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lunes, 20 de febrero de 2012

El Paseo de las Murallas

La catedral de Baeza
Baeza está situada en la cornisa sur de la gran meseta de la comarca de La Loma. Se asoma al valle alto del Guadalquivir desde una escarpadura que domina un paisaje de olivos e interminables cerros. Vista desde el llano, en dicha escarpadura se alza, enhiesta y majestuosa, la catedral, como un faro que guiara al viajero que se acerca a la ciudad.

La antigua ciudad se asentaba sobre este cerro, el llamado Alcázar de Baeza, renombrado como inconquistable y dentro del cual se encontraban el castillo-palacio de la autoridad real y la iglesia —luego colegiata— de Santa María del Alcázar.

A finales del siglo XV el Alcázar fue demolido por mandato de la reina Isabel la Católica, para evitar que pudiera ser utilizado como defensa en las pugnas nobiliarias que enfrentaban a los linajes dominantes de la ciudad: los Carvajales y los Benavides.

También desapareció el frente sur de la muralla, adyacente al Alcázar. El paseo que lo reemplaza es hoy un mirador excepcional sobre el valle alto del Guadalquivir. 

Vista del Paseo de las Murallas
Este paseo, el Paseo de las Murallas, es de una singular belleza. Recomiendo al viajero que visite la ciudad que lo recorra despacio, admirando las magníficas vistas que pueden contemplarse desde él.

Se trata de un paseo periurbano que, en el cerro del Alcázar y sobre los restos de la antigua muralla, domina un maravilloso paisaje alfombrado de olivos, surcado por serpenteantes y dispersos caminos blancos. A lo lejos, como telón de fondo, se recortan las sierras de Segura, Cazorla y Mágina, con el monte Aznaitín en su centro; y repartidos por cerros, lomas y hondonadas, aparecen los cortijos y, allá en lontananza, los pueblos de Jimena, Garcíez, Bedmar, Albanchez de Mágina, la cercana Úbeda, El Puente del Obispo, Mancha Real y Jaén, al abrigo de la Sierra de Jabalcuz.

Como Jorge Manrique y Gaspar Becerra, también Antonio Machado —que impartió clases como profesor de francés— dejó en Baeza su impronta, hasta el punto de que el Paseo de las Murallas es conocido como Paseo Machadiano. En un punto de este paraje, un peculiar monumento de cemento —obra del arquitecto Fernando Ramón— alberga un busto del poeta, en bronce, realizado por el prestigioso escultor Pablo Serrano. Fue inaugurado el 10 de abril de 1983 en honor del poeta, que solía pasear por este lugar durante los años que vivió en Baeza, dialogando consigo mismo y con la naturaleza. 

Monumento a Machado en el Paseo de las Murallas
Desde hace muchos años he recorrido este paseo infinidad de veces. Es un entorno que te enajena, donde la realidad se funde con la quimera, donde la mente forja fantásticos castillos en el aire. Un lugar donde el tiempo parece detenerse y los sentidos se abren al maravilloso teatro de los sueños, en íntimo abrazo con un paisaje que te embruja y te hace galopar por el presente, por el pasado y por el futuro, mezclándolos en un extraño maremágnum.

He paseado por este paraje en días de lluvia. Bajo mi paraguas he recorrido el paisaje y he disfrutado de sensaciones indescriptibles. En esos días de fina lluvia, el espíritu se transporta, se mezcla con el entorno y forma un todo con la naturaleza. Los pensamientos más hondos acuden a la mente, y uno participa del romanticismo del paisaje calado por la lluvia de principios de primavera o quizá por la de los primeros días del otoño. 

Lluvia en el valle
He contemplado, junto a mi querida Isabel, atardeceres de ensueño: el sol, agigantado en el ocaso, se hundía por el oeste mientras sus rayos bañaban de rojo sangre el mar de olivos y las estribaciones de Sierra Mágina, y nuestros corazones latían al unísono, embriagados por tanta belleza.

He disfrutado también de la hermosura y el indescriptible encanto del valle del Guadalquivir cubierto de nieve: la albura del paisaje se mezcla con las interminables hileras del verde oscuro de los olivos y arranca al espectador alguna expresión de asombro ante semejante maravilla. 

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Algunos días, la atmósfera está tan límpida que los picos de Sierra Mágina parecen poder tocarse, en una extraña y falsa proximidad.

Desde este paseo he intentado acercar a Isabel el misterioso y fantástico mundo de las estrellas. Juntos hemos descubierto la magnificencia de las constelaciones: Orión, con Betelgeuse, Bellatrix y Rigel; Tauro y Aldebarán; Auriga, con la luminosa Capella; Géminis, con Cástor y Pólux; o Sirio, la estrella más brillante del cielo nocturno, en el Can Mayor. Mientras mi esposa escuchaba atenta, desgranaba yo las maravillas del firmamento que se alzaba sobre nuestras cabezas. Allá, en la oscuridad del valle, un puñado de luces señalaban a los pueblos de Jimena, Garcíez y Bedmar al sur; Peal de Becerro y Cazorla al este; Mancha Real y Jaén al suroeste; y la cercana Úbeda, a cuatro pasos hacia el nordeste: silenciosos testigos de mis explicaciones.

En este paseo, amparadas por algún rincón oscuro y por la noche como aliada discreta, muchas parejas de enamorados se han amado furtivamente. También fue aquí donde, hace ya muchos años —quizá demasiados—, mi amada Isabel y yo nos juramos amor eterno una apacible noche de finales de primavera. Nuestros buenos deseos de entonces se han cumplido, porque después de tantos años aún nos seguimos queriendo con la misma fuerza que en aquella época. Escribí un poema de aquella circunstancia, titulado «Dos corazones», que dice así:

 Mira, mi amor, ha salido
la luna por la cañada,
mira mi amor ha salido
con sus alforjas de plata.

 Las estrellas la contemplan
cuando la luna se alza,
mientras cubre el negro cielo
de un blanco velo de gasa.

 La luna se enseñorea
de la noche solitaria
y llena dos corazones
de ilusiones y esperanzas.

 Sentados en aquel banco,
dando espalda a la muralla,
juré amarte por siempre
mientras besaba tu cara.

 ¿Recuerdas mi amor la noche?
¿recuerdas que te abrazaba
y que al hacerlo tenía
henchida de amor el alma?

Olivares en el valle del Guadalquivir
En definitiva, en este paseo mis emociones se han desbocado. He caminado por él a veces nostálgico, romántico otras; me he enfrentado a mis miedos tratando de ponerles remedio; a menudo he añorado el pasado, he temido el presente o lo he querido, y he pensado en el futuro con esperanza y, a veces, con inquietud.

De lo que podéis estar seguros es de que, al contemplar el fantástico panorama que se extiende ante vuestros ojos, no os quedaréis indiferentes y un torrente de sensaciones inundará vuestro espíritu, os hará partícipes de lo absoluto y os acercará a la esencia misma del ser, porque estaréis en estrecha alianza con la belleza y con la indescriptible majestuosidad de un paisaje que enamora al primer golpe de vista.

FOTOS DEL PASEO DE LAS MURALLAS Y SU HERMOSO PAISAJE

Alfonbra de olivares
 
Atardecer
 
Atardecer en el Paseo de las Murallas
 
Atardeciendo
 
Banco de piedra en el Paseo de las Murallas
 
Cruz en el Paseo de las Murallas
 
Día gris en el Paseo de las Murallas 
El Paseo de las Murallas
 
Montañas nevadas desde el Paseo de las Murallas
 
Nubes desde el Paseo de las Murallas
 
Paseo de las Murallas
 
Puesta de sol
 
Sierra Mágina y Jimena
 
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Vista del Paseo de las Murallas
 
Vista del valle del Guadalquivir

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Bellísimo artículo lleno de lirismo y fantasía. Por las fotografías que acompañan al artículo debe ser un auténtico deleite ver esas hermosas vistas in situ. Precioso poema, me ha encantado. Soy de bastante lejos, pero es posible que alguna vez pueda ir a visitar ese hermoso lugar. Enhorabuena por el artículo.

Anónimo dijo...

Hermosísimo sitio, lo digo por las fotos pero... ¿tantas emociones despierta? Tendré que comprobarlo por mí mismo en algún viaje que haga por esas tierras. Bonito post.

Anónimo dijo...

Estupenda descricción de lo que es el paseo de las murallas, yo que al igual que tu he paseado mucho, y he vivido muchos atardeceres creo que para el que no lo conozca lo has descrito muy bien.
Muy bonito el poema.
cacike.cola

nugara dijo...

Bonito homenaje a tu ciudad, las fotos son preciosas. Eres un romántico.

CCG dijo...

Suerte tiene Baeza de contar con un hijo adoptivo como tú.Dan ganas de vivir allí.
Es cierto que no exageras:esta ciudad te transporta a otro tiempo, influye en tu ánimo...
De todos modos,qué bonito escribes!. Y las fotos son también preciosas.

Píndaro de Argos dijo...

Leyendo tus palabras y viendo las fotografías, los recuerdos me asaltan y me invaden y no tengo por más, que identificarme plenamente con tus emociones, sentimientos y sensaciones. Emociones, sentimientos y sensaciones que yo he tenido la ventura y el deleite de vivir por esos mismos lugares, admirando esas mismas vistas y ese mismo cielo estrellado, con mi adorada Isa y que tú con tu articulo has vuelto a abrir en mi mente un camino lleno de recuerdos y nostalgias y me has devuelto en un instante la ilusión que en los brazos del amor soñábamos Isa y yo, cierro mis ojos y puedo sentir su aroma, acariciarla, besar su boca, sentir su abrazo y su calor, vivir y respirar sus recuerdos y los míos sintiendo la intensidad del amor vivido, recordando el reflejo de los atardeceres de verano en su mirada enamorada, siempre la misma y a la vez siempre diferente, en sus ojos soñadores, esa luz nostálgica en su belleza, no se extinguirá nunca de mi memoria, el viento traía esa leve brisa con olor a pino, ecos lejanos se apagaban dulcemente en la distancia, mientras la noche caía sobre nosotros una vez más, una brillante luna llena reflejaba nuestras sombras entrelazadas sobre el suelo, poco a poco luces de otras ciudades empezaban a vislumbrase en la distancia, mientras con su cabeza apoyada sobre mi hombro, susurrándonos palabras de amor, emprendíamos el regreso hacia la cercana ciudad, después de haber navegado juntos en la nave del amor sobre un mar de olivos, con las velas henchidas de dicha y felicidad, nos acercábamos sin remisión, hacia la blanca orilla de la despedida. Gracias por haberme hecho rememorar estos maravillosos recuerdos, nunca olvidados, siempre latentes, pero que con los problemas y con el tiempo tendemos a relegar un poco en aras del día a día y de un presente incierto y un futuro nada halagüeño.

E.E.C. 49 dijo...

Ciertamente el paisaje que se contempla desde el paseo de las murallas es maravilloso, tuve ocasión de comprobarlo porque he visitado Baeza alguna vez que otra y tengo que decir que es una ciudad preciosa. Muy bonito el poema.

F.J.M. (Marco Atilio) dijo...

Anónimo: Puedes estar seguro que si te acercas por Baeza seguro que querrás volver.

Anónimo: Por supuesto que despierta tantas emociones, al menos a mí sí.

cacique.cola: Gracias por tu comentario. Como bien sabes, el paseo de las murallas es un lugar con un encanto especial.

nugara: La verdad es que sí, soy un romántico. Gracias por comentar.

CCG: La verdad es que es una ciudad que cautiva, con unos rincones de embrujo, y un paisaje de una belleza extraordinariamente maravillosa. Gracias por tu comentario.

Píndaro de Argos: Sé que has vivido las mismas sensaciones que yo desde este Paseo. Precioso tu comentario, lleno de poesía y romanticismo. Gracias.

E.E.C.49: Me congratula que conozcas esta hermosa ciudad. Muchas gracias por tu comentario.

E. María de Graná dijo...

Preciosísimo artículo, de verdad, me ha cautivado. ¡Que manera de describir sentimientos y emociones! No dudo que ese paisaje pueda inspirarlos pero la forma que tu los describes enamora. Enhorabuena, una de las cosas más bonitas que leído nunca.

F.J.M. (Marco Atilio) dijo...

Gracias por tus palabras E. María de Graná. Seguiré intentando publicar cosas interesantes y de calidad. Otra vez gracias.

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