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jueves, 22 de marzo de 2018

Modelo capitalista


Una de las cosas que más me revienta es que haya gente que haya votado partidos cuyas políticas neoliberales lo único que persiguen es acabar con las pensiones, con la sanidad, con la educación… en definitiva, con el Estado del Bienestar.

El mundo hoy día se rige por un sistema totalmente capitalista. El poder es el capital y el capital es el poder. Ese modelo es un siniestro gigante, un gigante que hay que derribar antes de que nos aplaste. Pero para derribar ese gigante hacen falta muchos enanos y que esos enanos estén unidos, solo de esa manera habrá alguna posibilidad de victoria, o al menos de poder cambiar este injusto, insolidario y desigual sistema de sociedad que tenemos. ¿Se conseguirá algún día? Yo lo dudo mucho, porque sobra mucha estupidez y falta mucha capacidad crítica, esa capacidad que te permite discernir lo que nos conviene, sobre todo a la hora de depositar nuestro voto en la urna.

Ojalá me equivoque y se produzca una verdadera revolución social en forma de manifestaciones (pacíficas) encabezada por nuestros jóvenes, ahora aletargados, y se vayan recuperando los derechos que tanto esfuerzo y sudor costó conseguir y que las despreciables políticas neoliberales han hecho trizas. ¡Ojalá!

Marco Atilio

domingo, 18 de marzo de 2018

España, un país complejo

España es un país complejo, que lleva sobre sus espaldas la pesada carga de 40 años de franquismo, de 40 años de intolerancia, de odio y de egoísmo.

Nuestra democracia fue un esbozo, porque sus cimientos se construyeron sobre la base de una dictadura que desangró a una gran parte de la sociedad durante muchísimo tiempo.

Hay en España demasiados rescoldos de un franquismo pernicioso. Eso, unido a la intrínseca intolerancia, al natural egoísmo, a la natural falta de empatía del ser humano, ha convertido a nuestro país en un país anclado a un pasado en donde unos pocos desfrutaban de unos privilegios que se les negaban a la gran mayoría de la sociedad y que lamentablemente no hemos superado.

De cualquier manera, no sé si fruto de tantos años de sometimiento, la sociedad española es una sociedad aborregada, amaestrada y tremendamente conformista; sin una brizna de capacidad crítica.

España es un país complejo sí, tremendamente complejo en donde, y dicho sea de paso, además, en muchos casos, sobra bastante mala leche, sobre todo a tenor de la precaria situación que padecen muchas personas fruto del cruel egoísmo de un empresariado que, en su inmensa mayoría, explota con verdadera saña  a sus trabajadores por un mísero salario. Y todo amparado en una Reforma Laboral que ha dado alas al egoísmo natural del empresariado que ahora campa a sus anchas en el mar de la más absoluta injusticia social.

¡Qué País!

Marco Atilio
 


sábado, 24 de febrero de 2018

Intolerantes y egocéntricas

Hay personas que cuando las sacas de su zona de confort, viertes opiniones contrarias a las suyas o se tuercen sus planes preconcebidos, les cambia el semblante como por arte de magia y ya no son las personas maravillosas que parece que eran o que daban a entender que eran.

Súbitamente se han convertido en algo poco menos que insoportable. Esas personas, que además suelen ser muy egocéntricas, tienen un manifiesto problema de adaptación al medio y a las circunstancias adversas que pudieran encontrar en su día a día y que debiera ser tratado como una patología psicológica y conductual severa.

En realidad, esas personas se acercan mucho a lo que conocemos como intolerancia, ¡intolerancia pura y dura vamos!

No hay que olvidar que la intolerancia es la actitud de las personas que no respetan las opiniones, ideas o prácticas de los demás si no coinciden con las suyas propias.

En general, la persona intolerante considera que está en posesión de la verdad absoluta y entiende que su opinión o sus creencias tienen que prevalecer por encima de las de los demás.

¿Conocéis alguna persona así? Pues yo sí que conozco y la verdad es que me revienta que sean así aunque es difícil revertir su actitud, solo con una adecuada y profunda terapia psicológica quizá fuera posible. Lo difícil es hacerles ver que necesitan esa terapia porque esas personas no sienten que su conducta sea equivocada. Son tan egocéntricas y tan…, tan intolerantes con las opiniones ajenas, que se creen poseedores de la única verdad, aunque esa verdad esté asquerosamente distorsionada. Así que la misión se antoja harto complicada… ¡por desgracia!

Marco Atilio

domingo, 18 de febrero de 2018

La maldad humana

A medida que me voy haciendo mayor, a medida que voy llenando las alforjas de la vida de experiencia y de vivencias de todo tipo, me voy dando cuenta, cada vez más, que el ser humano, en general, es egoísta, ambicioso, egocéntrico, miserable, explotador, insolidario… con una asquerosa y despreciable falta de empatía por los demás que raya lo patológico.

¿Ah, no?

¿Entonces cómo demonios hay tanta desigualdad entre las personas?

¿Por qué unos poseen tanto y otros prácticamente nada?

¿Por qué se tiene que explotar a las personas a cambio de un pírrico y miserable salario?

¿Por qué no se acaba con la pobreza y el hambre en el mundo?

¿Por qué los poderosos, los acaudalados, no hacen nada en pos de una sociedad más justa y salen de su burbuja particular que los aísla y los enajena del drama que se representa a su alrededor?

¿Por qué no aplicamos aquello de…? “No hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”.

Porque el ser humano, en general, es malo por naturaleza y antepone su propio bienestar a cualquier otra cosa. Y para conseguir sus ambiciosos propósitos no le importa derribar a cualquiera que se ponga en su camino. “El fin justifica los medios”, aunque para ello se mande a la indigencia a muchos de sus congéneres. Desde luego la avaricia y la ambición humanas no tienen límites. ¡Puaj!

A continuación algunas frases de personajes famosos que, de alguna manera, están en la línea de lo que pienso:

El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres. (Karl Kraus)

¿Acaso porque eres rico tienes dos estómagos que llenar? (San Agustín)

La igualdad en la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro ni ninguno tan pobre que se vea necesitado de venderse. (Jean-Jacques Rousseau)

Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si ya han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infamia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico. (Almeida Garrett)

Marco Atilio

martes, 9 de enero de 2018

¿Es sencilla la vida?

A menudo recibo bonitos mensajes de WhatsApp (imágenes o videos) cuyo propósito es el de fortalecer nuestra paz interior, el de ayudar a nuestro desarrollo personal o también nos aconsejan sobre la mejor manera de afrontar los problemas de la vida. La verdad es que  WhatsApp está lleno de estos mensajes. Vienen a decir que la vida puede ser mucho más sencilla de lo que parece y que solo nuestra actitud ante la misma puede hacer que veamos el vaso medio lleno o medio vacío.

Ciertamente... ¡la vida puede ser tan sencilla!

Lo que ocurre es que estamos influenciados por tantos agentes externos que gobiernan nuestra propia voluntad y que influyen, de manera a veces tan dramática en nuestra propia vida, que a veces resulta difícil vivir esa sencillez. Agentes de todo tipo: sociales, laborales, económicos, familiares… pero que es difícil obviar ya que, de alguna manera, vivimos prisioneros de ellos a lo largo de nuestra vida y en cualquier momento  pueden alterar nuestra placidez.

Lo que es cierto es que la forma de afrontarlos cambia de una persona a otra. Como también es cierto que afrontar la vida en flashes positivos es la mejor forma de gestionar nuestro día a día. Aunque, como humanos que somos, a veces flaqueamos y nos puede la impaciencia, y puede que incluso se apodere de nosotros cierta desesperanza; sobre todo cuando ocurren en nuestro entorno más próximo situaciones complicadas que nos sacan de nuestra zona de confort.

La vida es sencilla pero difícil a la vez. De nuestra actitud ante ella depende lo complicada… o no, que resulte.

Creo que por ahí pueden ir los “tiros”.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Feliz Navidad


La Navidad es una celebración que no me gusta mucho, al menos no tanto como antes. Considero que son fiestas consumistas y también cargadas un tanto de hipocresía. Nos desvivimos por mandar mensajes de buenos deseos y a menudo nos olvidamos que hay más días en el año para hacerlo y no solamente en estas fechas pero… así está impuesto por la tradición y la costumbre.

Las celebraciones navideñas comienzan con la Nochebuena. Una noche cargada de emotividad, de buenos deseos y sentimientos. Una noche para celebrar con la familia, en donde preparamos las mejores viandas que podemos permitirnos para compartirlas con los nuestros. Una noche en donde nos afanamos porque la paz y la armonía sean las reinas de nuestras casas.

Por otra parte, es una noche en donde muchas emociones nos invaden, fluyen, se desbocan…  Quizá nos asalten sentimientos encontrados, tristes y felices a la vez. Si hemos tenido la desgracia de perderlos,  seguramente echemos de menos a los seres queridos que ya no están entre nosotros y, aunque su ausencia nos ponga tristes, debemos disfrutar con los que aún están con nosotros, con aquellos que nos acompañan es esta noche especial, sin olvidarnos del ausente pero mirando hacia adelante, porque la vida está para disfrutar de los momentos y nada conseguimos con martirizarnos por algo que, lamentablemente ocurrió y nada podemos hacer por cambiarlo.

La Nochevieja es más de lo mismo, nos rodeamos de nuestra familia e intentamos pasarlo en grande, comiendo, bebiendo, brindando y repartiendo buenos deseos para el año nuevo. Lo típico. Como también es típico comernos las 12 uvas para que nos den suerte para el año que comienza. Una tradición para la que existen diferentes explicaciones:

“Una dice que todo comenzó en 1882. En esa época la clase burguesa solía beber champán y comer uvas durante la cena de Nochevieja.

Un grupo de madrileños decidieron ironizar esta tradición acudiendo a la Puerta del Sol para comer uvas acompañados del sonido de las campanadas.

Otra teoría remonta la tradición a 1909. Ese año hubo muy buena cosecha de uva, y los productores decidieron dar más salida al producto vendiéndola como “uvas de la suerte”.

A lo largo de los años la tradición se ha ido puliendo. Hoy día mucha gente dice que las uvas simbolizan la abundancia y cada vez que se come una hay que pedir un deseo. En total 12 deseos.”

Yo, fiel a esta tradición, suelo comerme las 12 uvas todas las Nocheviejas, y lo hago desde que tengo uso de razón, frente al televisor, siguiendo la retransmisión de TVE, como mandan los cánones. Por cierto, la retransmisión de las doce campanadas comenzó en Televisión Española en el año 1962.

Las fiestas navideñas terminan con la Epifanía el día 6 de enero. Pero antes está la noche de reyes, la cabalgata, la noche de los regalos, de las emociones, de los nervios, de la ilusión…, de la magia.

De esa noche tengo muy bonitos recuerdos. De pequeño flipaba con los regalos que por arte de magia aparecían en mis zapatos y alrededor de ellos en la mañana del día 6. ¿Pero cómo? ¡Alucinante! ¡Increíble!

También recuerdo con muchísimo gozo la cara de mis hijos al ver lo que les habían traído “los Reyes Magos”. Jamás olvidaré su expresión de asombro y sus miradas de no entender muy bien por qué se había producido ese “milagro”. ¡Qué etapa de la vida más inocente y más bonita!

En fin, he dicho al principio que la Navidad me gusta menos que antes, más bien por el consumismo que rodea esta celebración pero…, si he de ser sincero tampoco reniego mucho de ella. Y me quedo con su lado más tradicional y emotivo, con su lado más fraternal y de concordia. Sea como fuere os deseo que paséis unas felices fiestas y que en el año que está presto a comenzar alcancéis todos los objetivos por los que lucháis día a día.

 ¡¡FELIZ NAVIDAD!!

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