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lunes, 3 de febrero de 2014

¡Qué tiempos aquellos!

 En la escuela
Cuando llegas a una etapa de la vida en que se está más cerca de la vejez que de la juventud, a menudo rebusca uno en su mente recuerdos de aquellos años que pasaron y que jamás volverán, es como si quisieras volver a vivirlos, embriagándote de ellos gozas y disfrutas de los momentos vividos, de aquellos que te hicieron feliz. Por muy lejanos que sean estos recuerdos, algunos de ellos se han quedado impresos en tu memoria de forma indeleble y los rescatas de cuando en cuando recordando que una vez también tú cruzaste esa etapa de candorosa inocencia que fue tu niñez.

Yo he tenido la gran suerte de haber vivido una infancia muy feliz, no teníamos mucho en casa pero es que tampoco necesitábamos mucho. Entonces no era como ahora, en aquellos primeros años de mi niñez no había tanta tecnología, no había frigoríficos, ni vitrocerámicas, a lo sumo una cocina de gas butano portátil con dos o tres pequeños fuegos, en muchas casas guisaban sobre las ascuas de una buena lumbre.
 
Entonces no teníamos teléfono, ni fijo ni móvil, ni por supuesto teníamos ordenador, ni Smartphone, ni tablets, ni PlayStation, y la televisión llegó a casa cuando yo tenía nueve años al igual que el frigorífico.
 
Recuerdo que cuando mis padres compraron su primer televisor se produjo una auténtica fiesta en casa. Tanto mis hermanas como yo mismo, lo recibimos con alborozo y con muchísima emoción. Por fin podíamos ver “Los Chiripitifláuticos (Valentina, Locomotoro, El Capitán Tan, El tío Aquiles, Los hermanos Malasombra…), “La familia Telerín (Cleo, Teté, Maripí, Pelusín, Colitas y Cuquín) para irnos a la cama, aunque yo nunca me acosté tan temprano, “Bonanza”, “Embrujada”, “El agente de CIPOL”, “El Santo”, “Misión imposible”, “El Superagente 86”, “El Virginiano”, “Galas del Sábado (presentado por Joaquín Prat y Laura Valenzuela)”, “Estudio 1” (que me encantaba a pesar de mis pocos años), “Historias para no dormir” (que me quitó el sueño no pocas veces), etc.
 
A pesar de no tener (ni falta que hacía) la tecnología que impera hoy en el mundo y que a la chiquillería, según mi opinión, hace más mal que bien, a pesar de ello, de carecer de videoconsolas y ordenadores, de tabletas y móviles inteligentes que lo único que hacen con los infantes es idiotizarlos, a pesar de ello repito, éramos felices, porque no necesitábamos demasiado para serlo, porque nos divertíamos con cualquier cosa. Unas simples chapas de cerveza y nos montábamos unas carreras de aúpa sobre una pista dibujada en el suelo. Con unas canicas podíamos estar toda una tarde pasándolo en grande. Nuestra imaginación no tenía límites, podíamos recrear la Batalla de Little Big Horn con unos cuantos “indios” y “americanos” que nos habían regalado por nuestro cumpleaños. Agudizábamos nuestro ingenio cuando jugábamos al escondite y organizábamos el campeonato mundial de atletismo en plena calle. Las carreras de fondo consistían en dar 20 ó 30 vueltas a la “manzana” (de 10 a 15 kilómetros). ¡Así cómo diablos íbamos a estar gordos!
 
En casa, sobre todo cuando hacía mal tiempo y no podía salir a la calle, construía fortalezas con el “Exin Castillos” que me habían echado los Reyes Magos. Leía comics del “Capitán Trueno”, de “Jabato”, de “Roberto Alcázar y Pedrín”, del “Guerrero del Antifaz”. En los tebeos de Pulgarcito seguí las andanzas de “Carpanta”, “Don Pío”, “La familia Cebolleta”, “El repórter Tribulete”, “Zipi y Zape”, “Doña Urraca”, “Las hermanas Gilda”, “Mortadelo y Filemón” “La familia Trapisonda”, “El profesor Tragacanto y su clase que es de espanto”, “Rigoberto Picaporte solterón de mucho porte”, “Anacleto agente secreto”… llegué a tener cientos de ellos. Jugaba al parchís y a la Oca con mis hermanas y mis padres… ¡Dios, qué tiempos aquellos!
 
Pues sí, aunque sé que es imposible, me gustaría volver a los maravillosos años de mi infancia de los cuales guardo tan gratos recuerdos. Sin preocupaciones, sin cosas que me quitaran el sueño (excepto las Historias para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador), sin miedo al futuro, disfrutando cada momento, cada juego, disfrutando del alborear de la vida. Ahora, en plena madurez, las cosas ya no son tan bonitas y las preocupaciones propias y de la familia vienen a ensombrecer un poco el devenir de mi existencia. Menos mal que, como dijo el escritor alemán Jean Paul: "El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados".
 
Marco Atilio
 

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El Superagente 86
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Juego de chapas
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Parchís y oca
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Series Tv
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17 comentarios:

Chabeli dijo...

Me siento totalmente identificada con este artículo. Me has hecho recordar tiempos muy bonitos y como en tu caso, muy felices.
Recuerdo que nosotras, mis primas y yo, jugábamos a cocinar con unas cocinitas de juguete que nos habían echado los reyes. Recuerdo que íbamos a las “eras” a coger hierba de una u otra clase y que nos servían de ingredientes para nuestros “sabrosísimos guisos”. También jugábamos al tejo, a la comba… Uno de mis juegos favoritos es cuando hacíamos dos equipos y nos lanzábamos la pelota intentando dar a nuestros contrincantes para eliminarlos, el primero que se quedaba sin jugadoras perdía.
Siempre estábamos dándole vueltas a la cabeza para intentar pasarlo bien, inventando juegos y haciendo de nuestras horas de ocio verdaderas fiestas. Lo pasábamos bien, éramos felices, crecíamos sanos y sobre todo estábamos en muy buena forma.
La programación infantil en televisión era amena, divertida y de calidad. Todo lo contrario que ahora que los niños no pueden encontrar un programa que merezca la pena, quizá porque no los hay, y tienen que recurrir al ordenador, a la videoconsola, a internet para pasar su tiempo libre. Tampoco juegan en la calle. Entre que hay más peligros que entonces, más coches, más gente que puede hacerles daño… y las nuevas tecnologías, la vida de los niños actuales se ha convertido en mucho más sedentaria y por lo tanto mucho menos saludable.
Me ha encantado el artículo porque me has hecho recordar unos tiempos mágicos que por desgracia están ya muy lejanos.

Isabel Barrado dijo...

En mi infancia también jugábamos en la calle, y recuerdo que cuando empezaba "Había una vez un circo" con Gaby, Miliki...salíamos todos corriendo a nuestras casas y no quedaba nadie en la calle. Luego vinieron Heidi, Marco...y otras muchas. Pasábamos mucho tiempo jugando al aire libre; claro qeu entonces no había tanto peligro de tráfico, porque no existían tantos coches circulando. Los edificios tenían un patio de juego pensado para que los niños pudiesemos jugar y si no había patio había un descampado o una calle dónde apenas había circulación y nadie se quejaba de que hubiera niños jugando a la pelota. Hoy la cosa es distinta, los coches han ganado terreno, los edificios tienen un reducido espacio de juego, amén de las clásicas quejas de vecinos molestos por los ruidos..y el único recurso que les queda es apalancarse frente al ordenador, porque en los más de los casos los pabellones deportivos les queda bien lejos de sus casas..

Marco Atilio dijo...

A Chabeli: Me agrada que te guste el artículo. Es cierto que antes nos divertíamos de una forma mucho más saludable porque estabas mucho tiempo jugando al aire libre. También cuando nos enfrentábamos a la televisión podíamos encontrar programas que te ayudaban a pasar un rato divertido. Ahora, como bien dices, prácticamente esos programas han desaparecido y solo prima la telebasura tan nociva para peques y grandes.

A Isabel Barrado: Tengo la impresión de que nuestra infancia, al menos la mía, fue mucho más plena, más romántica, más divertida, más sana... También lo teníamos mucho más fácil que ahora, porque como bien dices, no teníamos tanta dificultad para jugar en la calle, ahora hay muchos más vehículos, menos espacios para que los niños puedan jugar al aire libre. Tampoco teníamos donde elegir a la hora de escoger un programa de televisión porque solo teníamos dos opciones: La primera y la segunda cadena, en cambio ahora te pierdes entre la maraña de cadenas que conforman nuestra parrilla televisiva. No sé Isabel, pero a mí me parece que antes, en mi época y creo que también en la tuya, la vida de los niños era mucho más sencilla, fácil, afable, ingenua, cálida y candorosa. Una percepción la mía bastante subjetiva y que no tiene por qué ser un axioma absoluto. Gracias por tu comentario.

Anónimo dijo...

Bueno, a veces es grato recordar, sobre todo cosas agradables pero como alguien dijo por ahí: “Cuanto más pienses y te ocupes del pasado, menos vivirás el presente. El futuro lo irás dilapidando lenta e inexorablemente. Vivir el presente es caminar por el futuro”. De cualquier manera me ha gustado el artículo. Saludos.

Marco Atilio dijo...

Muchas gracias Anónimo. Es necesario a veces recordar para abstraerse durante unos momentos de los problemas de la vida cotidiana. A mí me gusta volar la mente y posarla sobre aquellos recuerdos que un día me hicieron feliz.
Marco Valerio Marcial dijo -y yo estoy de acuerdo con su reflexión- "Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces".

rauf Khaliulin dijo...

Escucha, me ha gustado tu reflección de que los teléfonos inteligentes idiotizan.
¡Es verdad!
¡Tanta tecnología, tanta inteligencia móvil!

Ya no se imagina, todo esta en Google,
Ahora no hace falta ser talento ni mucho menos para publicar tus fotos...

Parece que la estupidez esta ganando al mundo.
O es solo lo que parece?

Marco Atilio dijo...

Me parece que tienes mucha razón rauf. A la sociedad de hoy le falta imaginación y le sobra bastante estupidez. Las nuevas tecnologías, si no se les da buen uso terminan por idiotizarnos. Y también son adictivas. Imagina una reunión de amigos alrededor de una mesa y verás que prácticamente todos están con sus respectivos teléfonos inteligentes mandando wasaps (la mayoría) cuyo contenido no tiene la menor utilidad. Entre los amigos no existe el más mínimo diálogo porque están tan embebidos wasapeando con Dios sabe quién que se olvidan de todos y de todo. Estas conductas son las que yo llamo idiotas y terminan, es cierto, por idiotizar. A chicos y a grandes. Y por supuesto también las considero una falta de respeto. Así que soy de la opinión que antes, sin tanta tecnología, la vida era mucho más sencilla y placentera y las relaciones personales eran mucho más enriquecedoras.

E.E.C. 49 dijo...

Bonito artículo, me has hecho rememorar mis tiempos de niño que casi tenía olvidados. Gracias.

Marco Atilio dijo...

Es un placer haberte ayudado a recordar tu niñez. Gracias por tu comentario. Un saludo.

Anónimo dijo...

Yo estoy totalmente de acuerdo en que los telefonos inteligentes idiotizan a la gente, tanto a niños como a adultos. Parecemos, y me meteré yo también, verdaderos autistas pulsnando sin descanso la pantalla del móvil, ajenos a todos y a todo, aislados del mundo que te rodea porque estamos ciegos imbuidos con el watsap, y mandando mensajes a personas que se encuentran lejos y desatendiendo a otras que a lo mejor tienes a tu lado. Sí que idiotiza esta moda del uso inadecuado de los smartphons, estoy de acuerdo contigo, idiotiza y mucho.

Marco Atilio dijo...

Me alegro que estemos de acuerdo. Sí, ciertamente el uso abusivo y casi paranoico de los teléfonos móviles por parte de nuestros jóvenes y de los que no son tan jóvenes llega a minar su cerebro y su intelecto preocupantemente. Gracias por tu comentario.

paulo dijo...

que bonita entrada, que recuerdos, me has hecho vivir por un momento tiempos ya olvidados. gracias, gracias. me ha encantado.

Marco Atilio dijo...

Celebro que te guste el artículo. Pues sí, a veces es bueno recordar momentos y situaciones que nos hicieron felices. Gracias por tu comentario.

CCG dijo...

Me ha gustado mucho ese regreso a la infancia que, en mi caso, es calcada a la tuya (sobre todo a la de Chabeli). Yo también fui una niña muy feliz.
Por eso he intentado dosificar las nuevas tecnologías a mi hijo:Para que se relacionara más con otros niños-as,hiciera más ejercicio,desarrollara su creatividad...pero esa lucha ha sido la de D. Quijote contra los molinos de viento; en fin,ya estamos viendo en qué sociedad nos estamos convirtiendo.No todo es malo, por supuesto, pero me descubro a veces pensando que todo lo pasado fue mejor...No es eso lo que hacían las personas mayores? Huy, huyuy...

Marco Atilio dijo...

Intentar inculcar a los niños de hoy nuestros juegos infantiles y nuestra forma de crecer jugando que teníamos entonces es (como bien dices) batalla perdida. Lo mímino que nos dirán nuestros hijos es que somos "poco menos que neandertales" y se reirán de nosotros porque nos considerarán "bichos raros". ¿Cómo se puede vivir sin un smartphone, una videoconsola o un ordenador? Es impensable porque solo han conocido el mundo de las nuevas tecnologías y no ese otro mucho más enriquecedor que podíamos disfrutar nosotros. Lamentablemente aquella otra vida les está vedada por completo, y la sociedad de consumo que hemos creado junto con los medios de comunicación se lo recuerdan todos los días.

ANRAFERA dijo...

Felicitaciones Marco por esta excelente entrada...que comparto plenamente.
Gratos recuerdos me has traído de mi infancia; me ha sido muy grato ver de nuevo las portadas de estos cuentos que me "empapaba",mis partidas de "la Oca", "bolindres" (canicas)y las "batallas" que me inventaba entre indios y americanos.
Ha sido un placer!
Cordial saludo.
Ramón

Marco Atilio dijo...

Gracias Ramón por tu comentario. Me place que te haya gustado el post y celebro haber contribuido a recordarte tus tiempos de infante. Un saludo.

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