Yumys Galaxy nació como un pequeño refugio en medio del ruído del mundo. Aquí guardo pensamientos, emociones y fragmentos de vida que, de otro modo, se perderían en el olvido. No busco popularidad ni aplausos; busco, sencillamente, expresar mi lado más personal e íntimo, porque en cada palabra dejo una parte de mí. Este espacio no pretende convencer, solo compartir lo que soy, lo que pienso y lo que siento. Solo eso.
martes, 14 de julio de 2015
¡Atención!
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
domingo, 21 de junio de 2015
Camino equivocado
Marco Atilio
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
domingo, 14 de junio de 2015
El pescador y el pez dorado
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
miércoles, 27 de mayo de 2015
La ceremonia de la siesta
Siempre he sido una persona a la que le gusta
trasnochar. Así ha sido desde siempre y así continúa siendo, incluso sabiendo
que al día siguiente el despertador no perdona.
No es raro que den las dos o las dos y media de la madrugada antes de irme a la cama. ¿Y qué hago despierto hasta tan tarde? Habitualmente leo, escribo, veo una película, navego por internet… Al día siguiente, a las seis y media de la mañana, ya estoy en pie para irme a trabajar. Lógicamente, todos los días necesito dormir la siesta. Unas dos horas, por lo general.
Con el paso de los años, la siesta se ha convertido para mí en un auténtico rito. Una ceremonia que se repite de la misma forma, día tras día.
Salgo del hospital a las tres de la tarde, así que normalmente llego a casa sobre las tres y veinte, poco más o menos. Hay que tener en cuenta que el hospital en el que trabajo se encuentra en la vecina ciudad de Úbeda, a unos nueve kilómetros de Baeza.
Cuando llego a casa, Isabel me está esperando para comer. Habitualmente lo hacemos en la cocina y, mientras comemos, solemos ver el final de las noticias y el programa diario Saber y Ganar, que se emite en La 2 de TVE.
Una vez hemos terminado, me dirijo al salón. Enciendo la televisión, bajo la persiana hasta dejar la habitación sumida en una suave penumbra y me tiendo en mi sillón reclinable. Cojo el mando a distancia y comienzo a hacer zapping. No pasa mucho tiempo antes de que los párpados empiecen a pesar. Los ojos se cierran y, aunque intento mantenerlos abiertos, la batalla está perdida. De pronto me invade un dulce sopor. Me abandono a Morfeo casi sin quererlo y, en un abrir y cerrar de ojos —nunca mejor dicho—, me zambullo en el irreal y mágico mundo de los sueños.
Aunque pueda resultar sorprendente, es muy habitual que el sueño me venza con el mando a distancia aún apuntando a la televisión y, quizá, a una página del teletexto que se quedó sin leer. Súbitamente comienzo a roncar —al menos eso dicen mi mujer y mis hijos—, que, por otra parte, siempre han sido muy respetuosos con mi momento de siesta. Saben que necesito ese par de horas para recuperar energías y poder volver a ser persona.
Es increíble la facilidad que tengo para conciliar el sueño a esa hora del día. Basta con reclinarme en el sillón para que, en apenas dos minutos, ya esté dormido. Sí, resulta sorprendente… incluso para mí.
En cualquier caso, bendita siesta: una costumbre humilde, silenciosa, casi invisible, pero necesaria. Un pequeño paréntesis diario en el que uno se reconcilia consigo mismo. Porque, al fin y al cabo, no siempre necesitamos grandes sueños; a veces basta con cerrar los ojos.
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
lunes, 18 de mayo de 2015
Los pasteles y la muela
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
miércoles, 6 de mayo de 2015
David
Hace
mucho tiempo de aquello, más de veinte años. Mi hijo pequeño tenía poco más de
dos. Era una maravillosa mañana de primavera; el sol lucía espléndido. Serían
las diez cuando decidí disfrutar de mi pequeño David jugando con él a la pelota
en el patio trasero de mi casa.
Recuerdo que, al salir al patio y levantar la vista al cielo, reparé en dos jilgueros posados sobre la antena de televisión. Me agaché, intentando hacer el menor ruido posible y, cogiendo a David, le indiqué la presencia de los pajarillos al tiempo que me llevaba el dedo a los labios, animándole a que guardara silencio. Él levantó la mano y señaló con su dedo índice hacia los dos gorriones, que casi de inmediato levantaron el vuelo, dejando en mi hijo una cara de sorpresa difícilmente imaginable.
Su expresión de asombro ante la súbita espantada de los pajarillos fue todo un poema y, aunque ha pasado mucho tiempo, todavía recuerdo aquella escena y las emociones que me produjo, antes y ahora, cuando evoco la expresividad de aquellos ojazos negros: emociones que fueron —y van— desde el amor a la ternura, desde la inocencia a la hilaridad.
Con ocasión de aquel suceso escribí un poema dedicado a mi hijo David. Aquel poema ha estado perdido durante mucho tiempo, pero he aquí que, haciendo limpieza, lo he vuelto a encontrar, escrito sobre una hoja de papel escondida entre las páginas de uno de mis numerosos libros. El poema en cuestión lo titulé «David». Es este:
La pureza,
el aire fresco
de las mañanas de otoño,
el rocío de la primavera;
el color del arco iris,
mariposas de colores…,
nubes blancas...,
el color de la inocencia.
Como tu cara,
como tus ojos,
como tu alma de niño.
Dos grandes ojos me miran,
señalan con su dedo de cristal...
¡dos pajarillos verdes...!
Presuroso batir de alas...,
¡sorpresa en tu cara infantil!
Los pajarillos se han ido...,
se han asustado...,
¡mira cómo vuelan...!
¡mira, cómo se van!
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
jueves, 23 de abril de 2015
Dolor
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
jueves, 2 de abril de 2015
Semana Santa… ¿fervor o verbena?
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
lunes, 16 de marzo de 2015
Don Jefe
Ejemplares como el que
sigue nos los encontraremos, seguro, en alguna ocasión a lo largo de nuestras
vidas. Hay muchos que campan a sus anchas por nuestras tierras españolas, para
desgracia de todos los que directamente los sufren. Aquí, una muestra:
Don Jefe pasea ufano y pomposo su jefatura. Ha
tenido que intrigar, maquinar y enredar para conseguirla, y ahora es el momento
de pavonearse con el ansiado trofeo. Su jefatura, su bien más preciado, la
exhibe arrogante, fanfarrón y jactancioso.
Don Jefe necesita que lo consideren jefe, necesita
que se lo digan, que reconozcan que él está al mando. Si no se lo dicen, ya se
encargará él de recordárselo a los demás. Porque Don Jefe se siente gozoso por
el mero hecho de ejercer el poder. Necesita ser jefe porque considera que es
algo consustancial a su superioridad natural, a sus saberes indiscutibles,
evidentes y axiomáticos.
Don Jefe se cree y se siente infalible, casi
omnipotente. Si él no puede hacer una cosa, nadie podrá hacerla, porque, según
su inefable criterio, él es lo máximo, la certeza absoluta, la eficacia llevada
al súmmum.
Don Jefe posee un ego superlativo; su narcisismo y
petulancia son prácticamente patológicos. Desde sus desequilibradas
entendederas, todos los demás le parecen idiotas.
Don Jefe no sabe pedir las cosas por favor ni dar
las gracias. Nunca tiene una buena palabra o un gesto amable, sobre todo con
aquellos a quienes su peculiar mentalidad considera inferiores.
La sonrisa de Don Jefe es una auténtica amenaza, ya
que detrás de ella intenta esconder sus aviesas intenciones. A menudo utiliza
el sarcasmo y la ironía para herir a los demás, desprestigiarlos, humillarlos,
dejarlos en ridículo y marcar el terreno de su supuesta «superioridad».
Don Jefe no mira a la cara a sus «inferiores». Eso
sería, para él, un signo de condescendencia, una forma de aceptar la opinión de
quien considera prescindible y anecdótico. Para él, las opiniones de esos
insignificantes seres no merecen ser escuchadas ni, por supuesto, tenidas en
cuenta.
Don Jefe carece por completo de empatía hacia las
personas que considera inferiores, según su mente ilógica, irracional y
absurda. Tampoco tiene conciencia, así que sus malas artes no le generan ningún
tipo de remordimiento.
Don Jefe muestra algunos rasgos psicopáticos que,
por otra parte, pueden encontrarse también en determinados individuos atraídos
por los puestos de poder. Algunos de esos rasgos ya los he apuntado más arriba;
en general, incluyen la falta de remordimiento, una amabilidad que puede
aparecer y desaparecer sin previo aviso, el egocentrismo, la mentira, la
capacidad de manipulación, la impulsividad y la pobreza emocional.
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
lunes, 2 de marzo de 2015
Mi camino
cuando la noche se cierne
sobre mi cuerpo, mi alma
y la tristeza me envuelve;
llegan hasta mí recuerdos
de una señora valiente,
que ha luchado por la vida
y por mantenerme a flote.
Esta señora es mi madre
que yo nací de su vientre,
dar mucho a cambio de nada
su virtud ha sido siempre.
En los momentos más tristes,
cuando la vida me hiere,
cuando el camino se torna
lleno de espinas crueles,
busco refugio en mi madre
que ella si sabe entenderme
y sabe curar las heridas
que a veces tanto me duelen.
Eres para mí el camino
que me lleva y que me envuelve,
que me hace afrontar la vida
por senderos diferentes.
Sé que te tengo a mi lado,
que mi alegría es tu suerte,
que haces tuyos mis triunfos
y mis fracasos te duelen.
Cuando ya no estés conmigo,
cuando la muerte te lleve,
yo sé, que desde allá arriba,
vendrás para protegerme.
Por suerte, aunque ya muy viejita, mi madre todavía vive… por muchos años.
Autodidacta, cultivo todas las ciencias y las artes; en especial la astronomía, la literatura, la filosofía y el cine.
