Yumys Galaxy nació como un pequeño refugio en medio del ruído del mundo. Aquí guardo pensamientos, emociones y fragmentos de vida que, de otro modo, se perderían en el olvido. No busco popularidad ni aplausos; busco, sencillamente, expresar mi lado más personal e íntimo, porque en cada palabra dejo una parte de mí. Este espacio no pretende convencer, solo compartir lo que soy, lo que pienso y lo que siento. Solo eso.
viernes, 25 de diciembre de 2015
Deseos navideños
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
lunes, 7 de diciembre de 2015
Como un grano en el culo
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
lunes, 23 de noviembre de 2015
¿Qué es realmente ser «facha»
Hace pocos días, un anestesiólogo del hospital
en donde trabajo, nacido en Rusia pero desde hace ya muchos años residente en
España, me preguntó por una palabra que había oído su hijo y que no sabía muy
bien qué significado tenía. La palabra en cuestión era «facha». Me preguntó qué
significaba «ser facha» y cómo se debía interpretar.
Es lógico entender que, para alguien que no sea español, el término «ser facha» le suene a chino; no así para los que somos españoles, que estamos hartos de oír esa expresión, instaurada en nuestro lenguaje desde hace ya muchos años.
La palabra «facha» es sinónimo de «fascista», así que decir de una persona que es facha equivale a decir que es fascista. Quien utiliza ese término lo hace para descalificar –y, en todo caso, denigrar– a otra persona, y muy probablemente no sepa las terribles connotaciones de este concepto. También demuestra, dicho sea de paso, un total desconocimiento de la historia.
El término fascista fue acuñado por Benito Mussolini después de la Primera Guerra Mundial, al que después se adscribió Adolf Hitler bajo la marca nacionalsocialista. Franco, por su parte, también instauró un régimen totalitario profascista en España tras la Guerra Civil y, aunque a partir de la derrota de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial se fue deshaciendo de esa etiqueta, la simbología fascista se mantuvo hasta el final de la dictadura.
La palabra facha en España procede precisamente de la Guerra Civil. Los defensores del bando republicano se referían a sus enemigos del bando franquista con el término fachas o fascistas, y estos, a su vez, llamaban rojos a sus oponentes republicanos.
El fascismo conlleva la instauración de un totalitarismo sangriento basado en el miedo, la violencia, la tortura y la represión. Un fascista odia la democracia, es racista, intolerante y autoritario.
Normalmente, en España, la palabra «facha» se usa un tanto a la ligera, demostrando quien la emplea un total desconocimiento de sus connotaciones reales. Con ella se suele señalar a la gente cuya ideología política es de derechas, obviando que, muy probablemente, esa gente sea tan demócrata –o más– que quien utiliza la palabreja.
En resumen, ser facha o fascista implica que a la persona a la que va dirigido ese insulto se la está tachando de antidemócrata, racista, intolerante o totalitaria… y, sin embargo, no es así en absoluto en la inmensa mayoría de las ocasiones.
Entonces… ¿por qué se sigue utilizando tan equivocadamente? Pues supongo que por el aborregamiento tan manifiesto de una gran parte de la sociedad española, así como por el desconocimiento de la historia por parte de esa misma sociedad. Y por último –y no menos importante–, por la estupidez intrínseca que tienen algunas personas.
Decía mi abuelo –con muchísima razón– que la incultura hace estragos. Y quizá sea precisamente eso –la incultura, la ignorancia y el gusto por repetir sin pensar– lo que mantiene vivas ciertas palabras vacías que solo sirven para dividir. Porque, si uno se detiene un momento a reflexionar, comprenderá que los verdaderos «fachas» no son quienes opinan distinto, sino quienes pretenden imponer su pensamiento a los demás.
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
lunes, 9 de noviembre de 2015
Melancolías
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Noches de invierno
Un viejo libro leyendo,
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
martes, 29 de septiembre de 2015
Ese hombre es Dios
Si lo leéis podéis comprobar que transmite una gran moraleja: Lo inmensa que puede llegar a ser la estupidez humana. Comienza así:
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
viernes, 11 de septiembre de 2015
Más tal que cual
PD. A lo mejor a algunos de vosotros todo lo que habéis leído, la frase en cuestión, os parecerá un tanto absurdo y tal vez se os quede cara de no saber muy bien qué demonios estoy diciendo. No pretendo que lo entendáis, aunque estoy seguro que sí lo haríais de conocer el asunto en profundidad, y eso solo se puede conseguir formando parte de esta especie de locura tragicómica que es mi vida.
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
lunes, 31 de agosto de 2015
El tributo
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
lunes, 17 de agosto de 2015
Algunas pinceladas sobre mí
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
domingo, 2 de agosto de 2015
Malo malísimo
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
martes, 14 de julio de 2015
¡Atención!
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
domingo, 21 de junio de 2015
Camino equivocado
Marco Atilio
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
domingo, 14 de junio de 2015
El pescador y el pez dorado
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
miércoles, 27 de mayo de 2015
La ceremonia de la siesta
Siempre he sido una persona a la que le gusta
trasnochar. Así ha sido desde siempre y así continúa siendo, incluso sabiendo
que al día siguiente el despertador no perdona.
No es raro que den las dos o las dos y media de la madrugada antes de irme a la cama. ¿Y qué hago despierto hasta tan tarde? Habitualmente leo, escribo, veo una película, navego por internet… Al día siguiente, a las seis y media de la mañana, ya estoy en pie para irme a trabajar. Lógicamente, todos los días necesito dormir la siesta. Unas dos horas, por lo general.
Con el paso de los años, la siesta se ha convertido para mí en un auténtico rito. Una ceremonia que se repite de la misma forma, día tras día.
Salgo del hospital a las tres de la tarde, así que normalmente llego a casa sobre las tres y veinte, poco más o menos. Hay que tener en cuenta que el hospital en el que trabajo se encuentra en la vecina ciudad de Úbeda, a unos nueve kilómetros de Baeza.
Cuando llego a casa, Isabel me está esperando para comer. Habitualmente lo hacemos en la cocina y, mientras comemos, solemos ver el final de las noticias y el programa diario Saber y Ganar, que se emite en La 2 de TVE.
Una vez hemos terminado, me dirijo al salón. Enciendo la televisión, bajo la persiana hasta dejar la habitación sumida en una suave penumbra y me tiendo en mi sillón reclinable. Cojo el mando a distancia y comienzo a hacer zapping. No pasa mucho tiempo antes de que los párpados empiecen a pesar. Los ojos se cierran y, aunque intento mantenerlos abiertos, la batalla está perdida. De pronto me invade un dulce sopor. Me abandono a Morfeo casi sin quererlo y, en un abrir y cerrar de ojos —nunca mejor dicho—, me zambullo en el irreal y mágico mundo de los sueños.
Aunque pueda resultar sorprendente, es muy habitual que el sueño me venza con el mando a distancia aún apuntando a la televisión y, quizá, a una página del teletexto que se quedó sin leer. Súbitamente comienzo a roncar —al menos eso dicen mi mujer y mis hijos—, que, por otra parte, siempre han sido muy respetuosos con mi momento de siesta. Saben que necesito ese par de horas para recuperar energías y poder volver a ser persona.
Es increíble la facilidad que tengo para conciliar el sueño a esa hora del día. Basta con reclinarme en el sillón para que, en apenas dos minutos, ya esté dormido. Sí, resulta sorprendente… incluso para mí.
En cualquier caso, bendita siesta: una costumbre humilde, silenciosa, casi invisible, pero necesaria. Un pequeño paréntesis diario en el que uno se reconcilia consigo mismo. Porque, al fin y al cabo, no siempre necesitamos grandes sueños; a veces basta con cerrar los ojos.
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.

