La antigua ciudad se asentaba sobre este cerro, el llamado Alcázar de Baeza, renombrado como inconquistable y dentro del cual se encontraban el castillo-palacio de la autoridad real y la iglesia —luego colegiata— de Santa María del Alcázar.
A finales del siglo XV el Alcázar fue demolido por mandato de la reina Isabel la Católica, para evitar que pudiera ser utilizado como defensa en las pugnas nobiliarias que enfrentaban a los linajes dominantes de la ciudad: los Carvajales y los Benavides.
También desapareció el frente sur de la muralla, adyacente al Alcázar. El paseo que lo reemplaza es hoy un mirador excepcional sobre el valle alto del Guadalquivir.
Se trata de un paseo periurbano que, en el cerro del Alcázar y sobre los restos de la antigua muralla, domina un maravilloso paisaje alfombrado de olivos, surcado por serpenteantes y dispersos caminos blancos. A lo lejos, como telón de fondo, se recortan las sierras de Segura, Cazorla y Mágina, con el monte Aznaitín en su centro; y repartidos por cerros, lomas y hondonadas, aparecen los cortijos y, allá en lontananza, los pueblos de Jimena, Garcíez, Bedmar, Albanchez de Mágina, la cercana Úbeda, El Puente del Obispo, Mancha Real y Jaén, al abrigo de la Sierra de Jabalcuz.
Como Jorge Manrique y Gaspar Becerra, también Antonio Machado —que impartió clases como profesor de francés— dejó en Baeza su impronta, hasta el punto de que el Paseo de las Murallas es conocido como Paseo Machadiano. En un punto de este paraje, un peculiar monumento de cemento —obra del arquitecto Fernando Ramón— alberga un busto del poeta, en bronce, realizado por el prestigioso escultor Pablo Serrano. Fue inaugurado el 10 de abril de 1983 en honor del poeta, que solía pasear por este lugar durante los años que vivió en Baeza, dialogando consigo mismo y con la naturaleza.
He paseado por este paraje en días de lluvia. Bajo mi paraguas he recorrido el paisaje y he disfrutado de sensaciones indescriptibles. En esos días de fina lluvia, el espíritu se transporta, se mezcla con el entorno y forma un todo con la naturaleza. Los pensamientos más hondos acuden a la mente, y uno participa del romanticismo del paisaje calado por la lluvia de principios de primavera o quizá por la de los primeros días del otoño.
He disfrutado también de la hermosura y el indescriptible encanto del valle del Guadalquivir cubierto de nieve: la albura del paisaje se mezcla con las interminables hileras del verde oscuro de los olivos y arranca al espectador alguna expresión de asombro ante semejante maravilla.
Desde este paseo he intentado acercar a Isabel el misterioso y fantástico mundo de las estrellas. Juntos hemos descubierto la magnificencia de las constelaciones: Orión, con Betelgeuse, Bellatrix y Rigel; Tauro y Aldebarán; Auriga, con la luminosa Capella; Géminis, con Cástor y Pólux; o Sirio, la estrella más brillante del cielo nocturno, en el Can Mayor. Mientras mi esposa escuchaba atenta, desgranaba yo las maravillas del firmamento que se alzaba sobre nuestras cabezas. Allá, en la oscuridad del valle, un puñado de luces señalaban a los pueblos de Jimena, Garcíez y Bedmar al sur; Peal de Becerro y Cazorla al este; Mancha Real y Jaén al suroeste; y la cercana Úbeda, a cuatro pasos hacia el nordeste: silenciosos testigos de mis explicaciones.
En este paseo, amparadas por algún rincón oscuro y por la noche como aliada discreta, muchas parejas de enamorados se han amado furtivamente. También fue aquí donde, hace ya muchos años —quizá demasiados—, mi amada Isabel y yo nos juramos amor eterno una apacible noche de finales de primavera. Nuestros buenos deseos de entonces se han cumplido, porque después de tantos años aún nos seguimos queriendo con la misma fuerza que en aquella época. Escribí un poema de aquella circunstancia, titulado «Dos corazones», que dice así:
la luna por la cañada,
mira mi amor ha salido
con sus alforjas de plata.
Las estrellas la contemplan
cuando la luna se alza,
mientras cubre el negro cielo
de un blanco velo de gasa.
La luna se enseñorea
de la noche solitaria
y llena dos corazones
de ilusiones y esperanzas.
Sentados en aquel banco,
dando espalda a la muralla,
juré amarte por siempre
mientras besaba tu cara.
¿Recuerdas mi amor la noche?
¿recuerdas que te abrazaba
y que al hacerlo tenía
henchida de amor el alma?
De lo que podéis estar seguros es de que, al contemplar el fantástico panorama que se extiende ante vuestros ojos, no os quedaréis indiferentes y un torrente de sensaciones inundará vuestro espíritu, os hará partícipes de lo absoluto y os acercará a la esencia misma del ser, porque estaréis en estrecha alianza con la belleza y con la indescriptible majestuosidad de un paisaje que enamora al primer golpe de vista.
10 comentarios:
Bellísimo artículo lleno de lirismo y fantasía. Por las fotografías que acompañan al artículo debe ser un auténtico deleite ver esas hermosas vistas in situ. Precioso poema, me ha encantado. Soy de bastante lejos, pero es posible que alguna vez pueda ir a visitar ese hermoso lugar. Enhorabuena por el artículo.
Hermosísimo sitio, lo digo por las fotos pero... ¿tantas emociones despierta? Tendré que comprobarlo por mí mismo en algún viaje que haga por esas tierras. Bonito post.
Estupenda descricción de lo que es el paseo de las murallas, yo que al igual que tu he paseado mucho, y he vivido muchos atardeceres creo que para el que no lo conozca lo has descrito muy bien.
Muy bonito el poema.
cacike.cola
Bonito homenaje a tu ciudad, las fotos son preciosas. Eres un romántico.
Suerte tiene Baeza de contar con un hijo adoptivo como tú.Dan ganas de vivir allí.
Es cierto que no exageras:esta ciudad te transporta a otro tiempo, influye en tu ánimo...
De todos modos,qué bonito escribes!. Y las fotos son también preciosas.
Leyendo tus palabras y viendo las fotografías, los recuerdos me asaltan y me invaden y no tengo por más, que identificarme plenamente con tus emociones, sentimientos y sensaciones. Emociones, sentimientos y sensaciones que yo he tenido la ventura y el deleite de vivir por esos mismos lugares, admirando esas mismas vistas y ese mismo cielo estrellado, con mi adorada Isa y que tú con tu articulo has vuelto a abrir en mi mente un camino lleno de recuerdos y nostalgias y me has devuelto en un instante la ilusión que en los brazos del amor soñábamos Isa y yo, cierro mis ojos y puedo sentir su aroma, acariciarla, besar su boca, sentir su abrazo y su calor, vivir y respirar sus recuerdos y los míos sintiendo la intensidad del amor vivido, recordando el reflejo de los atardeceres de verano en su mirada enamorada, siempre la misma y a la vez siempre diferente, en sus ojos soñadores, esa luz nostálgica en su belleza, no se extinguirá nunca de mi memoria, el viento traía esa leve brisa con olor a pino, ecos lejanos se apagaban dulcemente en la distancia, mientras la noche caía sobre nosotros una vez más, una brillante luna llena reflejaba nuestras sombras entrelazadas sobre el suelo, poco a poco luces de otras ciudades empezaban a vislumbrase en la distancia, mientras con su cabeza apoyada sobre mi hombro, susurrándonos palabras de amor, emprendíamos el regreso hacia la cercana ciudad, después de haber navegado juntos en la nave del amor sobre un mar de olivos, con las velas henchidas de dicha y felicidad, nos acercábamos sin remisión, hacia la blanca orilla de la despedida. Gracias por haberme hecho rememorar estos maravillosos recuerdos, nunca olvidados, siempre latentes, pero que con los problemas y con el tiempo tendemos a relegar un poco en aras del día a día y de un presente incierto y un futuro nada halagüeño.
Ciertamente el paisaje que se contempla desde el paseo de las murallas es maravilloso, tuve ocasión de comprobarlo porque he visitado Baeza alguna vez que otra y tengo que decir que es una ciudad preciosa. Muy bonito el poema.
Anónimo: Puedes estar seguro que si te acercas por Baeza seguro que querrás volver.
Anónimo: Por supuesto que despierta tantas emociones, al menos a mí sí.
cacique.cola: Gracias por tu comentario. Como bien sabes, el paseo de las murallas es un lugar con un encanto especial.
nugara: La verdad es que sí, soy un romántico. Gracias por comentar.
CCG: La verdad es que es una ciudad que cautiva, con unos rincones de embrujo, y un paisaje de una belleza extraordinariamente maravillosa. Gracias por tu comentario.
Píndaro de Argos: Sé que has vivido las mismas sensaciones que yo desde este Paseo. Precioso tu comentario, lleno de poesía y romanticismo. Gracias.
E.E.C.49: Me congratula que conozcas esta hermosa ciudad. Muchas gracias por tu comentario.
Preciosísimo artículo, de verdad, me ha cautivado. ¡Que manera de describir sentimientos y emociones! No dudo que ese paisaje pueda inspirarlos pero la forma que tu los describes enamora. Enhorabuena, una de las cosas más bonitas que leído nunca.
Gracias por tus palabras E. María de Graná. Seguiré intentando publicar cosas interesantes y de calidad. Otra vez gracias.
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