefe es una persona que no merece ningún tipo de respeto, porque con sus acciones diarias lo pierde a los ojos de los demás. En realidad, tiene una personalidad tan compleja y peculiar, tan ilógica y absurda, que lo único que produce, aparte de pena, es hilaridad.

lunes, 2 de marzo de 2015

Mi camino

 p (101)
Con todo el amor que puedo dar dedico este pequeño poema a mi querida madre, mi querida Julita, uno de mis más preciados tesoros.

 En las largas soledades,
cuando la noche se cierne
sobre mi cuerpo, mi alma
y la tristeza me envuelve;
llegan hasta mí recuerdos
de una señora valiente,
que ha luchado por la vida
y por mantenerme a flote.

Esta señora es mi madre
que yo nací de su vientre,
dar mucho a cambio de nada
su virtud ha sido siempre.

En los momentos más tristes,
cuando la vida me hiere,
cuando el camino se torna
lleno de espinas crueles,
busco refugio en mi madre
que ella si sabe entenderme
y sabe curar las heridas
que a veces tanto me duelen.

Eres para mí el camino
que me lleva y que me envuelve,
que me hace afrontar la vida
por senderos diferentes.

Sé que te tengo a mi lado,
que mi alegría es tu suerte,
que haces tuyos mis triunfos
y mis fracasos te duelen.

Cuando ya no estés conmigo,
cuando la muerte te lleve,
yo sé, que desde allá arriba,
vendrás para protegerme.

 Por suerte, aunque ya muy viejita, mi madre todavía vive… por muchos años.


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