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viernes, 12 de mayo de 2017

De fiesta por tierras almerienses

Esto que sigue es un artículo de agradecimiento y de paso, aprovecharé también para describir brevemente una magnífica experiencia.

Mi vida ahora mismo no pasa por uno de sus mejores momentos, principalmente debido al dolor en la rodilla tras la prótesis que me implantaron hace poco menos de un año. Por eso, y pese al dolor de la pierna, cuando se me presentan ratos buenos intento no desaprovecharlos en la medida en que me deje el dolor asqueroso que padezco.

Uno de esos ratos que presuponía buenos, y así fue en efecto, tuvo lugar el pasado domingo 7 de mayo, una comunión en Vera (Almería). Una fiesta a la que me invitaron casi por sorpresa. Al menos no la teníamos programada en absoluto. Pues bien, he de decir que la celebración a la que asistí junto con Isabel y con mis hijos y nueras fue una de las más gratas que yo recuerdo. En verdad disfruté de lo lindo. Rodeado de buena gente, gente simpática y muy divertida comí y bebí junto a ellos para celebrar la Primera Comunión de una de las sobrinas de mi nuera Adelaida.

El lugar de la fiesta maravilloso, junto al mar, un local que lamía la misma arena de la playa. La verdad es que fue toda una gozada estar degustando unas magníficas viandas levantar la vista y ver el fascinante azul del Mediterráneo que lucía como un espejo. Una gozada en el más amplio sentido de la palabra.

Disfrutamos con gente a la que le gusta el baile y que sabe bailar, contemplarlos mientras sus gráciles movimientos dibujaban cuadros de una vistosa y espléndida plasticidad era un deleite para los sentidos.

También pudimos deleitarnos con un número de baile entre un caballo con su jinete (amazona en este caso) y una bailarina. El espectáculo tuvo lugar en la misma arena de la playa, a escasos metros de nosotros. Mientras la bailarina revolvía su vestido al son de unas sevillanas, el caballo danzaba acompañándola, como si de otra bailarina se tratase. Espléndido el espectáculo que ofrecieron, una verdadera maravilla.

En definitiva, una fiesta extraordinaria, con gente extraordinaria, en un extraordinario lugar. Unas horas de las que disfruté como hacía mucho tiempo no lo había hecho. Falta me hacía, al menos para paliar, siquiera sea un poquito, el infierno que estoy pasando con la rodilla.

Antes de terminar quiero agradecer a la familia de mi nuera Ade, a sus padres, sus hermanas, sus hermanos, sus sobrinas, su cuñado y su cuñada por el exquisito trato recibido, por su simpatía, por su delicadeza y por su entrañable familiaridad. Gracias de corazón por habernos hecho pasar una velada tan fantástica y maravillosa.

Quizá fuera por ese exquisito trato que recibimos, por lo magnífico de la fiesta, por el ambiente que rodeó nuestra estancia en aquellas tierras almerienses, por lo que al marchar sentí una ligera y etérea melancolía.

Ojalá se repitan momentos como estos porque, de alguna manera, ayudan a mantenerte vivo.

Marco Atilio

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya según lo describes si que tuvo que ser una bonita fiesta. Me alegro por tí Marco Atilio y te deseo una pronta recuperación de tu pierna.

Marco Atilio dijo...

Sí, la verdad es que fue una fiesta estupenda. Muchas gracias por lo de la pierna. Un saludo.

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