¿Dónde está el vigor, la fortaleza, la rebosante salud que me acompañaban cuando la lozanía juvenil inundaba cada molécula, cada átomo de mi ser? Poco a poco aquella energía, aquellas ganas de comerme el mundo, se han ido apagando con el paso de los años. Unos años que se han esfumado tan deprisa que no puedo creer que haya pasado tanto tiempo en tan poco tiempo. Parece un juego de palabras, pero no lo es: es una percepción muy real cuando, como yo, has recorrido ya un importante trecho en el sinuoso camino de la vida.
Una vida que tengo ya más de mediada y que se ha consumido en un suspiro. Si la vida fuera un solo día, yo habría dejado atrás el mediodía y comenzaría a adentrarme en la tarde. El sol todavía ilumina el camino, pero ya no asciende; lentamente comienza su descenso. ¿Cómo es posible que el tiempo haya corrido tanto?
¿Y cómo es posible que mi cuerpo se haya deteriorado de esta manera? Estos dolores perennes —la rodilla, la espalda, el cuello, los brazos, los pies...— parecen haber llegado para quedarse. Aquel maldito accidente de moto, al menos en parte, me sigue pasando factura. Todo ocurrió despacio, casi sin darme cuenta. Sin embargo, la sensación que tengo es la de que sucedió de golpe. Otra vez la relatividad de Einstein.
El paso del tiempo ha caído sobre mí como una losa en forma de dolor físico. Un dolor que me ha arrebatado, por ejemplo, uno de los mayores placeres de mi vida: jugar al tenis. ¡Cuánto lo echo de menos! Sé que jamás volveré a disputar un partido y esa certeza me entristece profundamente. Echo de menos aquellas tardes con mis amigos, la competición, las risas, el esfuerzo compartido, la satisfacción de mantenerme en forma mientras disfrutaba de un deporte que siempre me apasionó. Es triste aceptar que todo eso pertenece ya al pasado.
También mi trabajo empieza a resentirse. Es un trabajo que me gusta y que procuro desempeñar siempre con la mejor disposición, pero cada jornada me cuesta un poco más que la anterior. Me esfuerzo cuanto puedo, aunque hay días en que el dolor se hace casi insoportable. Es verdad que todavía existen jornadas más llevaderas, pero descubro con cierta angustia que cada vez son menos.
Muchos pensaréis que estoy siendo demasiado negativo. Yo, sin embargo, no lo veo así. Creo, sencillamente, que intento ser realista. Y quizá eso sea precisamente lo que más miedo me da.
Si hablo del tiempo y de la velocidad con la que pasa es porque añoro profundamente otros momentos de mi vida. Instantes felices que recuerdo con una claridad asombrosa, como si hubieran ocurrido hace apenas unos días, aunque sé que nunca volverán. Ojalá pudiera doblar esa flecha temporal y regresar unos cuantos años atrás. No solo recuperaría parte de mi vigor físico; también volvería a encontrarme con aquel hombre que creía poder con todo.
En fin, cuando miro alrededor y contemplo el sufrimiento, las guerras, la pobreza y la infelicidad que afligen a tantas personas, casi me avergüenza detenerme en mis propias dolencias. Pero cada ser humano carga con su propia historia y, poco a poco, también mi pequeño mundo se resquebraja.
Y, sin embargo, hay días en los que la melancolía acaba imponiéndose. Miro hacia atrás y no puedo evitar repetir para mis adentros:
¡Qué tiempos aquellos!
Quizá porque, en cierto modo, sí fueron mejores. O, al menos, así los contempla mi memoria.
Y entonces acuden a mi memoria aquellos inmortales versos de Jorge Manrique:
«…cómo, a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor».
La vida es extraña a veces, ¿no os parece?
9 comentarios:
El paso del tiempo nos aprisiona, no en una celda de cemento y ladrillos, sino en una de esperanzas rotas y tragedias imprevisibles, cuan grandiosa sería entonces la oportunidad del volver, pero al hacerlo no nos estariamos enfrentando al Tiempo sino a nosotros mismos, porque aunque podamos escapar de la carcel del tiempo, jamas podremos salir de la carcel de nuestra propia naturaleza.
Es inevitable echar la vista atrás y acordarnos de otors momentos de nuestra vida, sobre todo cuando tenemos problemas. Sin embargo, hay que vivir la realidad, hay que aferrarse al presente y vivirlo con la intensidad de la que seamos capaces. Ya lo dice el refrán: "Agua pasada no mueve molino". Debemos aceptar lo que tenemos ahora y no preocuparnos por lo que tuvimos o por lo que tendremos mañana, eso en mi opinión es una pérdida de tiempo.
Prometí que me pasaría por aquí de vez en cuando y, aunque tarde por diversas circunstancias, aquí estoy. ¿Y qué me encuentro? Con una persona angustiada y triste. Las razones que esgrimes en este artículo son poderosas porque la pérdida de la salud es importante pero debes, en la medida de tus fuerzas mirar hacia adelante, es bueno e incluso necesario a veces echar la vista atrás y disfrutar de nuestros recuerdos, sobre todo si los tenemos buenos como parece que es tu caso pero tampoco se vive de ellos y nada hacemos con lamentarnos de nuestra presente mala suerte. Debemos, estoicamente, aferrarnos al presente y vivir la vida tal y como nos viene, afrontar los problemas con la mejor de las disposiciones para intentar resolverlos y si son insolubles dejarlos a un lado. Comprendo perfectamente que vivir con un dolor físico continuo es martirizante pero debes encontrar el modo de que no repercuta en tu felicidad. En fin Marco, he intentado animarte y mostrarte un posible camino, si he errado con mis palabras te pido perdón por mi torpeza, si por el contrario he acertado con ellas me alegro de haber podido ayudarte. Saludos
Todos tenemos nuestro mundo y algo de qué quejarnos. Si esos dolores físicos a los que haces alusión te impiden ser feliz yo te digo que también los sufro yo viendo tu padecimiento, de cualquier manera aquí me tienes para hacerte la vida lo más agradable posible como intento hacerlo desde que te conocí. Ánimo que no estás solo en este camino que se ha vuelto espinoso de repente pero que recorreremos juntos hasta el final. Bsss.
Cuando era joven decía: “ ya verás cuando tenga cincuenta años” Tengo cincuenta años y no he visto nada.
Es cierto Marco Atilio: Todo pasa tan rápido. Somos un simple suspiro en la inmensidad del espacio temporal.
No pierdas tu tiempo ni en llorar el pasado ni en llorar el porvenir. Vive tus horas, tus minutos. Las alegrías son como flores que la lluvia mancha y el viento deshoja.
Tal vez a veces miremos el mismo paisaje, y sientas esa nostalgia inexplicable...Pues de esa misma melancolía me alimento yo...!
El pasado ya no existe, el futuro tal vez vendrá. Pero hoy..., hoy es tu presente, no lo estropees mirando hacia delante y hacia atrás. Camina en el hoy porque sólo así vivirás.
¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Con lo que está cayendo desde luego que sí. Saludos.
"Vivir en el recuerdo es el más perfecto modo de vida que se puede imaginar". Porque... "Recordar es la única manera de detener el tiempo".
todo pasa rapido,........cierto,pero te voy a dedicar,Marco Atilio, una frase,no se de quien es,pero la voy a hacer mia;Admiro a las personas que con el corazon roto y lleno de problemas,pueden levantar su mirada,sonreir y decir; ESTOY BIEN. Creo que eso es lo que intentas todos los dias,cuando estas en tu trabajo que al igual que yo compartimos.......
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