Un viejo libro leyendo,
Yumys Galaxy nació como un pequeño refugio en medio del ruído del mundo. Aquí guardo pensamientos, emociones y fragmentos de vida que, de otro modo, se perderían en el olvido. No busco popularidad ni aplausos; busco, sencillamente, expresar mi lado más personal e íntimo, porque en cada palabra dejo una parte de mí. Este espacio no pretende convencer, solo compartir lo que soy, lo que pienso y lo que siento. Solo eso.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Noches de invierno
Un viejo libro leyendo,
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
martes, 29 de septiembre de 2015
Ese hombre es Dios
Si lo leéis podéis comprobar que transmite una gran moraleja: Lo inmensa que puede llegar a ser la estupidez humana. Comienza así:
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
viernes, 11 de septiembre de 2015
Más tal que cual
PD. A lo mejor a algunos de vosotros todo lo que habéis leído, la frase en cuestión, os parecerá un tanto absurdo y tal vez se os quede cara de no saber muy bien qué demonios estoy diciendo. No pretendo que lo entendáis, aunque estoy seguro que sí lo haríais de conocer el asunto en profundidad, y eso solo se puede conseguir formando parte de esta especie de locura tragicómica que es mi vida.
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
lunes, 31 de agosto de 2015
El tributo
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
lunes, 17 de agosto de 2015
Algunas pinceladas sobre mí
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
domingo, 2 de agosto de 2015
Malo malísimo
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
martes, 14 de julio de 2015
¡Atención!
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
domingo, 21 de junio de 2015
Camino equivocado
Marco Atilio
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
domingo, 14 de junio de 2015
El pescador y el pez dorado
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
miércoles, 27 de mayo de 2015
La ceremonia de la siesta
Siempre he sido una persona a la que le gusta
trasnochar. Así ha sido desde siempre y así continúa siendo, incluso sabiendo
que al día siguiente el despertador no perdona.
No es raro que den las dos o las dos y media de la madrugada antes de irme a la cama. ¿Y qué hago despierto hasta tan tarde? Habitualmente leo, escribo, veo una película, navego por internet… Al día siguiente, a las seis y media de la mañana, ya estoy en pie para irme a trabajar. Lógicamente, todos los días necesito dormir la siesta. Unas dos horas, por lo general.
Con el paso de los años, la siesta se ha convertido para mí en un auténtico rito. Una ceremonia que se repite de la misma forma, día tras día.
Salgo del hospital a las tres de la tarde, así que normalmente llego a casa sobre las tres y veinte, poco más o menos. Hay que tener en cuenta que el hospital en el que trabajo se encuentra en la vecina ciudad de Úbeda, a unos nueve kilómetros de Baeza.
Cuando llego a casa, Isabel me está esperando para comer. Habitualmente lo hacemos en la cocina y, mientras comemos, solemos ver el final de las noticias y el programa diario Saber y Ganar, que se emite en La 2 de TVE.
Una vez hemos terminado, me dirijo al salón. Enciendo la televisión, bajo la persiana hasta dejar la habitación sumida en una suave penumbra y me tiendo en mi sillón reclinable. Cojo el mando a distancia y comienzo a hacer zapping. No pasa mucho tiempo antes de que los párpados empiecen a pesar. Los ojos se cierran y, aunque intento mantenerlos abiertos, la batalla está perdida. De pronto me invade un dulce sopor. Me abandono a Morfeo casi sin quererlo y, en un abrir y cerrar de ojos —nunca mejor dicho—, me zambullo en el irreal y mágico mundo de los sueños.
Aunque pueda resultar sorprendente, es muy habitual que el sueño me venza con el mando a distancia aún apuntando a la televisión y, quizá, a una página del teletexto que se quedó sin leer. Súbitamente comienzo a roncar —al menos eso dicen mi mujer y mis hijos—, que, por otra parte, siempre han sido muy respetuosos con mi momento de siesta. Saben que necesito ese par de horas para recuperar energías y poder volver a ser persona.
Es increíble la facilidad que tengo para conciliar el sueño a esa hora del día. Basta con reclinarme en el sillón para que, en apenas dos minutos, ya esté dormido. Sí, resulta sorprendente… incluso para mí.
En cualquier caso, bendita siesta: una costumbre humilde, silenciosa, casi invisible, pero necesaria. Un pequeño paréntesis diario en el que uno se reconcilia consigo mismo. Porque, al fin y al cabo, no siempre necesitamos grandes sueños; a veces basta con cerrar los ojos.
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
