Algunas personas creen que soy de derechas porque me gusta todo lo que huela a España, porque me siento español por los cuatro costados. Por eso me resulta nauseabundo ver cómo algunos independentistas queman banderas españolas y desprecian todo lo que lleve el nombre de España. El independentismo me repugna: lo considero intolerante, excluyente y dañino para los pueblos y sus gentes.
También dicen que soy de derechas porque en mi adolescencia pertenecí a los grupos infantiles católicos de los niños Tarsicios, vinculados a la Adoración Nocturna. Como si rezar de pequeño fuese un pecado político.
Dicen que lo soy porque no me opongo a la tauromaquia, una tradición arraigada durante siglos. Que me gusten o no las corridas de toros no significa que deba condenarlas.
O porque me emocionan los actos militares, sus canciones, sus desfiles y sus símbolos —la bandera, el escudo, el himno— con los que me siento plenamente identificado. ¿Acaso es delito conmoverse cuando suena el himno de tu país?
Y, por lo visto, soy de derechas porque me gusta que se conserven y respeten las tradiciones; porque me gusta la Semana Santa, las tallas de Cristos y Dolorosas y sus procesiones; porque me gustan las iglesias y entro en ellas con relativa frecuencia, sobre todo cuando están vacías. El silencio propio de los templos me produce una profunda sensación de paz y bienestar. Ah, y me gustan las bodas por la Iglesia, que los niños sean bautizados y que hagan la Primera Comunión: en eso soy muy tradicional. ¿Eso me convierte en reaccionario, o simplemente en alguien que aprecia la solemnidad y la tradición?
Otras personas, en cambio, aseguran que soy de izquierdas porque quiero una sanidad y una educación públicas de calidad; porque deseo pensiones dignas y sueldos decentes que permitan vivir con dignidad; porque detesto la homofobia, la xenofobia y el racismo; porque rechazo cualquier forma de explotación; porque anhelo una España donde cada cual pueda labrarse un futuro con igualdad de oportunidades. ¿Acaso la justicia social tiene carnet de partido? Por supuesto que no.
También dicen que soy de izquierdas porque me gustan palabras como libertad, justicia, igualdad, empatía, tolerancia, respeto, generosidad, altruismo o solidaridad; y porque me repugna que se abuse de la vulnerabilidad de nadie. Valores que deberían ser patrimonio común y no banderas de confrontación.
En fin, que cada cual piense lo que quiera. Yo me considero un librepensador: alguien que no está atado a ninguna corriente ideológica ni se arrodilla ante dogmas ni consignas. Alguien que, cuando vota, lo hace sopesando muy bien lo que hace, sin fanatismos ni ideas preconcebidas. Porque las etiquetas son cómodas para quienes prefieren no pensar; yo, en cambio, elijo la incomodidad de la libertad.

2 comentarios:
Pues me lo as puesto difícil, porque yo particularmente me da lo mismo uno que otro, pero si me gusta que la gente diga, ¿ de donde será este o de donde viene o que será de este?, asi mis ideas son mías
eltodopoderoso
En realidad me da igual lo que piense la gente de mis ideas políticas. Yo, como digo en la entrada, me considero un librepensador y no estoy atado a ninguna corriente ideológica en concreto, aunque haya alguien que piense lo contrario. Me da igual lo que piense.
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