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jueves, 4 de agosto de 2011

¡Lo que hay que aguantar!

El leitmotiv de cualquier profesional de la sanidad (médicos, enfermeras, auxiliares, celadores…) es ayudar a las personas, tratar de que la estancia de cualquier enfermo en el hospital sea lo más placentera posible poniendo para ello todos los medios a nuestro alcance.
 
Con nuestra humanidad, simpatía y agrado intentamos infundir en el enfermo (y también en sus familiares) confianza y seguridad. Ya lo dijo Sigmund Freud: “La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”. En mi caso siempre he procurado llevar a la práctica ese principio.
 
Por eso, cuando me topo con algún familiar que pone en tela de juicio mi buen hacer (y estoy poniendo un ejemplo) por el simple hecho de al pasar a la habitación la cama con su madre enferma rozar apenas el marco de la puerta, (cosa por otra parte nada fácil de evitar ya que las puertas de las habitaciones del hospital en donde trabajo son demasiado estrechas) a pesar de poner todo mi empeño y todo el esmero del que soy capaz para trasladar al enfermo intervenido a su habitación con el máximo cuidado y seguridad y oyes como te reprenden con muy malos modos por cosa tan nimia, sabiendo que lo están haciendo sin una pizca de razón. En esos momentos te llenas de rabia y de tristeza y te preguntas por qué tiene que haber energúmenos de tan baja catadura moral sueltos por el mundo, que se aprovechan de su posición de ventaja porque saben que no te puedes defender y que no les puedes explicar que se equivocan porque no atienden a razones. De vez en cuando te topas con gente de esa calaña, gente que es capaz, en un momento dado, de pasar de la agresión verbal a la física sin que tú hayas hacho nada por merecer su desprecio. Si acaso tu culpa habrá sido la de ayudar a su familiar enfermo.

Este tipo de situaciones se repiten con relativa frecuencia en nuestro trabajo, he tenido la suerte de haberlas padecido en contadísimas ocasiones, tampoco he sufrido ninguna agresión física en los muchos años que llevo trabajando en la sanidad pública, pero me consta que hay compañeros míos que si la han sufrido. Una lástima en verdad.
 
Marco Atilio





2 comentarios:

eltodopoderoso dijo...

De esa gente por desgracia nos encontramos muchos a lo largo de nuestra vida ya que no saben valorar el trabajo de otros, pero si es verdad que yo siempre defenderé el sector de la sanidad, por motivos varios, pero ay algunos que trabajan sin ganas y pagamos demás” justos por pecadores”

xiketeta dijo...

esta situacion se ha vivido en muchas ocasiones, ya que ay personas que no tienen verguenza con el personal sanitario y que solo miran por eyos mismos y no por las personas que ayudan al paciente para que todo salga bien en todo momento. tambien es verdad que ay ocasiones en que el paciente es el que sufre agresiones por parte del personal sanitario y en muchos casos se paga justo por pecadores. yo soy de las que respetan al personal sanitario pero tambien me gusta ser respetada por eyos.

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