INICIO

BIENVENIDOS A YUMYS GALAXY

domingo, 21 de junio de 2026

El guion que sigue sin nosotros

 

Hay momentos en la vida en los que, tras un largo periodo de tiempo, incluso años, vuelves a reunirte con antiguos compañeros de trabajo con motivo, por ejemplo, de un homenaje a alguien que se jubila o se traslada.

Después de los abrazos y los cariñosos saludos iniciales, te das cuenta de que ya no eres uno de los actores principales de aquella historia. Ni siquiera un actor secundario. Si acaso, un simple extra en una película de la que un día formaste parte de manera esencial.

Entonces te invade una sensación extraña, difícil de definir. Por momentos llegas a preguntarte qué haces allí. No porque te falte afecto ni porque nadie te haga sentir incómodo, sino porque percibes que aquel mundo ya no te pertenece y que sus dinámicas han seguido evolucionando sin ti.

Es una sensación agridulce. Comprendes que la vida continúa para todos, pero también que el tiempo tiene una fuerza implacable. Avanza sin detenerse, borrando poco a poco nuestra presencia de lugares donde un día fuimos protagonistas. Y llega un momento en que caminar en dirección contraria a ese viento resulta sencillamente imposible.

martes, 2 de junio de 2026

El niño que corría hacia su madre

 

El otro día vi un documental sobre el nazismo y los campos de exterminio. En él aparecía un oficial alemán separando por la fuerza a una madre judía de su hijo, un niño de apenas dos años.

La madre era arrastrada mientras el pequeño, presa del miedo y sin comprender lo que ocurría, corría tras ella buscando refugio. Quería llegar a sus brazos. Quería que su mamá lo protegiera. Pero el oficial, cansado quizá de aquel obstáculo insignificante para sus planes, sacó la pistola y le disparó.

La escena duró apenas unos segundos. Sin embargo, se ha quedado grabada en mi memoria y no consigo borrarla.

En aquella escena se concentraban la maldad llevada hasta límites poco imaginables y la crueldad de quien había renunciado a cualquier vestigio de compasión. Frente a ellas, la desesperación de una madre incapaz de proteger a su hijo y el instinto más puro y natural de un niño que solo buscaba refugio en la persona que más amaba.

Tengo dos nietos de esa edad. Quizá por eso esa imagen me ha afectado tanto. No consigo apartarla de mi cabeza. Lo intento una y otra vez, pero regresa obstinadamente a mi memoria.

Confieso, y no me avergüenza hacerlo, que lloré viendo aquel documental. Ni siquiera pude terminarlo. Y todavía hoy me emociono al recordar al pequeño corriendo tras su madre en busca de protección.

A menudo se habla de la maldad como si fuera una idea abstracta. Pero no lo es. La maldad tiene rostro. Tiene actos concretos. Tiene víctimas concretas. Y, a veces, adopta formas tan monstruosas que resulta difícil comprender cómo pueden habitar en un ser humano.

Todo esto me llevó a una reflexión. Quizá dolorosa. Quizá necesaria, por lo que veo a mi alrededor. Porque hay atrocidades que el mundo olvida con demasiada facilidad y que no deberían olvidarse jamás:

«Coqueteamos tanto con el odio, el fanatismo, la intolerancia y la injusticia que, más que personas, diríase que somos bestias inmundas. Y perdón a las bestias.»


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...