A lo largo
de la vida nos encontramos con todo tipo de personas. A algunas las dejamos
pasar y pronto se desvanecen de nuestra memoria, porque nada valioso dejaron en
ella; a veces, incluso, todo lo contrario. Otras, en cambio, nos enriquecen de
muchas maneras: por su agradable forma de ser, por su educación, por su cultura
y, en fin, por su modo de desenvolverse en el difícil arte de vivir. Poco a
poco despiertan nuestra admiración y casi sin darnos cuenta, terminan
contribuyendo a nuestro crecimiento personal.
He tenido la fortuna de toparme con algunas de esas personas. Muchas pasaron por mi vida y dejaron un vacío con su marcha, pero también un caudal de recuerdos entrañables del que todavía hoy disfruto. Ese, para mí, selecto grupo de personas me ha permitido conocer el lado más amable del ser humano, ese que, con cuentagotas, aún florece en alguna parte.

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