BIENVENIDOS A YUMYS GALAXY, EL RINCÓN DE MARCO ATILIO.

sábado, 6 de octubre de 2012

Nuestro partido

goofi-tenista

Hace tiempo que por problemas físicos dejé de jugar al tenis, una de mis aficiones favoritas. Lamentablemente ya no puedo hacerlo, pero sí que conservo los entrañables recuerdos de aquellos partidos que jugaba junto a mis amigos y el alma y el espíritu competitivo que le poníamos los cuatro mientras jugábamos, como si estuviéramos compitiendo en la pista central de Roland Garros para ganar la final. Lo que sigue es el relato de las emociones que me embargaban en uno de aquellos partidos y que bien podían extrapolarse a todos los que jugamos (que fueron muchos).
 
Más allá del ganar o perder, lo que recuerdo de aquella etapa era lo bien que nos lo pasábamos con aquellos enfrentamientos, no por el juego en sí (que también) si no por todo lo que rodeaba a aquellas tardes amarillas del otoño o las cálidas tardes de la primavera cuando nos reuníamos los cuatro para jugar nuestro partido de tenis (las bromas, las risas, la tertulia de después acompañada de unas cervezas). Una gozada que ha quedado en mi memoria y de cuyos recuerdos disfruto con frecuencia. 
 
Tengo que decir que mientras lo escribía he sido feliz, como lo era cuando me reunía con mis amigos, dos de ellos ahora lejos y a los que no veo desde hace tiempo por diversas circunstancias. Así era el partido… nuestro partido y mis emociones con las que acaso, alguno de vosotros os sintáis identificados:
 
dobles

Anhelábamos ese día, esperábamos ese día, soñábamos con ese día…, el día de nuestro partido.
 
Ese día llegaba al fin, nos encontrábamos a primera hora de la tarde o a veces por la mañana. Nos saludábamos y entre bromas y risas nos dirigíamos a la pista que nos esperaba vacía…, muerta…, apartada y solitaria. Pronto la despertaríamos, la llenaríamos de vida, de emociones…, de pasión.
 
Nos preparábamos con impaciencia, casi con prisa. Ansiábamos volver a tocar la raqueta, volver a sentir la pelota golpeando contra las cuerdas.
 
Un peloteo inicial…, buenas sensaciones…, buen toque. Hoy ganamos, lo presiento.
 
Un servicio de Antonio…, angulado. La pelota resbala en la pista, la consigo devolver…, pero no es suficiente.
 
Diego se cruza y volea, ¡una volea inapelable! ¡Caray! Hemos perdido el primer set.
 
¿Y las buenas sensaciones…?
 
Nos están machacando… Están alargando mucho la bola…, casi a la línea. ¡Qué restos!
 
Una buena derecha cruzada… sobre el revés de Antonio… Subimos a volear a la red… Ninguna opción… la pelota sube…, sube…, nos sobrepasa… ¡Un globo magistral! ¿Cómo es posible…? Adiós al segundo set.
 
Las sombras se alargan, el sol cae sobre el horizonte pero, aún está alto, aún queda tiempo.
 
Estoy algo tenso aunque… ¡podemos remontar!, seguiremos dejándonos la piel… para ganar.
 
Un buen revés… paralelo…, profundo… sobre la derecha de Diego; este corre, alcanza la pelota y la golpea, muy baja sobre la red, a los pies de M. Ángel que la corta, la acaricia; la pelota choca contra las cuerdas y produce un sonido característico antes de caer muerta al otro lado de la red. ¡Gran volea! Ahora estamos jugando bien, el tercer set ha caído de nuestro lado.
 
¡Vaya derecha de Diego!, la ha pasado por el lateral, pegada a la línea… 
 
¡Qué gran remate de M. Ángel…! ¡Contundente y definitivo!
 
Intento sorprender a Antonio y pasarlo en la red con un resto de derecha al pasillo: ¡Demonios…! ¡Qué reflejos…! ha cruzado la bola con un ángulo increíble…
Los músculos me duelen de la tensión y el cansancio… 
 
¡M. Ángel, buena volea…! ¡Buen resto…! ¡Buen revés…! (Intento animar a mi compañero).
 
Antonio nos lanza un globo, la pelota vuela y nos sobrepasa. Corro con todas mis fuerzas y a duras penas la alcanzo; de espaldas a la red, sin mirar, golpeo de derecha y coloco la pelota en un hueco imposible ante el asombro de mi compañero, de los contrarios… y del mío. Mil veces que volviera a intentarlo y pocas volvería a conseguirlo… ¡Hemos ganado el cuarto set! 
 
Jadeantes y sudorosos, los cuatro amigos nos estrechamos la mano, no hay tiempo para más, el próximo día acabaremos el partido.
 
Mientras nos despedimos la tarde se muere, el rojo sol de poniente prende los árboles…, los jardines…, todas las cosas.
 
La pista queda de nuevo vacía y muerta. Una extraña y pasajera melancolía se apodera de mí cuando la miro por última vez, pero pronto volveremos a llenarla de vida…, de emociones… y de pasión.
 
Marco Atilio
























6 comentarios:

cacike.cola dijo...

Bonito relato Marco Nadal jajajaja
Un saludo
cacike.cola

Marco Atilio dijo...

Gracias cacike.cola. Aquellos sí que eran buenos tiempos, al menos me mantenía en forma a la par que pasaba ratos muy agradables. Ahora, con mi lesión de rodilla, aquello se acabó para siempre. Una lástima. Gracias por tu comentario.

E.E.C. 49 dijo...

Siento mucho que ya no peudas jugar. Por cierto, ¿eras bueno jugando? Tengo curiosidad por saberlo. SAludos.

Marco Atilio dijo...

La verdad es que a nivel aficionado éramos bastante buenos los cuatro y muy parejos en cuanto a juego. Por eso nos divertíamos tanto, porque los partidos eran tremendamente disputados. Gracias por tu comentario.

Anónimo dijo...

es increible pero asi mas omenos son las sensaciones que siento ciando juego con mis amgos. nosotros tanbein jugammos a dbles y poenmsos toda nustra fe para ganar. un saludo.

Pueblerina dijo...

Nunca creí que se pudiera narrar un partido de tenis con tanto lirismo. Bravo por tu relato y siento mucho que no puedas jugar a tenis por esos problemas físicos que dices que tienes. Saludos.

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