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BIENVENIDOS A YUMYS GALAXY

jueves, 3 de febrero de 2022

Sea lo que sea no me gusta

En la película Una noche en la ópera, de los hermanos Marx, se produce el famoso diálogo de la parte contratante. De ese diálogo hay un fragmento que, según mi criterio, refleja a la perfección lo que ha sido, es y seguirá siendo la política y los políticos. La secuencia dice así:

Aquí hay algo que le va a volver loco de alegría.

No me gusta.

¿Qué es lo que no le gusta?

Sea lo que sea no me gusta.

Da igual el signo político del que se trate. Cuando un partido está en la oposición, en lugar de ejercerla de forma constructiva, su único objetivo es obtener el máximo rédito político. Los intereses de la población no importan: solo cuentan los intereses particulares de cada formación, porque todo se piensa en clave electoral. Mejorar la vida de la gente no es prioritario; en realidad, nunca lo ha sido ni lo será. Por eso, a cada propuesta del partido contrario, sea o no beneficiosa… «Sea lo que sea no me gusta»

Los políticos, en general, no trabajan para el bien común, sino para el suyo propio. Alcanzar el poder, esa es la máxima; cuanto más poder, mejor. Y su lema es: «Quítate tú para ponerme yo». Así ha sido, así es y así será.

La política forja gentes sin escrúpulos, surgidas de la acuciante necesidad de ascender en la escala social y mejorar su nivel económico. Suelen ser profesionales mediocres en sus respectivos campos que ven en la política una forma lucrativa de vivir, ya que dentro de su profesión les sería bastante más difícil subsistir. Personajes con una verborrea demagógica y acantinflada, que recurren a la mentira, a las promesas falsas y a tácticas populistas para atraerse a gentes sin pensamiento crítico, fácilmente manipulables. Con un discurso convenientemente florido y hábilmente preparado, atraen al aprisco al rebaño borreguil.

En fin, en general, la política crea raleas de gente menor –que diría mi abuelo– sin el menor atisbo de decencia ni empatía por los demás. Y siempre, siempre, antepondrán su bienestar personal al bienestar de la ciudadanía que los vota. Así de triste… y así de claro. Y, por desgracia, así de cierto.

viernes, 21 de enero de 2022

Un mundo mejor

 

Qué injusto es este mundo en donde paseamos nuestras miserias desde hace tanto tiempo, sin que se vislumbre un cambio, al menos no a corto plazo.

Resulta difícil soportar sin inmutarse los abusos y las injusticias que se cometen contra los más desfavorecidos. Solo alguien sin corazón podría hacerlo. Sé que no puedo remediar esos abusos –ojalá tuviera el poder para hacerlo–, así que solo me queda esperar que las cosas cambien algún día, aunque no confío demasiado. Quizá aparezcan entonces verdaderos adalides de la política, la economía y las finanzas, dotados de la empatía suficiente para construir un mundo más justo y poner fin, de una vez por todas, a los desmanes cometidos por gentes sin escrúpulos, sin sentimientos y sin alma.

Ya sé que es una utopía, pero una buena solución sería meter a todos los causantes del dolor humano, de la miseria y el hambre en un cohete y enviarlos, sin billete de vuelta, al otro lado del universo. Porque la basura, si no se elimina, termina impregnándolo todo de un olor nauseabundo.

Por suerte, también existen personas que, como hiciera Jesús de Nazaret –y lo cito porque es el mismo Jesús al que dicen adorar muchos de los que provocan el sufrimiento ajeno– se rebelan contra las injusticias de los poderosos. Esas personas podrían hacer felices a muchos si tuvieran los recursos necesarios para ello. Pero, por desgracia, casi nunca el dinero está en las manos adecuadas.

En fin, seguiré soñando con un mundo mejor, aunque sea un sueño inalcanzable que se disipe, como todos los sueños, al despertar.

Quizá sea una quimera pensar que algún día la tolerancia, la solidaridad y la justicia lleguen a ser el leitmotiv que guíe a las personas en su paso por la vida. Porque viendo cómo ha actuado el ser humano a lo largo de la historia, mucho me temo que ese sueño se parece más a un espejismo: algo bello, sí, pero ficticio, al menos en este planeta.

¿O será que, en realidad, estoy viviendo en el planeta equivocado? ¡A que va a ser eso!

jueves, 13 de enero de 2022

Macrogranjas

Fuera de otras connotaciones que no sean las de analizar con la mayor objetividad que pueda, fruto de la información que he podido recabar por diversos medios, la basura política que nos rodea; y en particular la controversia que se ha suscitado por lo que dijo el Ministro de Consumo, Alberto Garzón, en una entrevista concedida al periódico británico «The Guardian» a finales de 2021 y en la que criticaba a las llamadas macrogranjas, voy a intentar dar una información lo más veraz posible de la polémica e incluso me permitiré la licencia de opinar al respecto.

El ataque de las derechas a las palabras de Garzón ha sido feroz, empezando por el PP y siguiendo con Vox y Ciudadanos. Pero es que su socio de Gobierno, el Partido Socialista, tampoco ha apoyado esas declaraciones y ha dado credibilidad a una evidente falacia vertida por la corriente conservadora española que basó sus ataques en algo que el ministro Garzón no dijo.

Pero antes que nada veamos qué es una macrogranja: Una macrogranja es una instalación de ganadería intensiva que acoge a miles de cabezas de ganado en un único alojamiento. Estas instalaciones acogen a un gran número de animales que se encuentran hacinados y en donde el maltrato es más que evidente y según he podido ver por televisión, ese maltrato raya en la crueldad más absoluta. Estos animales son alimentados con pienso, traído principalmente de Sudamérica, en donde el coste de producción es muy barato. Generan tanto con tan pocos costes que pueden bajar muchísimo los precios, lo que hace mucho daño a los productores locales.

Los animales de las macrogranjas no salen al campo en ningún momento y sus cortas existencias son un verdadero calvario. Desde luego nada que ver con una granja extensiva, en la que los animales pastan y hay un vínculo de la producción con el territorio.

Lo que el ministro Garzón defendía precisamente es la ganadería extensiva, donde los animales se alimentan de pastos y no viven continuamente en lugares cerrados. Y criticaba a la ganadería intensiva en donde los animales se alimentan de piensos y viven en naves industriales.

Hay varios efectos adversos de las macrogranjas en la población, los principales son la contaminación del suelo y de las aguas por la generación de excrementos mezclados con agua. Estos desechos cargados de nitratos, van a parar a unas balsas que al ser vaciadas dañan los terrenos agrícolas y contaminan el agua de los acuíferos. Otro problema es el nauseabundo olor que desprenden estas instalaciones y que dificulta muy mucho la vida de las personas que viven cerca de estos complejos ganaderos y que tienen que soportar este olor fétido a diario.

¿Pero qué es lo que dijo realmente el ministro Garzón sobre las macrogranjas en The Guardian? Aquí tenéis exactamente lo que dijo cuando se le preguntó al respecto:

Pregunta: Con el tema de la carne, ¿cómo vas a lograr el apoyo de los ganaderos y cómo vas a cambiar la mentalidad de los españoles?

Respuesta: «Sabíamos dónde nos metíamos, pero nuestro objetivo es trasladar la evidencia científica en su conjunto a las políticas públicas. Sabíamos, sin embargo, que nos enfrentábamos a una gran oposición. El tablero es complejo porque gran parte de la oposición viene de las grandes empresas, grandes empresas que hacen uso de la ganadería industrial. Aquí hay que diferenciar entre la ganadería industrial y la ganadería extensiva. Esta es una ganadería ecológicamente sostenible y que tiene mucho peso en determinadas regiones de España como puede ser Asturias, parte de Castilla y León, incluso de Andalucía o Extremadura.

Pero es sostenible, la que no es en ningún momento sostenible es la que llaman las de las macrogranjas. Ayer mismo había un reportaje, creo que el origen del estudio era Reino Unido aunque no estoy seguro, que decía que las 20 grandes empresas multinacionales de ganadería industrial emiten gases invernadero que son ¾ partes del CO2 que emite España, es espectacular. Pero, claro, es que cogen un pueblo de la España despoblada, meten 4.000 cabezas de ganado allí, o 5.000 o 10.000, contaminan los suelos, contaminan el agua y después normalmente se exporta… Es una carne de peor calidad, es un maltrato animal además lo que se produce y es un impacto ecológico descomunal y desproporcional.

Teóricamente, los ganaderos de ganadería extensiva deberían estar de acuerdo con nosotros porque nunca hemos dicho que no hay que comer carne, sino que hay que reducir el consumo de carne y que la carne que se consuma sea así. Pero en este mundo de matices, evidentemente, fue muy complicado incorporar… La pelea grande fue con las grandes empresas que tienen un gran poder en España. Un gran poder significa mucho dinero para invertir en publicidad, en medios de comunicación, y muchos contactos para influir sobre la Administración Pública.

Nosotros sabíamos desde el principio que era un tema que iba a ser polémico, pero que era necesario. En otros países está mucho más avanzado, en Alemania, Reino Unido, incluso en Alemania, pero en España iba a ser la primera vez que alguien desde un Gobierno iba a decir lo que decían los científicos desde hace mucho tiempo».

Lo que habéis leído es exactamente, según la información que he podido recabar, lo que el Ministro Alberto Garzón dijo a «The Guardian» sin embargo, el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco del Partido Popular, criticó al ministro en Twiter con un mensaje que acompañó con un enlace a un artículo de una web especializada en el sector cárnico titulado «Garzón afirma en The Guardian que España exporta carne de mala calidad de animales maltratados». El contenido del artículo no explicaba que Garzón atacaba a las macrogranjas y defendía la ganadería extensiva. Aun así, Mañueco atacaba al ministro con estas palabras: «Qué ha hecho Castilla y León para que el Gobierno de España ataque de nuevo a nuestros ganaderos. Nos tendrán enfrente en la defensa de los hombres y las mujeres del campo». Precisamente Alberto Garzón, en su entrevista con The Guardian, nombra a Castilla León para reivindicar el territorio como uno de los que produce una ganadería extensiva «ecológicamente sostenible».

Las críticas desde la derecha se suceden en cascada y el PP, VOX o Ciudadanos han arremetido duramente contra el ministro Garzón. Es lo que se llama aprovechar una Fake News lanzada de manera torticera con el fin de sacar rédito político. De esto sabía mucho Donald Trump ya que consiguió llegar al poder a base de Fake News. La verdad es que estos políticos nuestros no tienen desperdicio. En fin, esto de alguna manera me lo podía esperar de una oposición tan beligerante como la que tenemos en España, lo que en absoluto me esperaba es que desde muchos sectores del PSOE y del Gobierno del PSOE no se defendiera al ministro Garzón cuando sabían que se había fabricado una burda mentira para criticarle y cuando también sabían que su denuncia sobre las macrogranjas es una verdad irrefutable y sus palabras, estoy seguro, las firmarían la práctica totalidad de los pequeños y medianos ganaderos que hay en España.

Así son de increíbles nuestros «amados» políticos. Se zahiere a una persona por decir la verdad y se le achacan cosas que no dijo. Y seguro que muchas gentes de este país se creerán todas las mentiras que se están vertiendo en este caso. «Spain is different».

En fin, como veis, la política española, emponzoñada desde hace mucho por politiquillos de medio pelo, no tiene desperdicio. Ahora que cada uno saque sus propias conclusiones.

 

viernes, 31 de diciembre de 2021

¡Adiós 2021!

En la Nochevieja del año pasado tenía la esperanza de que 2021 nos trajera el final de esta maldita pandemia que nos asola. Escribí esto por aquellas fechas:

«Al fin te vas 2020, te vas dejando un rastro de miseria y desesperanza en muchos. Esperemos que tu hermano 2021 nos traiga cosas mejores. Esperemos que podamos vislumbrar el final del largo y horroroso túnel en los que nos ha metido el coronavirus. Brindaremos, como lo hicimos hace doce meses, por la entrada del nuevo año. Y lo haremos sin fiarnos demasiado, aunque con la ilusión y la esperanza de que en 2021 se empiece a vislumbrar el final de esta horrible pesadilla».

Pues resulta que este 2021 que dejamos atrás, con ser algo mejor que aquel nefasto 2020, nos tenía guardada una sorpresita final coincidiendo con las fiestas más entrañables del año: la variante ómicron, que otra vez ha fastidiado las navidades a muchas familias incluida la mía. De nuevo impides que las personas se reúnan libremente, de nuevo las privas de besos y abrazos. ¿Hasta cuándo?

Otra vez brindaremos por el final de esta pandemia sin fiarnos demasiado. De cualquier manera, parece (según los expertos, aunque parezca otra cosa) que se empieza a vislumbrar, gracias a las vacunas, el final del largo túnel de la desesperanza en que nos metió el maldito coronavirus de las narices. Ese que ha arrebatado tantas vidas y que ha sumido en la más absoluta amargura a tantas personas en el mundo. Algunas por la pérdida de algún ser querido (daños directos), otras por la pérdida de sus trabajos o sus negocios (daños colaterales). En fin, miseria y desesperanza que esperemos que acabe en el año que empieza a caminar.

Le pediremos a este ¿esperanzador? 2022 que nos traiga la normalidad que tanto anhelamos y que tanto necesitamos. Le pediremos poder disfrutar de nuestra Semana Santa como antes de la llegada del maldito virus. Disfrutar de las Ferias y disfrutarlas intensamente, como antes. Le pediremos poder celebrar las próximas fiestas navideñas sin ninguna restricción, en las que los besos y los abrazos sean el menú principal de los hogares.

Y le pediremos a este 2022 que aquellos que han perdido sus negocios, sus trabajos, los recuperen cuanto antes y que la vida para ellos vuelva a renacer. En definitiva, le pediremos un rayito de esperanza, que es lo último que hay que perder, pese a que a veces, los avatares de la existencia nos lo pongan tan difícil para que ese rayito nos acabe iluminando.

Este año repetiré la tradición de cada Nochevieja y brindaré por el año entrante. Brindaré, como hice hace un año, y como he dicho más arriba, con cautela y sin fiarme demasiado. Brindaré porque el Año Nuevo nos traiga esa ansiada normalidad que perdimos con el advenimiento del jodido coronavirus.

 En fin, como decía el año pasado: ¡Adiós 2020! Nunca te echaré de menos. Y este año me plagio a mí mismo y digo una vez más: ¡Adiós 2021! Nunca te echaré de menos.

lunes, 27 de diciembre de 2021

A Jesús no le gustaban los hipócritas

 

Una de las características negativas de algunas personas es la hipocresía. Es algo que detesto desde que tengo uso de razón. Son las personas que todo lo que hacen lo hacen de cara a la galería. Se cuidan muy mucho de que las demás personas las vean y les puedan ensalzar sus supuestos buenos actos; las que demuestran unos sentimientos que en realidad no tienen; las que cuando hablas con ellas sabes que te están mintiendo; a las que les dices que te aqueja algún mal físico y enseguida te dicen que para dolor el suyo; las que llevan por bandera la falsedad, la doble moral, la mentira… en fin, ya sabéis a las personas a las que me refiero porque seguro que en más de una ocasión os habréis topado con alguna.

A Jesucristo no le gustaban la hipocresía ni los hipócritas y en muchas ocasiones les afeó sus conductas reprobables.

La palabra hipócrita se repite en el Nuevo Testamento infinidad de veces. Ejemplos de esto hay muchos, aquí tenéis unos cuantos del Evangelio de San Mateo:

Mateo, Cap. 15 Vers. 7 y 8

«¡Hipócritas! Bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí’».

 Mateo, Cap. 6 Vers. 5 y 6

«Cuando oréis, no hagáis como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Os aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

Mateo, Cap. 23 Vers. 2 a 7

«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; vosotros haced y cumplid todo lo que ellos os digan, pero no os guiéis por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo». Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar mi maestro por la gente».

Mateo. Cap. 6 Vers. 2 a 4

«Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

 Mateo. Cap. 7 Vers. 3 a 5

«¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: Deja que te saque la paja de tu ojo, si hay una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano».


viernes, 24 de diciembre de 2021

Dulces malandrines

 

Otro año más estamos metidos de lleno en las fiestas navideñas. Tiempo de opíparas comidas y cenas regadas con cerveza, vino y cava. Verdaderas asesinas de regímenes y dietas.

Pero también es tiempo de mantecados y polvorones, de bombones y chocolates, de turrones y hojaldrinas… y, para culminar, de roscones de Reyes. Aderezado todo ello con las pertinentes copitas de anís, de vino dulce, de moscatel... Vamos, que si las comidas y cenas te matan, los dulces te rematan y acaban de un plumazo con meses de sacrificio dietil (perdón por la palabreja).

Pero hablemos en particular de esos dulces villanos revientadietas. A mí, por suerte, no me gusta demasiado lo dulce –un poco sí, pero soy bastante selectivo–, cosa que no me exime en absoluto. Sin embargo, a Isabel, a mis hermanas, a mis amigas y, en general, a casi todas las mujeres que conozco, les gusta lo dulce sin discriminación alguna. Un dulce suicidio, ciertamente.

También conozco muchos hombres que se vuelven locos cuando ven un mantecado o un polvorón, y tampoco le hacen ascos a nada con sabor dulce. En fin, muchas personas sucumben ante estos dulces manjares que narcotizan los sentidos y obnubilan la mente para que te olvides de las dietas y de los dietos (perdón –otra vez– por la palabreja). Además, como los pícaros que los venden los visten de vistosos colorines, hay que comprender que la tentación se torne irresistible.

Que estas fiestas son realmente infames para las dietas es más que obvio, pero ¿quién diablos no se salta una dieta en Navidad? Sí, es cierto que luego las calorías se depositan en sitios impúdicos –algunos que, por recato, es mejor no nombrar–, pero… ¡es que están tan ricos los condenados!

De cualquier manera, ya habrá tiempo de machacarse en el gimnasio, de reventarse caminando y de comer lechuga y berza hasta hacer desaparecer de nuestro cuerpo el sebo que han dejado estos dulces malandrines. Al fin y al cabo, ¿quién puede resistirse a ellos, si cada Navidad conspiran contra nuestra figura… y ganan la batalla?

lunes, 20 de diciembre de 2021

Juramento hipócrita

 

«Prometo, por mi conciencia y honor, cumplir fielmente las obligaciones del cargo…».

Con estas palabras toma posesión de su puesto cualquier político electo que asuma la jefatura del gobierno o la cartera de cualquier ministerio o cargo de relevancia en España. Muy bonito y muy solemne todo, pero en esta promesa hay algo oculto. Y es que nuestros políticos no tienen ni conciencia ni honor, así que por lo que prometen, como es totalmente ficticio, les deja vía libre para hacer cuanto quieran en su propio beneficio ya que han prometido por algo que simplemente no tienen, ni en ellos existe. La historia podrá venir a corroborar mis palabras con un sinfín de ejemplos.


domingo, 5 de diciembre de 2021

El tiempo vuela

 

¿Dices que el tiempo vuela? ¡Claro que vuela!, y nos va dejando sin aliento en su pasar. Muchas veces apenas nos damos cuenta de su paso porque no tenemos tiempo de pensar en el tiempo; pero él siempre está ahí, con un fluir constante, monótono y despiadado, que nos lleva, implacable e inexorablemente, hacia el final de nuestro tiempo, cuando ese tiempo nos es arrebatado por la parca y su guadaña.

Días mustios que tiene uno, de vez en cuando, en los que reflexiono con mi melancolía.

sábado, 20 de noviembre de 2021

Levántate Juan Lorente

 

Contaba mi padre la conversación que mantenían todas las mañanas un agricultor y su hijo, que atendía por Juan Lorente. Vago empedernido al que, llegada la mañana, su padre llamaba para trabajar. Este relato no sé de dónde lo sacaría mi padre, supongo que a él se lo contaría mi abuelo. He buscado en internet y no he encontrado nada referido al tal Juan Lorente. Quizá fuera extraído del más profundo acervo popular de estas tierras olivareras. Sea como fuere, así se desarrollaba la conversación entre el agricultor y su hijo Juan Lorente:

― Levántate Juan Lorente, que ya es de día.

 ― Padre, más se ve.

 ― Pero hijo… ¡es que ya ha salido el Sol!

 ― El Sol no se come a nadie.

 ― ¡Que ya están todos los hombres en la plaza!

 ― Yo no soy torero.

 ― ¡Ay Juan Lorente! ¡Se te van a cerrar todos los caminos!

 ― Me voy por las carreteras.

 ― ¡Levántate Juan Lorente, que vamos a trabajar!

 ― ¡Ay padre! ¡tengo un dolor de muelas y dientes que no me dejan hacer ná!

 ― ¡Levántate Juan Lorente, que llegó la hora de almorzar!

 ― ¡Uy, padre! las muelas y los dientes… ¡ya no me duelen ná!


jueves, 4 de noviembre de 2021

¿Nos veremos en el más allá?


Dicen que cuando uno muere se reencuentra con sus seres queridos. Y yo me pregunto, ¿quiénes son esos seres queridos? Supongo que serán los padres, los hijos, los hermanos… todas aquellas personas que tengan una conexión sanguínea, es decir, que sean familia.

Y me surge otra duda, ¿y los esposos? ¿Se reencontrarán en la otra vida? Bueno, no os riáis, pero en este caso no lo tengo tan claro. El vínculo entre dos personas que se encontraron en la calle, que se enamoraron y que a partir de ahí decidieron compartir sus vidas resulta bastante frágil. De hecho se pasa del amor al odio en un suspiro. Cosa menos probable entre familiares muy allegados: padres, hijos, hermanos…

Sin embargo, en un matrimonio, aunque la pareja esté muy enamorada, pueden sobrevenir rencillas insuperables a poco que, por mil motivos, se rompa la confianza mutua; o que quiera prevalecer la razón de una persona sobre la otra; o simplemente porque te cansas de aguantar cosas de la otra persona que en otro tiempo sobrellevabas. O incluso que se acabe el amor. Entre las parejas de hoy en día, el amor se acaba pronto y sin motivo aparente.

Por todo esto, estoy convencido de que, si hay vida después de la muerte, no creo que llegues a reencontrarte con tu pareja. Imaginaos lo que sería el cielo con las mujeres y los maridos tirándose los trastos a la cabeza en un momento dado. No creo que ni el mismo Dios soportara tales desavenencias en un lugar de paz y de amor como debe ser el Paraíso.

Por otra parte, también pudiera ser que, si hay vida espiritual, alguien o algo decidiera por nosotros con las personas ya fallecidas con las que te vuelvas a encontrar, sin que podamos hacer nada al respecto.

En mi caso, me dolería sobremanera no volver a ver a Isabel cuando uno de los dos muera. Nuestras rencillas siempre han sido veniales durante nuestro caminar juntos por la existencia, y si las hemos ido salvando en nuestra vida terrenal, no me cabe la menor duda de que también lo haríamos en la vida espiritual.

En fin, dudas existenciales que me surgen de vez en cuando.

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