
En 1939, cuando Hitler se anexionó la región de los Sudetes en el oeste de Checoslovaquia, la respuesta
internacional fue… ¡ninguna! Por
miedo a la guerra, las dos potencias occidentales, Francia y Gran Bretaña, asumieron esa anexión con la firma de los «Acuerdos de Múnich» en la creencia de
que aquí terminarían las reivindicaciones nazis. Reivindicaciones que Hitler
justificó tras entregarle una serie de informes al primer ministro británico Neville Chamberlain en los que esgrimía
supuestas atrocidades cometidas contra habitantes alemanes en los Sudetes.
Sin
embargo, luego se demostró que esos acuerdos fueron papel mojado y que no se
podía confiar en un personaje como Hitler, que poco tiempo después invadió Polonia lo que precipitó el comienzo de
la Segunda Guerra Mundial cuando
Francia y Gran Bretaña declararon, ahora sí, la guerra a Alemania. Y las
consecuencias de esa guerra fueron devastadoras como todos sabemos. Más de 65 millones de muertos, millones
de personas sin hogar y duros años de postguerra en donde la miseria y el
hambre se instalaron como un puñal en las vidas de miles y miles de personas
inocentes.
El
paralelismo con lo que está ocurriendo ahora con la invasión rusa de Ucrania es
ciertamente preocupante. Tampoco se puede confiar en un personaje como Putin,
ya que, como Hitler, también este tiene delirios expansionistas y también usa
un discurso calcado al del dictador alemán cuando justifica la agresión militar
con el objetivo de «proteger a las personas que han sido objeto de abusos, de genocidio
por parte del régimen neonazi de Kiev durante ocho años», en referencia
a los habitantes de las proclamadas República
Popular de Lugansk y República Popular de Donetsk.
Putin
se siente amenazado por la expansión de la OTAN
hacia el este. Desde que se desmembrara
la antigua URSS se han ido incorporando a la Alianza Atlántica países como República Checa, Hungría, Polonia,
Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia, Lituania, Estonia y Letonia todos ellos muy
próximos a las fronteras rusas y, además, en
2008, el presidente de Estados Unidos George
W. Bush, declaró públicamente la
intención de incorporar a Ucrania y Georgia a la OTAN lo que hizo sonar las
alarmas en Rusia.
En 1919, con el «Tratado de Versalles», se le
impusieron al imperio alemán, tras finalizar la Primera Guerra Mundial, unas
durísimas condiciones, dichas condiciones fueron utilizadas por el nazismo para
alcanzar el poder y como pretexto para su política expansionista posterior.
Putin
utiliza ahora la expansión de la OTAN hacia el este y los rumores de adhesión
de Ucrania a la Alianza, como pretexto para invadir el país ucraniano y detener
(según él) el expansionismo de occidente hacia las fronteras rusas,
expansionismo al que considera una amenaza. Esto sea, probablemente, el
principal motivo de Putin para iniciar una guerra de consecuencias muy
inciertas para el resto del mundo.
Hay
voces que reclaman una implicación militar de la OTAN en el conflicto
ruso-ucraniano, y personalmente no sé si esa es la mejor solución. Porque a
diferencia de Hitler, Putin sí que cuenta con un potentísimo arsenal nuclear y
no me extrañaría nada que lo terminara utilizando si se viera «obligado» a
ello, con todo lo de pavoroso que eso implica para la subsistencia de nuestra
propia especie. No en vano, este mismo domingo, Vladimir Putin ha ordenado
activar «en modo especial de combate» su arsenal nuclear. «Los altos funcionarios de los
principales países de la OTAN hacen declaraciones agresivas contra nuestro
país. Por lo tanto, ordeno al ministro de Defensa [Serguéi Shoigú] y al jefe
del Estado Mayor [Valeri Guerásimov] que dispongan las fuerzas de contención
del Ejército ruso en un modo especial de servicio de combate». Ha dicho
Putin. Palabras que, o son bravuconadas del mandatario ruso para meter miedo a
occidente o son una seria amenaza de, llegado el caso, utilizar su arsenal
nuclear si su mente enferma así lo cree necesario. La verdad es que esto
acojona y mucho. En definitiva, Vladimir Putin está echando un verdadero pulso
a la comunidad internacional que veremos en qué termina.
Por
otra parte, el presidente ucraniano Volodímir
Zelenski, pide a los países occidentales que se impliquen militarmente en
el conflicto ya que se siente abandonado por ellos. Y quizá tenga una gran
parte de razón porque en 1994 Ucrania,
junto a la Federación de Rusia, los Estados Unidos y el Reino Unido firmaron el
«Memorándum de Budapest» según el
cual Ucrania cedió a Rusia 5.000 bombas nucleares y 220 vehículos de largo
alcance necesarios para usarlas, incluyendo 176 misiles balísticos
intercontinentales y 44 aviones bombarderos de gran alcance con capacidad
nuclear. El memorándum incluía garantías
de seguridad frente a las amenazas o el uso de la fuerza contra la integridad
territorial o la independencia política de Ucrania. Está claro que Rusia se
ha pasado por el forro aquel Memorándum, en 2014 con la anexión de Crimea y ahora con la invasión de Ucrania. Y Estados Unidos, Reino Unido, Francia y
China, (estos dos últimos que reconocieron el Memorándum después) por no
ofrecer esas garantías de seguridad que recoge el Memorándum.
En
fin, un tema complejo de difícil solución que requiere de una información
precisa, veraz y no sesgada para comprenderlo. Os invito a que la busquéis
porque el que conoce y sabe suele juzgar sabiamente.
En
cualquier caso, el uso de la fuerza para resolver conflictos es un camino que
nadie debería transitar. Y si ese alguien es un fanático ultranacionalista, con
armas de destrucción masiva a su alcance, la cosa se torna extremadamente
peligrosa porque podemos estar ante nuestros últimos días sobre este precioso
planeta llamado Tierra.