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domingo, 20 de octubre de 2019

Procés y mi lucha interior


En relación a las manifestaciones y protestas como consecuencia de la sentencia a los presos políticos del llamado procés, he de confesar que se ha desatado en mí una lucha interior con el sentido de mi voto en las próximas elecciones generales del 10 de noviembre. Por un lado, a mí como español, me indigna profundamente lo que está ocurriendo en Cataluña y si me llevo por las emociones casi que llevaría al ejército para que solucionara todo este sin sentido y esta violencia gratuita. Eso conllevaría votar a VOX o a Ciudadanos, los más belicosos en este sentido, o al PP, ahora parece que algo más moderado. La verdad es que me produce mucha indignación ver como pisotean mi país los independentistas catalanes. Esa indignación me lleva a pensar que la única solución sería la fuerza para reducir a los energúmenos que tan salvajemente campan por las calles de Cataluña, principalmente de Barcelona, arrasando todo lo que encuentran.

Tengo la impresión de que la policía, por momentos, parece desbordada. Entonces ¿qué hacer cuando la situación parece enquistada? Lo único que se me ocurre es mandar al ejército. Pero, ¿sería eso una solución o más bien es lo que quieren en último término los independentistas? Más teniendo en cuenta que muchos de ellos prefieren “el cuanto peor mejor”. No sé si sería una solución, aunque reconozco que se me pasa por la cabeza en más de una ocasión. Eso, como he dicho antes, y si me llevo por mis emociones, pasa por votar opciones de derechas.

Por otro lado, también pienso, ahora de una manera más racional, que dado la manera tan torpe en que manejó la crisis catalana el PP con ocasión del referéndum ilegal del 1 de octubre, la confianza que me inspira no es mucha la verdad y que fue peor el remedio que la enfermedad dando alas al independentismo para victimizarse.

Ante eso me pregunto si la intervención del ejército no sería apagar el fuego con gasolina. No sería la excusa perfecta del independentismo, expertos en victimizarse, para que calara su reivindicación a los ojos de la comunidad internacional y terminaran por conseguir la independencia para desgracia de muchos españoles pero, sobre todo, para desgracia de los millones de catalanes que se sienten tan españoles como el que más y que se les forzaría a cambiar su statu quo sin ellos quererlo. O al menos que se forzara un referéndum con lo peligroso que eso pudiera llegar a ser. Sobre todo si este no es cualificado y consensuado en el sentido de que para conseguir la independencia, se tiene que obtener una muy amplia mayoría. Al menos dos tercios del electorado.

Si me dejo llevar por las emociones, pudiera hacer algo de lo que seguramente acabaría arrepintiéndome más tarde... o puede que no, quien sabe. Esta duda que tengo casi que me da miedo. Pero es que lo de Cataluña casi anula mi capacidad de raciocinio.

En fin, intentaré ser lo más racional posible, sopesaré muy bien el sentido de mi voto y meteré en una balanza las, a mi juicio, bondades y maldades que me ofrecen las distintas opciones políticas. Porque tampoco hay que dejar de lado los demás problemas que preocupan a la gente... y a mí mismo: Desempleo, pensiones, trabajo precario, sueldos de asco, sanidad, educación, medio ambiente, desigualdad... Así que intentaré ser lo más consecuente posible con mis ideas y mis principios morales, sociales y democráticos, sopesaré pros y contras y decidiré en último término atendiendo a estas premisas.

Marco Atilio

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