BIENVENIDOS A YUMYS GALAXY, EL RINCÓN DE MARCO ATILIO.

domingo, 30 de junio de 2019

Sueldos alcaldes y concejales

En general, una de las primeras medidas de los nuevos alcaldes y concejales de los ayuntamientos españoles, constituidos tras las pasadas elecciones municipales del 26 de mayo, ha sido subirse el sueldo, en algunos casos más de un 40 por ciento. Lo hacen de forma tan prematura, por la sencilla razón de que confían en que a la gente se le olvide su desfachatez a lo largo de la legislatura y estas medidas tan impopulares, no les pasen factura en próximas elecciones.

Estos sueldos de nuestros “queridos” alcaldes y concejales, están muy por encima del sueldo medio en España y no digamos del sueldo más habitual de los trabajadores. No es mi intención marearos con cifras y datos, estos podéis consultarlos en Internet fácilmente. De cualquier manera en la imagen de arriba tenéis los límites salariales máximos que pueden percibir los alcaldes y concejales de nuestro país. Y podéis creerme si os digo que los sueldos reales de nuestros políticos municipales se acercan muy mucho a esos límites, y ahora, con estas subidas, mucho más.

En fin, con la que ha caído y está cayendo en España a nivel salarial, en que muchas familias todavía no pueden siquiera llegar a fin de mes, llegan nuestros “queridos” políticos/as municipales y se suben (y de qué manera) sus salarios (ya de por sí bastante generosos) sin ningún tipo de complejo ni rubor.

Me parece una medida a todas luces inmoral y vergonzosa.

Esta gente está totalmente alejada de la realidad social que hay en nuestro país y campan con su hipocresía con total desfachatez. No hay que ser un lince para saber que la gran mayoría de los políticos entran en política para arreglar sus vidas, no las de los demás. Creo que esto resulta prácticamente axiomático. La verdad es que la política es un negocio de lo más ventajoso.

Solo se me ocurren dos palabras para definir estas actitudes:  

¡Repugnante y vomitivo!

Pero seguiremos votándoles.

Marco Atilio

viernes, 26 de abril de 2019

¿Por qué se vota a Vox?


 Vox representa a los nostálgicos de la dictadura que sumió a España en 40 años de represión y atraso. Vox representa los rescoldos del franquismo, rescoldos que creíamos apagados pero que en realidad estaban todavía candentes dentro de la guarida del PP.

Ahora han visto la oportunidad propicia y, jugando hábilmente con las emociones borreguiles de la gente, han salido a escena cual elefante en una cacharrería.

Y lo que es más lamentable es que el PP, aunque de este partido no me extraña tanto, y Ciudadanos, han hecho un guiño claro a pactar con un Partido que recuerda tristemente a los años más oscuros de la dictadura franquista.

No me puede extrañar que el PP se sienta más o menos cómodo con estos compañeros de viaje porque, en definitiva, es el lecho donde descansaba Vox. Lo que  no puedo comprender es como un Partido que dice mirar al futuro, que quiere romper con las viejas políticas, un partido supuestamente reformador como se define Ciudadanos, no niegue taxativamente cualquier acercamiento a un Partido de Ultraderecha.

Como tampoco puedo entender que haya gente, (trabajadores, desempleados, gente humilde…) que no se sabe muy bien por qué, vayan a votar a un Partido contrario a la Sanidad Pública, a la Educación Pública, que se decante por un sistema mixto de pensiones con el último fin de privatizarlas..., contrario en definitiva al Estado del Bienestar. Ideario que no precisamente favorece a ese estrato de la sociedad. Sin embargo van a votar un Partido de extrema derecha aunque les perjudique claramente.

Bueno, en realidad sí puedo intuir por qué se puede producir esta paradoja:

Por la falta de pensamiento crítico. ¡POR LA INCULTURA!

Esta frase mía publicada en Twiter define muy bien a lo que me refiero:

“A un pueblo inculto es fácil manipular, adoctrinar, amaestrar, aborregar y, en último término, subyugar”.

Ahí tenéis la respuesta.

Marco Atilio

martes, 16 de abril de 2019

Incendio en Notre Dame

Ayer fue un día de luto para el arte, la cultura y la belleza del mundo. La Catedral de Notre Dame en París ardía por un fuego accidental del que a fecha de hoy no se conocen las causas.

La aguja de la catedral y el techo colapsaron y tanto el espacio interior como muchos de los artefactos que albergaba fueron gravemente dañados. Las llamas envolvieron la parte superior de la catedral, incluyendo sus dos campanarios y la torre central, con el techo y la aguja que se derrumbó. La estructura primaria, incluidas las dos torres, y un tercio del techo, no resultaron dañados.

Las principales obras de arte y reliquias de Notre Dame pudieron salvarse del incendio. La Corona de Espinas, un fragmento de la Cruz Verdadera, uno de los Santos Clavos, las estatuas de bronce de los doce apóstoles y la túnica de San Luís están ahora en un lugar seguro según la alcaldesa de París Anne Hidalgo.

A mí, como amante del arte y de la cultura, el siniestro me ha producido un gran pesar. Siglos de historia se han consumido en unas horas en el monumento más visitado de Europa y uno de los más visitados del mundo. Edificio arquitectónico emblemático de París y de Francia entera. Muy querido por los franceses y seguramente también por todos aquellos que hayan podido disfrutar de su contemplación alguna vez en su vida.

Yo no he tenido el privilegio de visitar Notre Dame en ninguna ocasión pero, como he dicho antes, como amante del arte, de la cultura y de la belleza en general, estoy profundamente afectado por este desgraciado suceso. Una pena que en unas horas se hayan destruido tantos siglos de historia. Día de luto para la cultura mundial.

¡Una lástima, una verdadera lástima!

Marco Atilio

lunes, 1 de abril de 2019

Referéndum de autodeterminación

No sé por qué no dejan que los catalanes puedan votar en un referéndum de autodeterminación. Yo estaría de acuerdo con ese referéndum. Ahora, eso sí, un referéndum pactado y cualificado. Si el 90 por ciento de los catalanes quieren irse de España tanta paz lleven como descanso dejen.

Digo el 90 por ciento porque creo que ese sería un porcentaje adecuado para legitimar una decisión abrumadoramente mayoritaria. De otro modo no sería posible ya que menor porcentaje significaría que demasiados catalanes, tan catalanes como los independentistas, querrían quedarse en España y eso no legitimaría los sueños secesionistas de los catalanes partidarios de la independencia.

Por el contrario, si no secundan la independencia ese 90 por ciento, Cataluña seguiría siendo una Autonomía española como hasta ahora. Y a otra cosa mariposa.

Marco Atilio

martes, 12 de marzo de 2019

Pasado dulce... y cruel

Esto que sigue a continuación no pretendo que lo entendáis, son simples reflexiones que de un tiempo a esta parte me hago con cierta frecuencia. Reflexiones en voz alta que comparto con todo aquel o aquella que pueda pasarse por este blog. Y mira, a lo mejor alguno/a se identifica con ellas. ¿Quién sabe?

*******

“El tiempo y la distancia son poderosos aliados del olvido, y aunque a las personas nos queden los recuerdos, estos se van difuminando con el paso de los años”. Esta frase que acuñé en 2005, es una verdad prácticamente axiomática.

Durante veintitantos años trabajé acometiendo una labor que me encantaba hacer. Para mí no era un trabajo, era una satisfacción y un honor contribuir con mi pequeño grano de arena a la noble tarea de ayudar a los demás.

Día por día durante todos esos años, me rodeé, en su gran mayoría,  de gente maravillosa. Compañeros y compañeras que, desde su distinta responsabilidad profesional, cooperaban conmigo… y yo con ellos, para poder brindar una calidad asistencial lo más eficaz y humana posible.

A lo largo de todos esos años fui creando un vínculo precioso con muchísimos de ellos, de compañerismo y en muchos casos de amistad.

Solo la mala suerte me separó de esa dulce rutina diaria de la que disfrutaba. Mala suerte en forma de operación quirúrgica que me apartó definitivamente de aquellos/as que habían compartido mi vida durante tantísimo tiempo, llegando a convertirse en mi otra familia, mi familia profesional y por la que siento tanto cariño.

Pero ese cuento maravilloso se quebró por culpa de una maldita lesión que me impidió seguir con aquella dulce rutina, y que me separó para siempre de unas magníficas personas de cuya presencia disfrutaba a diario.

Ha pasado mucho tiempo, demasiado tiempo. La frase del principio empieza a cobrar todo su sentido. El tiempo es un viento demasiado fuerte que hace muy difícil caminar en su contra. Ese viento lo va arrollando todo. Las relaciones interpersonales que mantenía en otra época, frescas, diarias, las diluye como a un azucarillo disuelve el agua.

Ya no soy partícipe de esa cotidianidad de tantos años y lo que sucede en aquel espacio, que fue mi segunda casa durante tanto tiempo, hace mucho que me resulta totalmente ajeno. Incluso hay demasiadas caras nuevas, gente que no conozco y que no he conocido y con la que no me une ninguna clase de vínculo. Esa renovación, lógicamente necesaria, hace que todavía me resulte más lejano… o diría mejor, más extraño, aquel espacio por donde transitara durante una buena parte de mi vida. Ya nada es igual.

Echo la vista atrás y todavía siento una añoranza que incluso llega a ser despiadada. Porque me acuerdo de muchas personas que me hicieron feliz con tan solo su presencia. Que las veía casi a diario y que ahora están tan lejos. Ya solo existen en mis recuerdos porque no las veo (salvo raras excepciones) prácticamente nunca. Solo en algún evento social aislado coincido con varias de ellas, solo unas pocas horas, luego… se alejan de nuevo durante, otra vez mucho, mucho tiempo.

Tengo la sensación de que no he pasado página, de que sigo anclado a un pasado que, aunque dulce, su recuerdo me sigue torturando por lo que pudo ser y no fue. No acabo de acostumbrarme a este forzado y definitivo alejamiento. Y es que, realmente hay cosas que me siguen atando a ese pasado. Cosas probablemente un tanto subjetivas, pero que necesito vencer y liberarme al fin de las ataduras de un tiempo que jamás volverá y que en nada me benefician emocionalmente.

Hay una frase anónima que me parece muy sabia y que refleja muy bien mi problema, la frase dice: “Es gran error arruinar el presente, recordando un pasado que ya no tiene futuro”.

Los recuerdos hay que disfrutarlos cuando son bonitos, los míos lo fueron durante esa época, y disfruto de ellos con frecuencia; pero no puedo, ni debo, anclarme a un pasado que definitivamente quedó atrás.

En cualquier caso, espero conseguirlo más pronto que tarde. Supongo que lo haré en cuanto consiga poner fin a una serie de cuestiones que hoy por hoy obstaculizan esa tarea. Sé que no será fácil, aunque alguna vez tendré que acometer esa difícil misión. Cuando lo haga podré desligarme definitivamente de ese dulce pasado pero que, en definitiva, no deja de ser pasado.

Y termino con otra de mis frases, creo que acertada también (y perdón por la inmodestia). Aquella que dice: “Las personas pasan, las cosas pasan, todo queda atrás, se apagan los recuerdos, solo queda el olvido. Es el precio que se cobra… ¡El implacable paso del tiempo!”.

Marco Atilio


jueves, 7 de febrero de 2019

Desenlace lógico...

La vida es extraña, misteriosa, con un punto de injusticia que no es que sea consecuencia de la propia vida, porque lo injusta o no de ella depende de las personas que viven hoy, que vivieron ayer o que vivirán mañana… pero en fin, ese es otro asunto que en nada tiene que ver con esta reflexión.

La vida tiene un desenlace lógico aplastante… ¡la muerte!

Todo aquello que vive hoy morirá mañana, es así de triste o así de natural. Otra vez ese desenlace lógico aplastante.

Todas las personas que han vivido, que viven y que vivirán tienen un enemigo común, un enemigo inflexible, inexorable, déspota y cruel: ¡EL TIEMPO!

El tiempo pasa y con él las personas también pasan, pero los espacios permanecen. Esos espacios que durante un tiempo llenaron personas que ya no están, ahora los ocupan otras y cuando éstas no estén otras vendrán a ocuparlos y así, en una eterna cadena, la cadena de la existencia.

Los lugares no tienen memoria, las personas sí la tienen y llenan con ella los espacios de aquellas que un día los llenaron. Pero, al final, los lugares que vieron tantas vidas pasar por ellos se quedarán sin memoria, no quedará ni el más mínimo rescoldo ya que todas las personas que una vez convivieron juntas se habrán marchado. Poco a poco, una a una, pero el tiempo es implacable. Al fin, se habrán marchado todas y ya no quedará memoria que valga, solo si has sido alguien célebre, para bien o para mal, te recordará la historia. Pero la inmensa mayoría de las personas que han vivido y que vivirán sobre La Tierra son personas anónimas, a esas se las recordará mientras vivan los que las conocieron, sus amigos, sus familiares… quizá durante un par de generaciones o tres, luego… el olvido, el olvido eterno. Nadie sabrá después nada de ellas. Si eran felices o no, altos o bajos, gordos o delgados, negros o blancos, buenos o malos. NADA.

Y los lugares donde habitaron, los paisajes que vieron, las piedras que pisaron, los espacios donde vivieron…, seguirán existiendo. Puede que con otra apariencia pero estarán en el mismo sitio en donde ayer, hoy y mañana han existido personas; personas con sus problemas, con sus alegrías y penas… con sus emociones.

¡INCREÍBLE!

Ese desenlace lógico aplastante de la vida que es la muerte es enigmático y misterioso y algo en lo que pensar aunque sin muchas probabilidades de entender.

En fin…

Marco Atilio

jueves, 10 de enero de 2019

Paseo con mi Julita

Autor de la foto: Antonio Urrutia Hidalgo

El sol había caído lo suficiente como para alargar las sombras hasta el infinito. En el marco incomparable del Paseo de las Murallas de Baeza, cuando la tarde se escapaba casi con prisa, caminaba la “Julita”. Asida a mi brazo derecho  y con torpe paso llevaba sus  múltiples dolores, no solo los del cuerpo sino también los del alma, con la resignación que dan sus 87 años y pico.

Sé que estos días invernarles te ponen triste, te llenan de melancolía, de añoranza, de recuerdos... de soledad.

Por eso quería que disfrutaras junto a tus hijos de la especial calidez de esta tarde de enero y del impresionante paisaje del Valle alto del Guadalquivir. Porque el entorno y la tibia temperatura hacían muy agradable el paseo… aunque tú no lo disfrutaras como nosotros.

Y entiendo perfectamente a mi madre. Entiendo que cuando se han vivido tantos años el interés y los anhelos se vayan perdiendo. Porque  lleva sobre sus espaldas la pesada carga de sus muchos años de vida, de unas alforjas demasiado llenas, llenas de vivencias, de recuerdos de personas amadas que partieron hacia donde intuye que partirá ella en no demasiado tiempo.

¡Ay Julita! ¡Qué efímera es la vida! ¡Qué rápido se pasó el tiempo!

Llevas ya demasiada experiencia acumulada. En tu largo camino por la vida se fueron perdiendo las ilusiones y las esperanzas fueron menguando con el transcurrir del inexorable paso del tiempo…

Con paso lento y cansado aunque impaciente por llegar, cogida de mi brazo, nos adentramos en las calles que rodean el Paseo de las Murallas en busca del coche que la llevaría a la cálida paz de su hogar. Porque en su hogar se sentiría bien, sola con sus soledades descansaría su cuerpo… y su alma.

Querida madre: Disfrutaré todo lo que pueda de tu compañía en los años, que no han de ser muchos, que todavía te queden por vivir. Porque me has dado mucho sin pedir nunca nada a cambio, por todo el amor que me has dado y que sigues dándome te digo…

¡Gracias!

Gracias por sufrir conmigo y por alegrarte conmigo...

Gracias por ser mi madre…

Gracias por... por tantas cosas..., mi querida y adorada Julita.

Marco Atilio

martes, 25 de diciembre de 2018

Feliz Navidad abuelo Kiko

En estas fechas tan entrañables, donde las familias se reúnen para celebrar la Nochebuena y la Nochevieja, en paz y en armonía, son también fechas en las que viene a nuestra memoria el recuerdo de las personas ausentes, aquellas que un día marcharon y que con su marcha, nos dejaron un profundo pesar en nuestros corazones.

Hoy, día de Navidad, quiero recordar a mi entrañable abuelo Kiko, a mi padre. Allá donde estés querido abuelo Kiko, quiero que sepas que siempre estarás en lo más profundo de mi corazón. Que te hecho mucho de menos. Más en estos días tan emotivos. Porque ya nunca podré regalarte por Reyes tu botella de anís o tu cartón de tabaco. Porque ya nunca podré decirte ¡Felices Pascuas!

Mi querido padre; pasen los años que pasen siempre estarás conmigo y, aunque no puedas verme ni escucharme, hoy te digo:

¡FELIZ NAVIDAD MI ADORADO ABUELO KIKO!

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