Después de
50 años, en España aún hay sectores que añoran los tiempos oscuros de la
dictadura. Persisten demasiados rescoldos de un franquismo profundamente nocivo
que mantienen a parte de la sociedad anclada en un limbo temporal, donde se idealiza
de forma preocupante nuestro pasado totalitario. A mi juicio, esta situación
dificulta avanzar hacia una democracia plena.
Es una observación alarmante, lo sé, pero muy real. El hecho de que sectores que ni siquiera conocieron la censura o la falta de libertades se sientan atraídos por esa estética o ese discurso es el síntoma de una falla en la transmisión de la memoria histórica.
Hay varios factores que explican por qué esos «rescoldos» están prendiendo en las nuevas generaciones:
En primer lugar, la rebeldía mal entendida. Históricamente, la juventud tiende a posicionarse contra el establishment. Si hoy el discurso dominante es el de los derechos sociales y la democracia, algunos jóvenes ven en la simbología o las ideas del pasado una forma de ir contra la corriente, sin calibrar el peso real de lo que defienden.
También influye la simplificación frente a la incertidumbre. Vivimos en un mundo complejo, precario y acelerado. La dictadura, en su narrativa idealizada, ofrece la falsa promesa de un mundo ordenado y con valores claros. Para quien se siente perdido en el mercado laboral o en la saturación digital, esa nostalgia impostada puede resultar seductora.
Por último, los bulos y la desinformación. Se difunden relatos edulcorados del pasado a través de redes sociales que presentan la dictadura como una época de bonanza y seguridad, ocultando la represión y el atraso social.
Si no se educa en el valor del pluralismo y en la gravedad de lo que supuso el totalitarismo, corremos el riesgo de que la democracia sea vista como un mero trámite burocrático, y no como la conquista social que realmente es.
Ese es el «limbo temporal» al que me refería: una sociedad que, en lugar de explicar su pasado para superarlo, permite que se convierta en un producto ideológico para quienes no tienen herramientas para contrastarlo.
