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jueves, 10 de enero de 2019

Paseo con mi Julita

Autor de la foto: Antonio Urrutia Hidalgo

El sol había caído lo suficiente como para alargar las sombras hasta el infinito. En el marco incomparable del Paseo de las Murallas de Baeza, cuando la tarde se escapaba casi con prisa, caminaba la “Julita”. Asida a mi brazo derecho  y con torpe paso llevaba sus  múltiples dolores, no solo los del cuerpo sino también los del alma, con la resignación que dan sus 87 años y pico.

Sé que estos días invernarles te ponen triste, te llenan de melancolía, de añoranza, de recuerdos... de soledad.

Por eso quería que disfrutaras junto a tus hijos de la especial calidez de esta tarde de enero y del impresionante paisaje del Valle alto del Guadalquivir. Porque el entorno y la tibia temperatura hacían muy agradable el paseo… aunque tú no lo disfrutaras como nosotros.

Y entiendo perfectamente a mi madre. Entiendo que cuando se han vivido tantos años el interés y los anhelos se vayan perdiendo. Porque  lleva sobre sus espaldas la pesada carga de sus muchos años de vida, de unas alforjas demasiado llenas, llenas de vivencias, de recuerdos de personas amadas que partieron hacia donde intuye que partirá ella en no demasiado tiempo.

¡Ay Julita! ¡Qué efímera es la vida! ¡Qué rápido se pasó el tiempo!

Llevas ya demasiada experiencia acumulada. En tu largo camino por la vida se fueron perdiendo las ilusiones y las esperanzas fueron menguando con el transcurrir del inexorable paso del tiempo…

Con paso lento y cansado aunque impaciente por llegar, cogida de mi brazo, nos adentramos en las calles que rodean el Paseo de las Murallas en busca del coche que la llevaría a la cálida paz de su hogar. Porque en su hogar se sentiría bien, sola con sus soledades descansaría su cuerpo… y su alma.

Querida madre: Disfrutaré todo lo que pueda de tu compañía en los años, que no han de ser muchos, que todavía te queden por vivir. Porque me has dado mucho sin pedir nunca nada a cambio, por todo el amor que me has dado y que sigues dándome te digo…

¡Gracias!

Gracias por sufrir conmigo y por alegrarte conmigo...

Gracias por ser mi madre…

Gracias por... por tantas cosas..., mi querida y adorada Julita.

Marco Atilio

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