La
eficacia de los distintos servicios de un hospital depende, en gran medida, de
la coordinación que exista entre todos los profesionales que trabajan en ellos.
La zona quirúrgica no es una excepción: el trabajo en equipo resulta
fundamental para poder cumplir los objetivos de la Unidad.
Para que el complejo engranaje de la actividad quirúrgica funcione correctamente se necesita la participación y el trabajo de muchos profesionales. Cada uno tiene encomendadas unas tareas, con mayor o menor grado de responsabilidad, pero todas ellas son importantes y necesarias. Es como una cadena en la que no puede faltar ningún eslabón.
Una de esas tareas es la limpieza, que conlleva, naturalmente, un alto grado de responsabilidad, pues de su eficacia depende, y no en poca medida, la incidencia de infecciones en las heridas quirúrgicas.
Esta labor de limpieza en la zona de quirófanos del hospital donde trabajo la llevan a cabo dos personas a las que aprecio, admiro y respeto profundamente: Antoñita y Cloti.
Sin aspavientos, calladamente y generosas en el esfuerzo, realizan una labor encomiable. Una labor que desempeñan al nivel de los mejores profesionales que pueda haber en la zona quirúrgica. Respetuosas y prudentes, da la sensación de que pasan de puntillas por el servicio, pero... ¡qué magnífico trabajo realizan!
Con prontitud y diligencia limpian un quirófano entre una intervención y otra en un tiempo récord. Muchas veces, contemplando su labor, me he preguntado cómo son capaces de conseguir tanta eficacia en tan poco tiempo. Y he llegado a la conclusión de que la gran experiencia que atesoran, su enorme capacidad de trabajo y su profesionalidad hacen posible que sea así.
Realizan su trabajo con una eficiencia y una dignidad ejemplares. Un espejo en el que poder mirarse.
Y quizá sea precisamente ahí donde reside una de las grandes enseñanzas que nos ofrecen: no hay trabajos de primera y de segunda; hay profesionales que realizan su trabajo bien o mal. Y ellas lo realizan extraordinariamente bien.
Vaya desde aquí mi pequeño homenaje a dos grandes personas que, con su trabajo y su saber estar, nos enseñan diariamente el camino para hacernos cada vez mejores profesionales.
Antoñita y Cloti, Cloti y Antoñita. Sí, ciertamente las admiro: como las grandes profesionales que son y como las magníficas compañeras y amigas que han sido.
5 comentarios:
Queda poca gente buena en su materia porque hoy en dia ya no balemos nada y no saven valorar nurstro trabajo pero aun asi felicidades a esas dos mujeres que desde fuera las savemos valorar muchisimo al igual que por algunos compañeros dentro.eltodopoferoso
Un bonito homenaje para un colectivo a menudo olvidado y que tiene una importancia extraordinaria en el funcionamiento de cualquier institución sanitaria. Bien Marco Atilio, has demostrado una vez más una sensibilidad digna de elogio.
Si respetas la importancia de tu trabajo, éste, probablemente, te devolverá el favor.
Mark Twain
Todos los trabajos son dignos y estoy segura que estas compañeras tuyas son grandes como personas y como profesionales, y cuando digo grandes me refiero a que seguro que hay muchos que tengan un status social más elevado que sean pequeños a su lado.
Tú también eres grande, Paco hijo de Francisco.
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