Un
techo donde refugiarse, un plato de comida para alimentarse, un vaso de agua,
una cama para dormir, ropa para cubrirse… De cosas tan simples y tan necesarias
para subsistir carecen millones de personas en el mundo. Por conflictos armados
que la inmensa mayoría ni desea ni ha provocado. Por la avaricia de algunos en
acumular riqueza sin importarles que otros mueran de hambre. Por el placer de
infringir dolor a sus congéneres por parte de ciertos individuos
desequilibrados de nuestra especie.
Todo esto ha sido tan habitual a lo largo de la historia que hemos terminado por verlo casi como normal. Y de normal no tiene nada, absolutamente nada. Es, quizá, la consecuencia lógica del proceder del ser humano desde el mismo momento en que puso los pies sobre la Tierra: la consecuencia de una humanidad deshumanizada, incapaz de evolucionar moralmente. Tal vez la única forma de hacerlo sería desaparecer y volver a empezar. Quizá más justos. Quizá más sabios.
Estoy convencido de que el ser humano ha sido una pésima noticia para el planeta. Para la propia Tierra y para las demás formas de vida que la habitan. Por eso, a veces, se me cuelan pensamientos extremos, casi apocalípticos, como si la naturaleza misma reclamara una cura radical frente a tanta destrucción.
Pensamientos incómodos, sí, que no deseo ni defiendo, pero que aparecen cuando uno contempla hasta dónde puede llegar nuestra capacidad de causar dolor. Ideas que surgen al preguntarse qué ocurriría si lo peor de nuestra especie dejara, por fin, de imponer su ley.
En cualquier caso, podéis estar tranquilos quienes leáis estas líneas. No es más que un pensamiento, un desvarío, quizá un sueño mal soñado…
¿O tal vez no? Ya ni siquiera lo sé.
2 comentarios:
Digo yo, que se podrán hacer otras cosas, que soy muy joven.
No sueñes mas, que no es bueno, que te levantas con estrés.
eltodopoderoso
Pero tendrás una vida mejor en el más allá
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