INICIO

BIENVENIDOS A YUMYS GALAXY

miércoles, 13 de abril de 2016

Las cosas pasan... las personas pasan



 
Llevo ya algún tiempo contemplando seriamente la posibilidad de dejar el blog de forma definitiva. Eliminarlo o dejar de escribir entradas en él. A lo mejor finalmente no lo haga, todo dependerá de que supere algunos problemas que me tienen bastante apático. Reflexionaré profundamente sobre ello y veremos la decisión que tomo.

Y es que mi vida ahora se encuentra en un punto en el que muchas de las ilusiones que tenía se han ido perdiendo… o mejor, enfriando. Mi salud emocional no pasa por sus mejores momentos y, sinceramente, me cuesta horrores concentrarme para hallar las palabras precisas que me permitan contar todo lo que pasa por mi cabeza. ¡Ay, mi cabeza! Ahora mismo es como un desván donde prolifera el caos y el desorden más absoluto.

A mi deterioro emocional se une un deterioro físico notable, probablemente el primero sea consecuencia del segundo.

Siento que mi vida está cambiando, un cambio que se me antoja drástico, un cambio de sentido importante… casi radical.

Soy una persona a la que no le gustan mucho los cambios, sobre todo cuando uno es feliz con lo que vive y con lo que tiene. Percibo que aquello que tenía y que disfrutaba día por día se está perdiendo poco a poco.

Por esos problemas físicos a los que me refería, llevo ya algún tiempo sin poder trabajar. Cuando estos problemas se solucionen (si es que lo hacen), volveré a mi puesto de trabajo y, probablemente, nada será igual que antes porque quizá no encuentre algunas personas con las que me une un vínculo importante y a las que aprecio sinceramente. Una de ellas es seguro que no encontraré, un anestesista con el que he compartido muchos buenos ratos y con el que siempre he tenido una especial química. Un magnífico profesional y mejor persona y al que desde estas líneas le deseo toda la suerte del mundo en su nueva etapa profesional. Él fue quien le suministró la anestesia a mi madre cuando le pusieron la prótesis de rodilla hace ya bastantes años, y también a él le propuse que se encargara de ponérmela a mí cuando me operen dentro de pocas fechas. Y se lo propuse por varios motivos, el primero es porque lo considero uno de los mejores profesionales que hay en el Servicio de Anestesia, un Servicio en donde realmente hay grandes anestesiólogos, pero sin la menor duda él está entre esos grandes profesionales. Segundo porque desde siempre me ha inspirado una especial confianza. Tercero porque llevamos muchos años compartiendo el mismo espacio, con una relación respetuosa, agradable y cordial. Y cuarto porque es una de las personas a las que más aprecio y admiro, fruto sin duda de su calidad humana y de todos esos años de buen rollo compartiendo muchas horas todos los días. Lástima que se tenga que marchar, lo siento por mí aunque comprendo que tiene grandes y poderosas razones para hacerlo. Lo único que me queda es desearle suerte en esta nueva etapa y la mejor de las venturas. Sé que nos volveremos a ver de cuando en cuando, pero ya no compartiremos ese día a día… las bromas en el vestuario a la llegada al trabajo, sus apuntes didácticos a mis preguntas sobre anestesia, sus inquietudes socio políticas que comparto plenamente, sus charlas sobre la historia de su país que tanto me interesaban… y un sinfín de situaciones más que enriquecieron mi cultura y mi crecimiento personal. En fin, “c'est la vie”, lástima.

Otra de las personas que a buen seguro no encontraré en el Servicio en donde trabajo es mi compañera, la compañera que desde hace ocho años ha compartido conmigo las alegrías y los sinsabores de una labor muchas veces agradable y otras algo ingrata. Ella no se marcha del hospital, cambia de Servicio, cambia su labor en Quirófanos para iniciar una nueva andadura en el Servicio de Urgencias. Así que, a diferencia de mi amigo el anestesista al que veré muy de tarde en tarde, a ella podré verla mucho más a menudo, aunque sospecho que ya no será lo mismo.

Mi querida compañera es una persona a la que aprecio sinceramente. A lo largo de todos estos años he podido comprobar que compartía espacio día por día con una buenísima persona, una persona trabajadora, inteligente y responsable, una persona por las que merece la pena levantarse cada mañana para ir a trabajar, una persona encantadora a la que considero, más que compañera, mi amiga y ser su amigo es para mí un honor y un privilegio.

Al igual que con mi amigo el anestesista, con mi querida compañera me sucederá tres cuartos de lo mismo, el día a día disfrutando de su presencia se habrá perdido, sus risas ante mis ocurrencias, el relax del desayuno, sus palabras de ánimo ante mis momentos de quebranto, su presencia de ánimo, su timidez a la que intenté ponerle remedio sin conseguirlo del todo, y tantos momentos, tantas situaciones, tantas circunstancias agradables, tantas emociones y sensaciones que marcaron nuestra estrecha colaboración en el trabajo durante todos estos años, todo eso se habrá perdido, esa es la realidad, una realidad para mí triste pero comprendo, aunque me duela, que mi compañera probablemente sea más feliz alejada de este Servicio que quema demasiado por su excesiva carga de trabajo.

Sé que me quedan muchos compañeros y amigos en el Servicio, pero también sé que la persona con la que más estrechamente compartía mi labor diaria ya no estará a mi lado y eso, seguro, lo echaré de menos…, lo echaré mucho de menos. Pero bueno, después de todo debo quedarme con esos magníficos años en los que he tenido el privilegio de compartir mi día a día laboral con una magnífica persona y, en definitiva, eso es lo que cuenta.

En fin, las cosas suceden y nada podemos hacer por cambiarlas. Probablemente y desde una postura un tanto egoísta, no hubiera querido que ninguno de los dos se marchara, pero también entiendo que han tenido sus buenas razones para tomar esa decisión y como no podía ser de otra manera las respeto y las comprendo.

Ni siquiera yo puedo estar seguro de que volveré a mi querido Servicio de Quirófanos en el que llevo ya 21 años. Todo depende de cómo evolucione con mis problemas físicos y el proceso de recuperación que tenga una vez que me operen. Sinceramente, no puedo decir lo que pasará, aunque todo apunta a que tenga que cambiar de Servicio si quiero que mi prótesis dure muchos años. Al menos así me lo indican los traumatólogos y si ellos lo dicen…

A lo largo de nuestra vida nos vamos encontrando todo tipo de personas, algunas de ellas simplemente las dejamos pasar y pronto las olvidamos porque no nos aportan nada positivo, más bien al contrario. Sin embargo otras nos enriquecen de muchas maneras: Por su agradable forma de ser, por su educación, por su cultura, por su saber estar por, en fin, su modo de desenvolverse en el difícil arte de vivir. Poco a poco nos van llenando de admiración y, de alguna forma, van contribuyendo a nuestro crecimiento personal. Yo he tenido la fortuna de toparme con algunas de esas personas, muchas de las cuales pasaron por mi vida (varias por suerte aún siguen en ella) y me dejaron una huella amarga con su marcha pero también una vida repleta de mágicos recuerdos de los que disfruto con frecuencia. Por supuesto estos dos compañeros y amigos que ahora se marchan forman parte de ese para mí selecto grupo de personas que han pasado por mi vida y que me han permitido ver el lado más amable del ser humano.

Estoy compartiendo mis reflexiones con todos vosotros y a lo mejor llegáis a la conclusión equivocada de que pareciera como si nunca más los volviera a ver y esto no es así en absoluto, aunque intuyo que aún teniéndoles cerca, más en el caso de mi compañera, la realidad, y no puedo engañarme, es que estarán muy lejos.

Pero la vida sigue, y las cosas pasan, y los momentos pasan, y las personas pasan… y nada, absolutamente nada, podemos hacer por cambiar eso.

Y mientras yo, a cuestas con mis problemas físicos y emocionales.

¡Dios, qué triste melancolía!

Marco Atilio

domingo, 31 de enero de 2016

¿Quiméricas visiones?


En este país llamado España parece que hablar de justicia social, de equidad, de derechos sociales y laborales, de empleos y sueldos dignos… en fin, de poder proporcionar al ciudadano por parte de nuestros gobernantes una vida digna a todas luces necesaria y justa, es como si estuvieras defendiendo una quimérica utopía. En cuanto te manifiestas en ese sentido te tachan poco menos que de visionario antisistema y revolucionario, es como si hubieras nombrado al diablo y ponen el grito en el cielo ante tamaños desatinos. Te dicen que no tienes ni idea de cómo funciona el sistema; este sistema podrido e injusto que tenemos en donde una elitista oligarquía formada por unos cuantos, subyugan y tiranizan a pueblos enteros con la connivencia de políticos sin escrúpulos que legislan para los más poderosos en detrimento de la gran mayoría de la gente. Políticos que en lugar de servir al pueblo que los votó se sirven a ellos mismos y a los grandes poderes financieros porque saben que cuando termine su mandato acabarán en los consejos de administración de las grandes empresas a las que con sus políticas llevadas a cabo durante sus mandatos tanto han beneficiado, las llamadas puertas giratorias. “Yo legislo en tu favor y a cambio tú me das un sillón en tu empresa con un sueldazo de escándalo”. Así ha funcionado la política en nuestro país durante muchos años.

Hace pocos días comenté una noticia aparecida en un periódico digital relacionada con El Foro Económico de Davos celebrado recientemente. Mi comentario fue el siguiente:

“Aquellos políticos que con sus medidas antisociales dejan sin futuro a millones de personas no deberían dedicarse a la política. Los políticos se deben a los pueblos que los votaron y deben hacer políticas que favorezcan la igualdad entre las personas. No es buena política aquella que legisla en favor de unos pocos llevándose por delante a miles de familias honradas y sin ningún tipo de culpa. Cómo lo hagan es cosa de los políticos y tecnócratas del poder, para eso les pagan”.

Yo me pregunto qué de malo tiene este comentario, porque me llovieron las críticas por todas partes. Unas críticas a veces hirientes que tuvieron cumplida respuesta por mi parte, faltaría más.

Criticaban mis interlocutores que no había dinero para hacer tales políticas sociales, que no se podía prometer lo que no se tiene ni prometer cosas sobre un gasto que no puede crecer porque nadie nos financia. Y yo digo que con toda la cantidad de millones que han defraudado los políticos corruptos de nuestros principales partidos, que son muchos millones los defraudados, creánme, y atajando el fraude fiscal cometido por parte de las grandes empresas y fortunas sí que se podrían hacer políticas mucho más sociales. Y por otro lado, qué tiene que ver que no haya dinero ¿? para que los sueldos fueran un poquito más altos; unos sueldos que den para vivir con dignidad y no que aún trabajando seas pobre como una rata por culpa de esos sueldos de miseria que se pagan en España a cambio de jornadas laborales de diez o doce horas. El trabajo esclavo que alguien dijo.

Mientras todo esto sucede en nuestro país, nuestros señores diputados son unos auténticos privilegiados con unos sueldos muchas veces por encima, no ya del salario mínimo, sino del sueldo medio en España. Por cierto, además del sueldo reciben otras prebendas que sería tedioso enumerar pues son infinidad los privilegios de esta casta elitista. Para saber a qué me refiero solo tenéis que poner en Google “Privilegios de los diputados” y os quedaréis alucinados con la lista de prebendas que tienen sus señorías.

En fin, sea como fuere y visto lo visto, he llegado a la conclusión de que hay muy poca empatía en muchísimas personas hacia los demás y también muchísimo egoísmo.

Los gobernantes, los grandes magnates que rigen los destinos del mundo económico, los poderosos del capital, los que en realidad pueden cambiar las cosas si quisieran, viven en un mundo tan apartado del real que no toman conciencia de la tragedia que se está escenificando a su alrededor todos los días y al que ellos son absolutamente ciegos y sordos. Sólo si tuviesen una pizca de humanidad, una pizca de bondad, una pizca de solidaridad, una pizca de empatía por el prójimo, podían bajarse del pedestal de oro al que están encaramados y ponerse en el lugar de la gente más humilde, la que lucha día a día para poder subsistir en un mundo demasiado cruel con el que nada tiene. Quizá entonces el mundo sería mucho más bonito y agradable.

Yo por mi parte seguiré criticando las tropelías de los poderosos hacia los humildes y defendiendo aquello en lo que creo: Un mundo mucho más justo, equitativo, solidario y digno.

Marco Atilio

viernes, 1 de enero de 2016

Feliz 2016


Marco Atilio os desea que el año que comienza sea aquel en el que vuestros sueños e ilusiones se hagan realidad. Que se vislumbre un futuro prometedor para los que ahora no lo tienen y que encuentren durante este 2016 un horizonte lleno de esperanza.

¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!

Marco Atilio

viernes, 25 de diciembre de 2015

Deseos navideños


Quisiera, como administrador de Yumys Galaxy, desear a todos sus seguidores, simpatizantes y a todos los que alguna vez hayan pasado por este pequeño rincón unas felices navidades. Que la paz y la felicidad entren a raudales en vuestras casas y que el año 2016 sea el de la consecución de vuestros sueños e ilusiones, aquel en que se cumplan vuestras esperanzas y todo aquello por lo que lucháis día por día.

De paso permitidme que haga una pequeña reflexión con todos vosotros:

Ahora que nos impregnamos de espíritu navideño y nos llenamos de buenos deseos para los demás, que rezumamos solidaridad por todos los poros de nuestra alma, dejemos que ese espíritu se traslade también al resto del año, que ese espíritu navideño no muera cuando pasa la Navidad.

No permitamos que nos envenenen la intolerancia, el egoísmo, la envidia, la vanidad, el rencor, la hipocresía… y que siempre, siempre, tengamos una sonrisa presta para regalar al compañero, al amigo, al hermano… al otro. Seguro que haciéndolo así llenaremos de paz nuestro espíritu, esa paz que deseamos para el prójimo en estas fechas tan entrañables y que tan imprescindible es para el crecimiento personal.

Ya hace dos años, escribí otra entrada en el blog sobre estas reflexiones navideñas y que si lo deseáis podéis mirar en este enlace.


¡¡¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!!!

Marco Atilio

lunes, 7 de diciembre de 2015

Como un grano en el culo

Contaminación

Ahora que se está celebrando en París la “Cumbre del Clima” y se habla sobre el calentamiento global y el cambio climático y sus posibles soluciones, aunque mucho me temo que sea tarde y que solo saldrán buenos propósitos que se olvidarán pronto y que seguiremos matando poco a poco pero inexorablemente nuestro planeta y la vida sobre él; pienso decía que, el cambio climático al que nos vemos abocados, es la consecuencia inevitable de nuestro modo de vida desde la “Revolución Industrial”, de haber vertido durante muchos años, ingentes cantidades de materiales tóxicos a la atmósfera, a los océanos, a los ríos, de haber deforestado nuestros bosques con ambición desmedida… solo por la insensatez y egoísmo de individuos sin escrúpulos, porque a lo largo de los años siempre han primado más las cuestiones económicas que las medioambientales sin importar el tremendo daño que se le estaba haciendo a nuestro planeta y por ende a todas las personas (en una suerte de autodestrucción), a todos los animales terrestres y marinos, a todas las aves y en fin a todo lo que se mueva y respire sobre La Tierra.
 
Cuando me paro a pensar en todo eso, me reafirmo cada vez más en que el ser humano es tremendamente nocivo para las demás especies de este planeta en que vivimos, es nocivo incluso para sus propios congéneres, y nocivo también para el medio en el que vive, para el aire que respira, para la tierra que pisa, para cualquier cosa que toque. Porque somos nocivos en nuestra propia esencia y por donde quiera que vayamos no dejamos “títere con cabeza”.
 
De todo esto que digo, la historia reciente puede dar fe, solo hay que repasarla un poco y constatar que lenta pero implacablemente estamos destruyendo nuestro querido planeta: quemando sus bosques, intoxicando sus aguas, envenenando su atmósfera, agotando sus reservas…
 
Para nuestra maravillosa Tierra fue un mal día aquel en que el ser humano puso sus pies sobre ella por primera vez. No sé cómo sucedió y qué motivo hubo para que sucediera. Si fue Dios quien nos puso aquí creo que cometió la mayor torpeza de la historia conocida. Porque, aunque somos infinitesimalmente pequeños comparados con la inmensidad del Universo, no dejamos de ser como un grano en el culo, molestos y dañinos hasta la paranoia.
 
Por nuestra propia inconsciencia, por nuestro propio egoísmo, por nuestra propia estúpida necedad, estamos acabando con esta preciosa “Canica Azul” como la bautizaran los astronautas del Apolo 17. Esta maravilla del Sistema Solar en donde un día, un aciago día, nos pusiera el azar; eso quiero creer, porque si fue una mano divina quien nos puso, creo sinceramente que no tenía ni la más remota idea de la clase de gentuza con la que estaba tratando.

lunes, 23 de noviembre de 2015

¿Qué es realmente ser «facha»

facha

Hace pocos días, un anestesiólogo del hospital en donde trabajo, nacido en Rusia pero desde hace ya muchos años residente en España, me preguntó por una palabra que había oído su hijo y que no sabía muy bien qué significado tenía. La palabra en cuestión era «facha». Me preguntó qué significaba «ser facha» y cómo se debía interpretar.

Es lógico entender que, para alguien que no sea español, el término «ser facha» le suene a chino; no así para los que somos españoles, que estamos hartos de oír esa expresión, instaurada en nuestro lenguaje desde hace ya muchos años.

La palabra «facha» es sinónimo de «fascista», así que decir de una persona que es facha equivale a decir que es fascista. Quien utiliza ese término lo hace para descalificar –y, en todo caso, denigrar– a otra persona, y muy probablemente no sepa las terribles connotaciones de este concepto. También demuestra, dicho sea de paso, un total desconocimiento de la historia.

El término fascista fue acuñado por Benito Mussolini después de la Primera Guerra Mundial, al que después se adscribió Adolf Hitler bajo la marca nacionalsocialista. Franco, por su parte, también instauró un régimen totalitario profascista en España tras la Guerra Civil y, aunque a partir de la derrota de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial se fue deshaciendo de esa etiqueta, la simbología fascista se mantuvo hasta el final de la dictadura.

La palabra facha en España procede precisamente de la Guerra Civil. Los defensores del bando republicano se referían a sus enemigos del bando franquista con el término fachas o fascistas, y estos, a su vez, llamaban rojos a sus oponentes republicanos.

El fascismo conlleva la instauración de un totalitarismo sangriento basado en el miedo, la violencia, la tortura y la represión. Un fascista odia la democracia, es racista, intolerante y autoritario.

Normalmente, en España, la palabra «facha» se usa un tanto a la ligera, demostrando quien la emplea un total desconocimiento de sus connotaciones reales. Con ella se suele señalar a la gente cuya ideología política es de derechas, obviando que, muy probablemente, esa gente sea tan demócrata –o más– que quien utiliza la palabreja.

En resumen, ser facha o fascista implica que a la persona a la que va dirigido ese insulto se la está tachando de antidemócrata, racista, intolerante o totalitaria… y, sin embargo, no es así en absoluto en la inmensa mayoría de las ocasiones.

Entonces… ¿por qué se sigue utilizando tan equivocadamente? Pues supongo que por el aborregamiento tan manifiesto de una gran parte de la sociedad española, así como por el desconocimiento de la historia por parte de esa misma sociedad. Y por último –y no menos importante–, por la estupidez intrínseca que tienen algunas personas.

Decía mi abuelo –con muchísima razón– que la incultura hace estragos. Y quizá sea precisamente eso –la incultura, la ignorancia y el gusto por repetir sin pensar– lo que mantiene vivas ciertas palabras vacías que solo sirven para dividir. Porque, si uno se detiene un momento a reflexionar, comprenderá que los verdaderos «fachas» no son quienes opinan distinto, sino quienes pretenden imponer su pensamiento a los demás.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Melancolías


La lluvia cae con fuerza.
 
Desde el oscuro umbral
de la vieja casa, mustia y fría,
miro la lluvia,
la incesante,
la pertinaz lluvia de otoño.
 
Miro como las gotas
empapan todas las cosas.
 
El viento sopla fuerte.
Todo es negruzco ahora.
 
Las gotas se estrellan en el suelo
y saltan en pedazos por doquier.

De pronto…

Los recuerdos se apoderan
de mi alma…
Mi mente vuela lejos
en el tiempo...

Oigo las risas de mi madre...
siempre llena de alegría…
siempre regalando una sonrisa.

Veo a mi padre joven y fuerte,
labrar campos de olivares,
bajo el sofocante sol de agosto,
fundido en cuerpo y alma
con una tierra…
que nunca ha sido suya…

Aquellos inocentes juegos infantiles
junto a mi hermana Ana Mari,
en el corralón de la vieja casona
que tan felices nos hacían…

Los amigos de mi infancia,
con sus alegrías y miserias a cuestas…
algunos han muerto ya.

Y es que el tiempo pasa deprisa…
muy deprisa.

Aquellos días en que conocí a Isabel
de romanticismo y fantasía
pasan ahora ante mí.

¡Es extraño todo esto!

Mi mente salta veloz,
entre una amalgama de recuerdos
que se confunden unos con otros.

El viento azota mi cara...

¡Vuelvo a la realidad!

El tiempo pasa…,
las cosas pasan…,
las personas pasan...,
como en un suspiro...

Y yo...

desde el umbral de la vieja casa,
contemplo la lluvia,
la pertinaz, incesante
lluvia de otoño.
Marco Atilio





















































miércoles, 21 de octubre de 2015

Noches de invierno

Lluvia en Baeza

Rebuscando entre mis papeles, en un rincón olvidado, entre las hojas de una raída libreta, he encontrado este poema que escribí cuando tenía apenas once años. Este poema me demuestra que mi afición por la escritura me viene desde muy antiguo. Quizá entre sus versos no encontréis un dechado de técnica poética pero lo que sí encontraréis sin duda, son las inquietudes de un infante al que le gustaba plasmar sobre un papel sus emociones más profundas. Como podréis observar, el poema encierra la melancolía que siempre ha caracterizado gran parte de mi escritura y que, ya desde muy temprano, ha sido mi marca personal en cuestiones literarias. El poema en cuestión es este:
 
NOCHES DE INVIERNO

Un viejo libro leyendo,
pero a la vez distraído,
es una tarde sombría
de un pueblecito perdido.
 
Cae la tarde, llueve,
sopla con fuerza el viento,
muere la tarde deprisa…
crepúsculo ceniciento.
 
Se ha entrado la noche,
un hombre pasa corriendo,
miro de reojo la calle…
todavía sigue lloviendo.
 
La lluvia repiquetea
los cristales de mi ventana,
a lo lejos suenan, suenan,
de la iglesia las campanas.
 
El viejo libro en mis manos,
dos gatos juegan su juego,
recostado en un rincón
el abuelo atiza el fuego.
 
Qué triste el alma me ponen
tristes noches del invierno,
oscuras y con llovizna,
que cantan su son eterno. 

Marco Atilio

































martes, 29 de septiembre de 2015

Ese hombre es Dios

hombre burro
Hoy os voy a contar un cuento con el que me he reído en no pocas ocasiones. Un cuento que me ha contado mi padre muchas veces y que a él se lo contó mi abuelo, por tanto es un relato que sospecho nace en las mismas profundidades del tiempo. El cuento podíamos titularlo “Ese hombre es Dios”. Es algo largo, pero merece la pena, al menos podréis pasar un rato bastante divertido, os lo prometo.

Si lo leéis podéis comprobar que transmite una gran moraleja: Lo inmensa que puede llegar a ser la estupidez humana.  Comienza así:

Un aldeano, con su burro, fue al bosque a por leña. A la vera de un camino se subió a un árbol y se dispuso a cortar una gran rama. Lo hacía sentado a horcajadas mirando al tronco del árbol y cortando la rama por el interior, entre él y el tronco. De seguro caería junto con la rama incluso antes de cortarla en su totalidad. En ello estaba cuando acertó a pasar por el lugar un caminante, que al ver al aldeano y el porrazo que iba a dar en breves momentos se paró y le dijo:

- Buenos días buen hombre.
 
El aldeano devolvió el saludo:
 
- Buenos días tenga usted señor.
 
- ¿Qué, cortando un poco de leña? Preguntó el caminante.
 
- Pues sí, ya empieza a hacer frío y ya se hace necesaria para calentarse… y cocinar. Repuso el aldeano.
 
El caminante, que no daba crédito a la manera en que estaba intentando cortar la rama el aldeano, le dijo en un tono entre amable e incrédulo:
 
- Perdone pero… ¿usted se ha dado cuenta que cuando corte la rama se va a pegar un porrazo de campeonato?
 
- ¿Cómo dice usted? Contestó el aldeano.
 
- Digo que cuando corte usted la rama, se pegará un porrazo contra el suelo, porque está usted sentado en el trozo que caerá cuando apenas termine de cortarla. Caerá usted junto con la rama.
 
El aldeano, visiblemente contrariado replicó:
 
- Bueno, ¿y usted qué sabe de estos asuntos? ¡Déjeme cortar la rama en paz y siga su camino! ¿Usted qué sabe de estos menesteres?
 
- Pero hombre de Dios, no se ha dado cuenta que…
 
El aldeano no dejó al caminante terminar la frase y en un tono amenazador dijo:
 
- ¿Es que pretende usted enseñarme a cortar leña? ¿No tiene nada mejor que hacer que meterse con la forma en que hago mi trabajo? Ya le he dicho que siga su camino y me deje usted en paz.
 
El caminante, entre sorprendido y algo malhumorado por el tono en que le hablaba el aldeano, decidió seguir su camino y dejar que el besugo aquél cayera al suelo cuando cortara la rama.
 
Efectivamente, no había terminado el aldeano de cortarla cuando esta se resquebrajó cayendo rama y aldeano al suelo con gran estrépito. Por suerte para él no le ocurrió nada grave, tan solo algunas desolladuras y magulladuras.
 
Cuando se repuso un tanto del porrazo el aldeano pensó en voz alta:
 
- Vaya, qué batacazo me acabo de dar. Es increíble que el hombre con el que he estado hablando no ha mucho tiempo haya predicho este desaguisado. ¡Virgen Santa! ¿Será posible? No hay duda, ese hombre es Dios. No tengo la menor duda.
 
Se levantó del suelo, cogió su burro y salió en pos del caminante al que alcanzó prontamente.
 
- Eh, señor. Pare un momento. Por favor deténgase.
 
El caminante, al oír las voces y los aspavientos del aldeano se sobresaltó un tanto, pero picado por la curiosidad detuvo su marcha y esperó a que llegara hasta él el zoquete que había conocido unos cientos de metros más abajo. Al fin este llegó montado en su burro. Se apeó del animal y se acercó al hombre que lo esperaba con cara de no entender muy bien qué es lo que ocurría. Entonces el aldeano dijo:
 
- ¿Se acuerda usted de mí?
 
- Pues claro que sí.
 
- ¿Y se acuerda que usted me dijo que me iba a caer del árbol en cuanto cortara la rama…? Pues me he caído.
 
- Bueno, eso era más que evidente, cualquiera lo hubiera adivinado.
 
Al caminante le costaba horrores contener la risa.
 
- ¡¿Cómo evidente?! No sea usted modesto amigo. ¡Usted es Dios! Usted me dijo que me caería y me he caído… usted es Dios.
 
El caminante no creía lo que estaba oyendo.
 
- Pero hombre, yo como voy a ser Dios.
 
- Sí, sí, usted es Dios. Y como es usted Dios tendrá que decirme cuándo me voy a morir.
 
- Pero que yo no soy Dios.
 
- Usted es Dios y no se hable más del tema. Así que le pregunto: ¿Cuándo me voy a morir?
 
El caminante negaba que él fuera Dios y el aldeano insistía en que sí lo era. Tan terco se puso en su afirmación que al caminante no le quedó más remedio que decirle:
 
- Cargue el burro de leña hasta las orejas y con el burro bien cargado inicie el camino a su casa. Cuando el burro se tire tres pedos se morirá usted. ¿Ha entendido?
 
- Sí, sí, perfectamente. Cargaré el burro bien cargado y cuando se afloje tres cuescos el jumento habrá llegado mi hora. Entendido.
 
El caminante se tronchaba por dentro, se despidió del aldeano y siguió su camino luchando porque las carcajadas no afloraran inoportunamente, a las que al fin dio rienda suelta cuando se hubo separado unos cuantos metros del borrico aquel. No el de cuatro patas si no del que tiraba del ronzal.
 
Una vez que se hubo marchado el caminante, el aldeano se dispuso a cargar su burro de leña tal y como le había dicho “Dios”. Cuando lo tuvo bien cargado se encaminó a su casa.
 
Pero hete aquí que para llegar a la aldea tenía que subir una gran cuesta, una muy empinada. No había caminado ni treinta pasos de la cuesta cuando el burro soltó una sonora ventosidad. Entonces el aldeano, echándose mano a la cabeza exclamó:
 
- ¡Ay dios mío! ¡Qué malo me estoy poniendo!
 
Un poco tambaleándose por el imaginario dolor siguió cuesta arriba su camino.
 
Cuando estaba hacia la mitad de la cuesta, el burro alzó el rabo y sopló nuevamente por el ojo negro con gran aparatosidad. Entonces el aldeano se cogió la cabeza con las dos manos y se encogió visiblemente al tiempo que exclamaba:
 
- ¡Santo Dios¡ ¡Ahora sí que me estoy muriendo!
 
A pesar de su “dolor”, siguió su camino con paso vacilante, ora retorciéndose, ora gimiendo.
 
A poco de terminar la cuesta, el jumento largó el último cuesco con gran estruendo y el aldeano, al oír la “bufa”, dio un enorme suspiro y dijo:
 
- Llegado ha mi hora. Muerto soy.
 
Y dicho esto se dejó caer al borde del camino y allí quedó mientras el burro, que sabía el camino a casa, siguió andando con la carga de leña.
 
Cuando la mujer del aldeano y su hijo vieron que el burro había vuelto y que el hombre no aparecía se asustaron grandemente porque pensaron que algo malo le había sucedido, decidieron entonces tomar el camino que conducía al bosque en busca del aldeano y a poco de partir lo encontraron tumbado bocarriba a la vera del camino con los ojos cerrados.
 
Con gran preocupación se acercaron al aldeano y comprobaron que tenía algunas desolladuras fruto de la caída del árbol lo que les inquietó más aún, y aunque en un principio creyeron que estaba muerto o muy malherido ya que no se movía, cuando observaron más detenidamente el cuerpo del aldeano se percataron de que este respiraba, lo llamaron por su nombre a la par que lo zarandeaban suavemente.
 
El aldeano entonces abrió los ojos y miró a su mujer y a su hijo para volver a cerrarlos unos instantes después.
 
La mujer del aldeano lo zarandeó nuevamente pero esta vez con más fuerza al tiempo que lo llamaba por su nombre:
 
- ¡Fulano, fulano! ¿Estás bien? ¿Tienes algún hueso roto?
 
El aldeano abrió de nuevo los ojos y contestó a su mujer:
 
- No, no tengo ningún hueso roto. Simplemente que me he muerto.
 
La mujer y el hijo del aldeano se quedaron atónitos ante la contestación del hombre.
 
- ¡¿Pero cómo diablos vas a estar muerto si me estás hablando?!
 
- Mira mujer, he tenido un encuentro con Dios y me ha dicho que cuando el burro se tirara tres pedos yo me moriría, el burro se ha tirado los tres cuescos y aquí estoy, muerto porque ya me ha llegado mi hora según me ha dicho Dios en persona. Lo mejor que podéis hacer tú y tu hijo es llamar a la funeraria para que vengan con un ataúd a recogerme y seguidamente enterrarme.
 
La mujer y el hijo del aldeano mirando al hombre de hito en hito no entendían nada de nada. No daban crédito a las palabras que estaban oyendo.
 
- ¡Venga fulano!, ¡déjate de tonterías!, ¡levanta del suelo!
 
- ¡Que me dejéis digo! ¡Ya sabéis lo que tenéis que hacer!, ¡así que cumplid la voluntad de alguien que ya no está en este mundo! Les espetó el aldeano visiblemente malhumorado.
 
- Pero…
 
- No hay peros que valgan, muerto estoy y bien muerto así que idos.
 
No hubo manera de hacer entrar en razón al aldeano, así que la mujer y su hijo hicieron exactamente lo que el aldeano quería que hiciesen, avisaron a la funeraria para que fueran a recogerlo.
 
Y así, metido en un ataúd de pino, a hombros lo llevaban entre cuatro que no sabían que el hombre no estaba muerto cuando… 
 
Al entrar en el pueblo, el aldeano entreabrió la tapa del ataúd y dando un enorme suspiro dijo:
 
- ¡Ay! Cuando yo estaba vivo, por ahí se iba a mi casa.
 
Los cuatro que lo llevaban a hombros, al oír al aldeano, soltaron la caja y muertos de miedo echaron a correr despavoridos.
 
Y quiso el destino que la tapa del féretro se abriera dejando caer al aldeano fuera de la caja con tan mala fortuna que golpeóse la cabeza y cayera muerto en el acto.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
 
Moraleja: La estupidez humana no tiene ninguna clase de límites y ejemplos de ello los encontramos a patadas todos los días. ¡Y es que hay por ahí cada jumento!










































































































































Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...