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BIENVENIDOS A YUMYS GALAXY

miércoles, 25 de mayo de 2022

Un día maravilloso

 

Cuando se disfruta intensamente un momento en la vida, el día después suele ser raro, queda como una especie de vacío, de decir qué pronto ha pasado con lo mucho que ha durado la espera de ese momento. Es lo que me está pasando, ya no el día después, sino cuatro días después de la boda de mi hijo.

Lo pasé tan bien, las emociones fueron tan profundas y la experiencia tan bonita y tan llena de sorpresas que ese momento lo hubiera hecho eterno si hubiera podido.

Puede que penséis que no soy objetivo pero de todas las bodas a las que he asistido, e incluiré también la mía, esta es con mucho la más bonita, amena y vistosa de todas. Fue una boda civil celebrada en un recinto maravilloso, con grandiosos espacios en donde pudimos disfrutar enormemente de cada momento. Desde la ceremonia, con la entrada del novio y la madrina (que guapísima y elegante iba Isabel), la entrada de la novia, maravillosa novia mi Adelaida, del brazo de su hermano, con los discursos de una amiga de mi nuera, de mi hijo David (muy divertido) y el mío, que a pesar de los muchos nervios que tenía, creo sinceramente que me salió bastante bien.

Luego el pasodoble de una bailarina profesional con un caballo y la sorpresa (para casi todos, Isabel y yo lo sabíamos) de ver bailar a mi nuera con el caballo unas sevillanas. Momento grandioso y espectacular, por lo inesperado y bonito, para todos los invitados.

La música en vivo de un saxofonista que amenizó, y de qué manera, la velada. El baile de los novios que se habían preparado con una profesora de baile. La coreografía que se montaron mis hijos, mis nueras y varios de sus amigos, preciosa. El «Torero de Chayanne» bailada por un amigo de David al que se unieron varios amigos más.


El momento de las flores para las abuelas, el regalo a Isabel y a mí que nos hicieron los novios, el compartir con amigos y familiares un mismo espacio y un mismo instante…


La música, la alegría, la juventud desbordada en algarabía que resultaba sin embargo muy medida, como si estuviera ensayada.

En fin… fue una boda de flashes, de momentos a cual más emocionante, más sorprendente y más divertido. Una auténtica gozada para los sentidos, los míos, los de Isabel y probablemente para todos los que asistieron a esta maravillosa boda que nos tenían preparada mi querido Javi y mi querida Adelaida.

Ahora toca volver a la rutina del día a día, cuesta trabajo hacerlo, pero la vida tiene que seguir, de cualquier manera siempre quedará en mi recuerdo este día especialmente maravilloso que el destino me tenía reservado. ¡Gracias!


martes, 12 de abril de 2022

Hipocresía y Semana Santa

 

Que la Semana Santa ha dejado de ser una fiesta religiosa para convertirse en un folclore tradicional es algo que resulta evidente desde hace muchos años. Las connotaciones religiosas las hemos dejado en un segundo plano y nos hemos centrado en el divertimento personal, en la ostentación y en el lujo de pasos de misterio y de desfiles procesionales. No debiéramos ser hipócritas, hay que reconocer que, en general, vemos nuestras procesiones de Semana Santa, nuestros tronos, nuestros cristos y vírgenes desde un punto de vista artístico y estético y no por su carácter religioso.

El carácter simbólico de la Semana Santa, su mensaje y lo que significa se ha ido desvirtuando con el paso del tiempo. Y no debiéramos olvidar que nuestras procesiones representan el sufrimiento y la posterior muerte de un Hombre, aceptado por los cristianos como el Hijo de Dios, que dio su vida por la salvación de la humanidad hace más de 2000 años. Escenifican unos acontecimientos terribles de la historia y de lo crueles que pueden ser los humanos con sus semejantes.

Yo tampoco quiero ser hipócrita, aunque en mis tiempos jóvenes también fui cofrade, nunca miré la Semana Santa más allá de una fiesta para disfrutar, para engalanarme y para lucirme en las diversas bandas de cornetas y tambores a las que he pertenecido.

Es posible que haya gente, seguramente mucha, que perciba sensaciones diferentes a las mías. Personas que sientan una especial devoción por un cristo o una virgen, algunas veces una devoción exagerada que no puedo entender y a duras penas comprender. Sobre todo cuando en la Biblia se prohíbe expresamente adorar imágenes: "No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás…" (Éxodo Cap. 20 vers. 3-5). Pero bueno, también hay que entender que no se adoran esas imágenes por el hecho de serlo, sino por lo que representan, o al menos así debiera ser.

De cualquier manera, el mensaje de Jesús ha sido totalmente desvirtuado por la Iglesia Católica, verdadera adalid de la hipocresía que también alcanza a muchísimos de sus fieles. La hipocresía era algo que odiaba Jesucristo y siempre se manifestó en contra de ella tachando a los que por aquel entonces ostentaban el poder religioso de hipócritas y de sepulcros blanqueados. A la Semana Santa no se la puede contextualizar en un sentido religioso porque desde hace tiempo ese no es el mensaje que transmite.

A mí me hace mucha gracia ver algunas personas tras los pasos de misterio portando velas, rosarios, cruces, etc. Conozco algunas de ellas y me consta que son personas que distan mucho de ser paladines de la bondad y en donde el egoísmo, la avaricia, la envidia, la intolerancia y el odio son algunas de sus señas de identidad. A pesar de ello, hablando con esas personas, te puedes quedar pasmado con qué vehemencia defienden su fervor religioso y penitencial.

Y pasean su hipocresía, una hipocresía llevada hasta límites difícilmente entendibles, en largas hileras acompañando a Aquél, que un día torturaron y mataron. En fin...

Sea como fuere, a mí personalmente me gusta mucho la Semana Santa, sus desfiles procesionales, la música de sus bandas, la belleza de sus tronos, de sus cristos y dolorosas. Disfruto mucho con su contemplación aunque fuera de otras connotaciones que las estrictamente estéticas y artísticas. Y tengo que decir, que una cosa nada tiene que ver con la otra, que creo en Jesucristo, me parece que fue un hombre excepcional, una persona fuera de lo común. No sé si es el Hijo de Dios como así nos lo han hecho creer, personalmente me gustaría que así fuera, de cualquier forma su mensaje es tan bonito, tan solidario, tan tolerante, tan lleno de paz, de bondad y de amor, que si no es el Hijo de Dios es alguien de su familia.

«Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí». (Mateo cap. 15 vers. 8).

lunes, 4 de abril de 2022

¿Seremos solo partículas inanimadas tras la muerte?

 

Hace unos días, un buen amigo mío publicó en su estado de WhatsApp una reflexión que me gustó especialmente, aunque también me inquietó. En ella razonaba sobre lo que la ciencia supone que podría ser el fin último de cada uno de nosotros al morir. Por supuesto, no deja de ser una teoría, porque… ¿quién se atreve a vaticinar lo que habrá después –si es que hay algo– de la muerte?

Con todo, la explicación tenía cierta lógica y hasta parecía plausible. Y fue precisamente esa posibilidad de certeza –y que ahora leeréis– lo que me dejó pensando, incluso con cierto desasosiego.

Mi amigo decía que, como todo lo que nos rodea, surgimos hace unos 13.800 millones de años, cuando se produjo el Big Bang.

Esta teoría –la generalmente aceptada por la ciencia–fue planteada en 1930 por el sacerdote y físico belga Georges Lemaître, quien utilizó la teoría de la relatividad de Einstein para demostrar que el universo estaba en movimiento constante.

En 1929, el astrónomo estadounidense Edwin Hubble vino a corroborar de algún modo la teoría de Lemaître al observar que las galaxias estaban alejándose unas de otras, hecho que demostró la expansión del universo.

Si el universo se está expandiendo, en un momento remoto del pasado debió estar concentrado en un pequeño punto supercaliente y superdenso que explotó –aunque esta no es la palabra correcta, más bien empezó a llenar el espacio–, para luego ir enfriándose a medida que se expandía, creando con ello la materia de la que estamos hechos nosotros y, a su vez, el propio tiempo.

En su reflexión, mi amigo decía:

«… Empecé formando parte de un todo, y así ha sido durante océanos de tiempo. Muy recientemente –aquí mi amigo dice su edad–, fue cuando nací a la vida tal y como la conocemos. Sigo formando parte de ese todo, aunque con una individualidad y consciencia adquiridas en el momento de mi nacimiento. Cuando se acabe mi tiempo como entidad individual, volveré a ese todo durante una eternidad de eones, ya que, según la Ley de Lavoisier, «la materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma». Los átomos que hoy forman mi cuerpo no desaparecerán: simplemente se ordenarán de otra manera».

He leído en alguna ocasión esta reflexión de base científica sobre la probable reordenación de nuestros átomos para seguir formando parte del universo, aunque sin conciencia de lo que fuimos. A pesar de ser una idea interesante, sería desalentador que este fuera el fin último que nos espera a todos.

Para mí, que creo en una vida más allá de esta, sería desolador aceptar que todos –buenos, malos o regulares–, acabáramos de la misma forma. No puedo aceptar que se queden sin castigo todas aquellas personas que han causado tanto dolor a tanta gente a lo largo de la historia. Como tampoco puedo aceptar que se queden sin otra oportunidad de una vida mejor, aquellas personas –millones de ellas a lo largo de los tiempos– que por un simple capricho del azar, hayan venido al mundo con los estigmas de la pobreza y el sufrimiento. Si así fuera, la lógica universal carecería de sentido. Sería demasiado cruda… y demasiado cruel.

De cualquier modo, ¡quién sabe lo que nos espera tras la muerte! Tal vez existan otras formas de seguir evolucionando, de permanecer conscientes en otros planos. O quizá haya universos paralelos –también propuestos por la ciencia– que nos brinden nuevas oportunidades. Entonces… ¿por qué no?

O puede que el universo se encamine hacia un Big Freeze, una muerte térmica en la que, dentro de inimaginables eones, toda la energía se disipe hasta que, tal vez, un nuevo Big Bang renazca de las cenizas del tiempo. La ciencia considera hoy ese escenario como el más probable.

Seguramente fuera lo más justo: que pudiéramos volver a nacer en un mundo que nos dé la oportunidad de ser recompensados por nuestros sufrimientos pasados o también castigados por nuestras tropelías, que todo pudiera pasar. Y no debemos preocuparnos por la inmensa cantidad de tiempo para que acaso eso ocurra, cuando uno no es consciente de ese tiempo una eternidad puede parecernos un simple suspiro.

¿Seremos solo partículas inanimadas tras la muerte, o seguiremos siendo algo más? Nadie lo sabe. Son teorías y conjeturas imposibles de demostrar. ¡Vete tú a saber!

Mientras tanto, vivamos lo mejor que podamos y disfrutemos de los pequeños placeres que da la vida que son, en definitiva, los que al cabo nos hacen felices.

Cuando la muerte nos alcance, nos adentraremos en un misterio que nadie ha logrado descifrar. Algo totalmente desconocido y es ese desconocimiento lo que nos inquieta. En todo caso, la idea de la evolución no se puede desterrar cuando se trata del alma de las personas. Según mis creencias –y las de otros–, el alma necesita muchas vidas para alcanzar un nivel máximo de perfección. Todo en el universo evoluciona: ¿por qué nosotros íbamos a ser la excepción?

La ciencia no tiene todas las respuestas, pero nos enseña a mirar el misterio sin miedo. Tal vez la respuesta importe menos que el simple hecho de seguir buscando. Porque, al fin y al cabo, preguntarnos por lo desconocido es una de las formas más hermosas de recordar que seguimos vivos, conscientes… y maravillados ante el misterio de existir.

sábado, 19 de marzo de 2022

La gran ironía humana: ¿Por qué somos tan «buenos»?

  

¿Os habéis preguntado alguna vez a cuántas personas han matado otras personas a lo largo de la historia de la humanidad? En realidad, es un dato imposible de conocer, pero la cifra debe ser escalofriantemente alta. Seguramente de muchos cientos de millones.

Pensad en el número de muertes causadas por las guerras –directa o indirectamente– a lo largo de los siglos. Pero no solo las guerras: también los crímenes cometidos al margen de ellas. O las ejecuciones de culpables (y de inocentes) que han sucumbido apaleados, lapidados, ahorcados, quemados, crucificados, decapitados, fusilados, a garrote vil, en la cámara de gas o en la silla eléctrica.

Pensad en cuántas personas murieron durante la esclavitud, de forma injusta y arbitraria. También en las muchas que habrán muerto como resultado de peleas y disputas; acaso de manera accidental, a consecuencia de la ira del momento o –como diría el Chavo del ocho– sin querer queriendo.

Pensad también en quienes han muerto porque otras personas las dejaron morir de hambre o de sed. En la gente que habrá fallecido porque se le negó el mínimo sustento para sobrevivir, ya sea por crueldad o por políticas equivocadas. También esas muertes pesan sobre la conciencia humana.

Y es que… ¡hay tantas formas de matar!

En definitiva, ¿por qué somos tan buenos los seres humanos? Un tema, sin duda, sobre el que reflexionar.

jueves, 17 de marzo de 2022

Yo que Él no venía

 

Me pregunto si Jesucristo se atrevería a volver a la Tierra y juntarse de nuevo con esta especie nuestra llamada humanidad.

Sinceramente, si yo fuera Él, no lo haría. ¿Juntarse de nuevo con esta ralea llena de odio, avaricia, hipocresía e intolerancia, que resuelve sus diferencias a garrotazos? ¡Mala idea!

Ya vino una vez y lo humillamos, lo azotamos y lo crucificamos. ¿Y por qué? Por rebelarse ante las injusticias y ante el poder hipócrita establecido; por hablar de igualdad, de solidaridad, de paz y de amor. Por criticar la opulencia y la avaricia –«es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos»–. Por todo eso lo matamos. ¡Menudos desmanes había cometido!

Me parece que su Padre no le dijo con qué clase de gente tendría que tratar. Y creo que Dios tuvo un mal día al crearnos: cometió el mayor error de la historia del universo.

En fin, Jesús hará bien en no dejarse caer por aquí para ir de buena persona por el mundo, abogando por una sociedad más justa y equitativa. Porque, otra vez, nos lo cargaríamos. Otra cosa sería que, con su poder, viniera armado y nos diera un buen porrazo en la cabeza con la misma cruz con la que lo crucificamos. Seguro que ganas no le faltarían. Lo tendríamos más que merecido.

miércoles, 9 de marzo de 2022

Examen de aptitud

 

Hagamos un ejercicio de imaginación y pensemos en una posible solución para los problemas del mundo en general:

Imaginemos que, en cualquier país de la Tierra, para acceder al poder y ser nombrado presidente o primer ministro, independientemente de haber sido elegido en las urnas, el aspirante debiera superar un último escalón, que consistiría en un examen psicológico y de aptitudes para el cargo, realizado por un comité de reputados profesionales totalmente independientes.

En ese examen se evaluarían las capacidades de gestión, el equilibrio emocional, la empatía y la honestidad del candidato. Se trataría, en definitiva, de determinar si reúne las condiciones necesarias para ejercer una función de tanta responsabilidad sin poner en riesgo el bienestar común.

Se podrían analizar aspectos esenciales que todo dirigente debería poseer o, por el contrario, evitar a toda costa. Entre ellos, por ejemplo, los siguientes:

Capacidad de gestión eficaz de los recursos públicos, orientada a reducir los desequilibrios sociales y mejorar el bienestar de la ciudadanía.

Empatía hacia los demás, cualidad imprescindible para comprender y resolver los problemas de la gente, especialmente de los más desfavorecidos.

Integridad y honradez, para no sucumbir a las corruptelas propias de la política.

Compromiso con la igualdad en todas sus formas: de salarios, de oportunidades, entre hombres y mujeres y entre las distintas capas de la sociedad. Porque una sociedad desigual, además de injusta, es una sociedad sin futuro.

Adhesión plena a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, garantizando que nadie sufra injusticias ni arbitrariedades, y que toda persona, sea cual sea su raza, religión o creencia, disponga de unas condiciones de vida dignas. Porque, en su artículo 23, apartado 3, la Declaración Universal así lo refleja expresamente: «Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social».

Defensa firme de una Sanidad y una Educación públicas y de calidad, dos servicios esenciales para reducir las desigualdades.

En resumen, se trataría de un estudio riguroso orientado a detectar los rasgos negativos que harían a un candidato no apto para gobernar, desechando a aquellos que manifestasen el menor atisbo de xenofobia, homofobia, racismo, intolerancia, falta de empatía, propensión a la corrupción, belicismo o cualquier otra patología o desorden del comportamiento que pudiera poner en peligro el bien común y la paz mundial.

Ahora bien, dado el número de fobias, egoísmos, desequilibrios y desórdenes mentales que arrastramos los seres humanos… ¿creéis que muchos pasarían ese examen? No lo sé, pero tengo la sospecha de que nos quedaríamos sin gobernantes.

lunes, 7 de marzo de 2022

Humanidad deshumanizada

 

Un techo donde refugiarse, un plato de comida para alimentarse, un vaso de agua, una cama para dormir, ropa para cubrirse… De cosas tan simples y tan necesarias para subsistir carecen millones de personas en el mundo. Por conflictos armados que la inmensa mayoría ni desea ni ha provocado. Por la avaricia de algunos en acumular riqueza sin importarles que otros mueran de hambre. Por el placer de infringir dolor a sus congéneres por parte de ciertos individuos desequilibrados de nuestra especie.

Todo esto ha sido tan habitual a lo largo de la historia que hemos terminado por verlo casi como normal. Y de normal no tiene nada, absolutamente nada. Es, quizá, la consecuencia lógica del proceder del ser humano desde el mismo momento en que puso los pies sobre la Tierra: la consecuencia de una humanidad deshumanizada, incapaz de evolucionar moralmente. Tal vez la única forma de hacerlo sería desaparecer y volver a empezar. Quizá más justos. Quizá más sabios.

Estoy convencido de que el ser humano ha sido una pésima noticia para el planeta. Para la propia Tierra y para las demás formas de vida que la habitan. Por eso, a veces, se me cuelan pensamientos extremos, casi apocalípticos, como si la naturaleza misma reclamara una cura radical frente a tanta destrucción.

Pensamientos incómodos, sí, que no deseo ni defiendo, pero que aparecen cuando uno contempla hasta dónde puede llegar nuestra capacidad de causar dolor. Ideas que surgen al preguntarse qué ocurriría si lo peor de nuestra especie dejara, por fin, de imponer su ley.

En cualquier caso, podéis estar tranquilos quienes leáis estas líneas. No es más que un pensamiento, un desvarío, quizá un sueño mal soñado…

¿O tal vez no? Ya ni siquiera lo sé.

martes, 1 de marzo de 2022

Lloremos con Ucrania

 

Ucrania está siendo golpeada por la barbarie de una guerra injusta y estúpida. Porque no hay nada más estúpido que zanjar nuestras diferencias a tiros y los seres humanos sabemos mucho de eso, y es que llevamos la estupidez marcada a fuego en nuestro ADN. No aprendemos de nuestros errores ni aprenderemos nunca. Solo sabemos infringir dolor a nuestros congéneres, así de diabólica es nuestra especie.

Porque Vladimir Putin, un psicópata criminal y su cohorte de psicópatas criminales así lo han decidido, han iniciado una guerra de consecuencias imprevisibles, esgrimiendo para hacerlo supuestas amenazas y recurriendo a su pasado común para deslegitimar la existencia de un país soberano al que califica de un «estado fallido» y al que considera un «hermano pequeño» al que hay que recuperar. ¿Y cómo lo hace? pues matando a los que dice son sus «hermanos», incluidos civiles a pesar de haber declarado que no se atacaría a los civiles. El cinismo llevado al último extremo.

La cuestión es que se ha iniciado una guerra que ya veremos cómo acaba. Por lo pronto se ha atacado a un pueblo que quiere ser libre y democrático y no le dejan. La carga del pasado de Ucrania es demasiado grande como para zafarse de ella sin lágrimas.

En estos tiempos oscuros, lloremos pues todos con Ucrania y con sus gentes. Lloremos por las miles de personas que perderán todo lo que tienen, que se verán obligadas a abandonar sus hogares y su país ante el horror de la guerra, dejando atrás a los seres queridos que se habrán quedado para luchar contra los invasores, dejando atrás sus recuerdos y su pasado para encarar un futuro incierto. Marcharán inundados de lágrimas y de rabia, con el puñal de la tristeza y la desesperanza clavado en el corazón.

Por el miedo a las armas que puede usar esta especie de bazofia humana llamada Vladímir, occidente no intervendrá militarmente en el conflicto. Aunque vistos los acontecimientos dan ganas de «liarse la manta a la cabeza» y «salga el sol por Antequera». Pero… ¡es tan grande el precio que se podría pagar! Mientras tanto, el pueblo ucraniano, abandonado prácticamente a su suerte, lucha con determinación ante un enemigo claramente superior. Recemos porque se le haga el menor daño posible, aunque al fin y a la postre… ¿quién devolverá la vida a los muertos?


domingo, 27 de febrero de 2022

Pulso al mundo

 

En 1939, cuando Hitler se anexionó la región de los Sudetes en el oeste de Checoslovaquia, la respuesta internacional fue… ¡ninguna! Por miedo a la guerra, las dos potencias occidentales, Francia y Gran Bretaña, asumieron esa anexión con la firma de los «Acuerdos de Múnich» en la creencia de que aquí terminarían las reivindicaciones nazis. Reivindicaciones que Hitler justificó tras entregarle una serie de informes al primer ministro británico Neville Chamberlain en los que esgrimía supuestas atrocidades cometidas contra habitantes alemanes en los Sudetes.

Sin embargo, luego se demostró que esos acuerdos fueron papel mojado y que no se podía confiar en un personaje como Hitler, que poco tiempo después invadió Polonia lo que precipitó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial cuando Francia y Gran Bretaña declararon, ahora sí, la guerra a Alemania. Y las consecuencias de esa guerra fueron devastadoras como todos sabemos. Más de 65 millones de muertos, millones de personas sin hogar y duros años de postguerra en donde la miseria y el hambre se instalaron como un puñal en las vidas de miles y miles de personas inocentes.

El paralelismo con lo que está ocurriendo ahora con la invasión rusa de Ucrania es ciertamente preocupante. Tampoco se puede confiar en un personaje como Putin, ya que, como Hitler, también este tiene delirios expansionistas y también usa un discurso calcado al del dictador alemán cuando justifica la agresión militar con el objetivo de «proteger a las personas que han sido objeto de abusos, de genocidio por parte del régimen neonazi de Kiev durante ocho años», en referencia a los habitantes de las proclamadas República Popular de Lugansk y República Popular de Donetsk.

Putin se siente amenazado por la expansión de la OTAN hacia el este. Desde que se desmembrara la antigua URSS se han ido incorporando a la Alianza Atlántica países como República Checa, Hungría, Polonia, Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia, Lituania, Estonia y Letonia todos ellos muy próximos a las fronteras rusas y, además, en 2008, el presidente de Estados Unidos George W. Bush, declaró públicamente la intención de incorporar a Ucrania y Georgia a la OTAN lo que hizo sonar las alarmas en Rusia.

En 1919, con el «Tratado de Versalles», se le impusieron al imperio alemán, tras finalizar la Primera Guerra Mundial, unas durísimas condiciones, dichas condiciones fueron utilizadas por el nazismo para alcanzar el poder y como pretexto para su política expansionista posterior.

Putin utiliza ahora la expansión de la OTAN hacia el este y los rumores de adhesión de Ucrania a la Alianza, como pretexto para invadir el país ucraniano y detener (según él) el expansionismo de occidente hacia las fronteras rusas, expansionismo al que considera una amenaza. Esto sea, probablemente, el principal motivo de Putin para iniciar una guerra de consecuencias muy inciertas para el resto del mundo.

Hay voces que reclaman una implicación militar de la OTAN en el conflicto ruso-ucraniano, y personalmente no sé si esa es la mejor solución. Porque a diferencia de Hitler, Putin sí que cuenta con un potentísimo arsenal nuclear y no me extrañaría nada que lo terminara utilizando si se viera «obligado» a ello, con todo lo de pavoroso que eso implica para la subsistencia de nuestra propia especie. No en vano, este mismo domingo, Vladimir Putin ha ordenado activar «en modo especial de combate» su arsenal nuclear. «Los altos funcionarios de los principales países de la OTAN hacen declaraciones agresivas contra nuestro país. Por lo tanto, ordeno al ministro de Defensa [Serguéi Shoigú] y al jefe del Estado Mayor [Valeri Guerásimov] que dispongan las fuerzas de contención del Ejército ruso en un modo especial de servicio de combate». Ha dicho Putin. Palabras que, o son bravuconadas del mandatario ruso para meter miedo a occidente o son una seria amenaza de, llegado el caso, utilizar su arsenal nuclear si su mente enferma así lo cree necesario. La verdad es que esto acojona y mucho. En definitiva, Vladimir Putin está echando un verdadero pulso a la comunidad internacional que veremos en qué termina.

Por otra parte, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, pide a los países occidentales que se impliquen militarmente en el conflicto ya que se siente abandonado por ellos. Y quizá tenga una gran parte de razón porque en 1994 Ucrania, junto a la Federación de Rusia, los Estados Unidos y el Reino Unido firmaron el «Memorándum de Budapest» según el cual Ucrania cedió a Rusia 5.000 bombas nucleares y 220 vehículos de largo alcance necesarios para usarlas, incluyendo 176 misiles balísticos intercontinentales y 44 aviones bombarderos de gran alcance con capacidad nuclear. El memorándum incluía garantías de seguridad frente a las amenazas o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de Ucrania. Está claro que Rusia se ha pasado por el forro aquel Memorándum, en 2014 con la anexión de Crimea y ahora con la invasión de Ucrania. Y Estados Unidos, Reino Unido, Francia y China, (estos dos últimos que reconocieron el Memorándum después) por no ofrecer esas garantías de seguridad que recoge el Memorándum.

En fin, un tema complejo de difícil solución que requiere de una información precisa, veraz y no sesgada para comprenderlo. Os invito a que la busquéis porque el que conoce y sabe suele juzgar sabiamente.

En cualquier caso, el uso de la fuerza para resolver conflictos es un camino que nadie debería transitar. Y si ese alguien es un fanático ultranacionalista, con armas de destrucción masiva a su alcance, la cosa se torna extremadamente peligrosa porque podemos estar ante nuestros últimos días sobre este precioso planeta llamado Tierra.


viernes, 25 de febrero de 2022

¿Por qué la OTAN no interviene en Ucrania?

 

Me pregunto porqué la OTAN no ha tomado parte militarmente para defender Ucrania del ataque ruso. La respuesta es bien sencilla: Porque no puede. Los estatutos de la Alianza lo impiden. Solo en caso de que un estado miembro de la OTAN fuera atacado por un tercer país, se podría recurrir a la fuerza para defenderlo según dice el artículo 5 del Tratado: «Las partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas […]». Ucrania no es miembro de la OTAN. Otra cosa es que un país miembro de la Alianza decida entrar en el conflicto individualmente, por ejemplo Estados Unidos. En cualquier caso, el presidente de Estados Unidos Joe Biden ya lo ha dejado claro: «Estados Unidos no enviará tropas a Ucrania».

Sin embargo, la OTAN ya actuó en Kosovo por un caso flagrante de violación de la legalidad internacional. En la invasión de Rusia contra Ucrania se da también un caso flagrante de violación de la legalidad internacional, pero en esta ocasión no se va a intervenir militarmente y las represalias contra Rusia serán solo económicas. ¿Y por qué se actúa de esta manera? Porque hay miedo a causar una Tercera Guerra Mundial.

Existe un paralelismo más que evidente entre lo que está haciendo Putin y lo que en su día hizo Hitler. Entonces Francia y el Reino Unido declararon la guerra a Alemania dando así inicio a la Segunda Guerra Mundial. Ahora eso no ocurrirá porque las armas que están en juego tienen el poder de disuadir a cualquiera.

Hitler era un loco genocida pero no tenía armas de destrucción masiva y menos mal que no las tenía, de haberlas tenido, probablemente yo no estuviera escribiendo esto ahora. Putin sabe muy bien lo que hace y sabe muy bien los terrenos que pisa. Presumo que ha calculado hasta el último centímetro la respuesta que pueden darle los países occidentales: militarmente ninguna. Algunas sanciones económicas más o menos fuertes pero que, a la larga, se irán suavizando ya que estas sanciones pueden tener un efecto boomerang para la economía occidental que se les pueden volver en contra y todo esto Putin lo sabe.

Hitler estaba loco y Putin es, además de exagente del KGB, un fanático ultranacionalista, nostálgico del antiguo imperio ruso y también bastante inteligente. Así que, tratar con un personaje imprevisible, paranoico y ávido de poder, es sumamente peligroso ya que tiene a su alcance un poderosísimo arsenal nuclear, el más poderoso del mundo en cuanto a cantidad.

Los países de la OTAN saben que si intervienen directamente en una guerra contra Rusia, esto podría suponer el fin de la raza humana sobre la Tierra. Porque Putin estaría dispuesto a sacrificarlo todo y utilizar las armas nucleares de las que dispone, de hecho ya lo dijo el jueves: «Quien intente obstaculizarnos, y más aún, crear amenazas a nuestro país, a nuestro pueblo, debe saber que la respuesta de Rusia será inmediata. Y le llevará a unas consecuencias que nunca ha encontrado en su historia». Es lo que tiene otorgar el poder a fanáticos paranoicos. Por otro lado, el ministro de Asuntos Exteriores, Jean-Yves Le Drian preguntado por estas palabras de Putin dijo: «Vladimir Putin debe entender también que la alianza atlántica es una alianza nuclear». En este clima nos movemos, así… ¿quién no va a estar asustado o cuando menos algo inquieto?

Es increíble que el ser humano sea tan imbécil y tropiece una y otra vez con la misma piedra. Nunca aprenderemos de todos los estúpidos errores que se han cometido a lo largo de nuestra historia.

En definitiva, mucho me temo que, lamentablemente, el pueblo ucraniano está abandonado a su suerte. Una suerte, como pasa en todas las guerras, llena de hambre, sangre y muerte. Y por extensión, la supervivencia de la humanidad también pende de un hilo.

No me resisto a terminar sin antes transcribir una frase que he publicado en algunas ocasiones en mis redes sociales. La frase es del 25 de agosto de 2019 y dice así: «Cuando el destino de la humanidad esté en manos de “cuatro” descerebrados, la humanidad misma estará sentenciada. No estamos lejos de conseguirlo».

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