En un
mundo que ha olvidado el valor del silencio y que prefiere el grito a la
palabra, decido construir mi propio refugio.
No puedo detener las guerras lejanas, pero sí puedo evitar que el belicismo habite en mi mesa. No puedo cambiar el rumbo de los tiempos, pero sí puedo elegir la amabilidad como mi lenguaje y la escucha como mi escudo.
Hoy elijo ser una isla de calma en medio del ruido. Porque la paz no es esperar a que el mundo se detenga; la paz es caminar con paso firme y corazón sereno, sabiendo que la bondad es la única fuerza que no necesita armas para vencer.
Cada vez me reconozco menos en el mundo que habitamos. Me inquieta, me asusta, a veces incluso me provoca un miedo hondo el rumbo que estamos tomando como humanidad.
Por eso, ya que no puedo cambiarlo todo, al menos lucharé por insuflar paz y sosiego a mi vida y a la de quienes me rodean. Y quién sabe… quizá ese pequeño gesto sirva para hallar una isla de esperanza en las aguas oscuras de la intolerancia y el belicismo.

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