Hace
mucho tiempo de aquello, más de veinte años. Mi hijo pequeño tenía poco más de
dos. Era una maravillosa mañana de primavera; el sol lucía espléndido. Serían
las diez cuando decidí disfrutar de mi pequeño David jugando con él a la pelota
en el patio trasero de mi casa.
Recuerdo que, al salir al patio y levantar la vista al cielo, reparé en dos jilgueros posados sobre la antena de televisión. Me agaché, intentando hacer el menor ruido posible y, cogiendo a David, le indiqué la presencia de los pajarillos al tiempo que me llevaba el dedo a los labios, animándole a que guardara silencio. Él levantó la mano y señaló con su dedo índice hacia los dos gorriones, que casi de inmediato levantaron el vuelo, dejando en mi hijo una cara de sorpresa difícilmente imaginable.
Su expresión de asombro ante la súbita espantada de los pajarillos fue todo un poema y, aunque ha pasado mucho tiempo, todavía recuerdo aquella escena y las emociones que me produjo, antes y ahora, cuando evoco la expresividad de aquellos ojazos negros: emociones que fueron —y van— desde el amor a la ternura, desde la inocencia a la hilaridad.
Con ocasión de aquel suceso escribí un poema dedicado a mi hijo David. Aquel poema ha estado perdido durante mucho tiempo, pero he aquí que, haciendo limpieza, lo he vuelto a encontrar, escrito sobre una hoja de papel escondida entre las páginas de uno de mis numerosos libros. El poema en cuestión lo titulé «David». Es este:
La pureza,
el aire fresco
de las mañanas de otoño,
el rocío de la primavera;
el color del arco iris,
mariposas de colores…,
nubes blancas...,
el color de la inocencia.
Como tu cara,
como tus ojos,
como tu alma de niño.
Dos grandes ojos me miran,
señalan con su dedo de cristal...
¡dos pajarillos verdes...!
Presuroso batir de alas...,
¡sorpresa en tu cara infantil!
Los pajarillos se han ido...,
se han asustado...,
¡mira cómo vuelan...!
¡mira, cómo se van!
6 comentarios:
Es muy lindo ver la expresión en el rostro de un niño cuando experimenta un descubrimiento nuevo en su vida. Ya sea el vuelo de un pájaro, o de una mariposa,también lo son sus reacciones como cuando vas a la playa y experimentan la sensación de andar descalzos sobre la arena, o del agua en sus pies. Me imagino su gesto al ver a los dos gorriones salir volando.
Muy bonito el poema dedicado a tu hijo. Dice mucho de tu amor por él.
Saludos
Fue increíble el gesto de asombro de David al ver que los gorriones echaban a volar de repente. Una imagen que es difícil describir con las palabras adecuadas, créeme. Gracias por tu comentario Isabel. Saludos.
Del candor y la inocencia de la niñez de nuestros hijos disfrutamos demasiado poco tiempo porque crecen muy deprisa y es una etapa maravillosa que los papás y las mamás recordamos con muchísimo agrado. como esta experiencia que describes con tu hijo. Por cierto, me ha encantado el poema en particular y la entrada en general. Un saludo.
De verdad tienes razón, los hijos crecen demasiado deprisa y esa etapa de la niñez pasa muy rápido. Luego nos quedan los recuerdos de aquellos años maravillosos y mientras los evocamos nos damos cuenta lo felices que nos hicieron nuestros hijos mientras estuvieron en esa entrañable etapa de su niñez.
Gracias por tu comentario.
Precioso poema. me ha encantado.
Muchas gracias, celebro que te haya gustado. Un saludo.
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